María Jesús Lorente Ocáriz
Presidenta de CEPYME Aragón
Cuando una persona falta durante semanas en una empresa de cinco, diez o veinte trabajadores, su ausencia altera mucho más que un cuadrante. Obliga a reorganizar tareas, dificulta el cumplimiento de plazos y puede comprometer la atención a los clientes. Para una pyme, con equipos ajustados y escaso margen para cubrir determinados puestos, el absentismo tiene consecuencias directas sobre la productividad y la continuidad de su actividad.
Por eso, reducir las ausencias evitables y mejorar la gestión de la incapacidad temporal debe ocupar un lugar prioritario en nuestra agenda económica. Las empresas necesitan respuestas ante un problema que afecta a su competitividad y cuya solución exige la implicación de todos.
Las cifras permiten entender su dimensión. Según los datos publicados por el Gobierno de Aragón, la incapacidad temporal por contingencias comunes supuso un coste de 862 millones de euros en nuestra comunidad en 2024. Ese mismo año, la tasa general de absentismo alcanzó el 7,5 %. Son indicadores distintos, pero ambos reflejan la magnitud del desafío.
Dentro de este escenario, los trastornos musculoesqueléticos merecen especial atención. El Observatorio de Salud de FREMAP señala que, entre enero y agosto de 2026, estas patologías representaron el 22,28 % de los procesos de incapacidad temporal y concentraron el 34,38 % de los días de baja en la población analizada. Aunque la muestra no corresponde exclusivamente a Aragón, el dato resulta revelador: aproximadamente uno de cada tres días de baja estuvo relacionado con estas dolencias.
Desde CEPYME Aragón defendemos que debemos actuar en dos ámbitos complementarios: la prevención de las lesiones y la mejora de los procesos de recuperación.
Ambos tienen una repercusión clara sobre la actividad empresarial.
En el primero, las empresas disponemos de capacidad para intervenir. Identificar las exigencias físicas de cada tarea, revisar la manipulación de cargas, reducir movimientos repetitivos o corregir posturas forzadas permite abordar factores que pueden favorecer la aparición de lesiones. La ergonomía debe formar parte de las decisiones sobre cómo organizamos el trabajo, diseñamos los puestos y mejoramos los procesos productivos.
El segundo ámbito exige una respuesta coordinada del sistema sanitario. Las empresas podemos mejorar los puestos de trabajo, pero la atención clínica, el tratamiento y el seguimiento de una baja dependen de otros actores. Una recuperación adecuada y una reincorporación cuando la salud lo permita requieren agilidad, coordinación y continuidad asistencial.
En este sentido, valoramos el acuerdo alcanzado entre el Gobierno de Aragón y los agentes sociales, con la participación de CEPYME Aragón, para mejorar el acompañamiento clínico de la incapacidad temporal. El primer protocolo se centra precisamente en las patologías musculoesqueléticas y contempla la intervención coordinada de profesionales sanitarios
La reducción del absentismo exige constancia y una responsabilidad compartida. Desde CEPYME Aragón seguiremos promoviendo la colaboración entre empresas, administraciones, profesionales sanitarios y centros de investigación para acercar respuestas útiles a nuestras pymes.
Aragón necesita empresas capaces de sostener su actividad, cumplir sus compromisos y crecer. Prevenir las lesiones evitables y mejorar la recuperación de las personas trabajadoras contribuye directamente a ese objetivo. Debemos actuar sobre las causas del absentismo con la misma determinación con la que hoy afrontamos sus consecuencias.
