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Javier Lanzarote: «Escribo canciones cuando algo me quema dentro»

Laura Latorre Molins

Periodista

Javier Lanzarote

Músico y compositor

Javier Lanzarote recibió un regalo hace unos años que le cambió la vida: una guitarra Gretsch blanca que le regaló su mujer y, como él mismo dice, “fue como arrojar una cerilla encendida a un bidón de gasolina”. Tras haber estado apartado de la música muchos años, Lanzarote compuso su primera canción con letra en septiembre de 2013 y desde entonces no ha dejado de escribir en la libreta con anillas que suele llevar consigo. 

Ahora se sube con la Gretsch a los escenarios, ya sea interpretando temas de los Beatles o los suyos propios. Humilde, divertido y talentoso, Javier Lanzarote es un músico sensible que llega al público con sus letras humanas y su voz firme y melódica. Si, además, uno tiene la suerte de conocerlo, sabrá que no solo es un buen guitarrista y compositor, sino también una gran persona.

 

¿Cuándo coge Javier Lanzarote una guitarra por primera vez?

Mis primeros pasos con una guitarra fueron con unos 10 años, en los campamentos de Scout. Yo alucinaba con los mayores, que cogían ese artefacto con cuerdas y eran capaces de embobarnos a todos con esas canciones que hoy en día rayan en la ñoñez, pero que tuvieron su efecto innegable.

 ¿Cómo fueron tus primeros contactos con el mundo de la música?

Por caprichos de la vida, mi hermana mayor, soy el menor de cinco, empezaba a festejar con quien ha sido mi referente musical más importante dentro de nuestras fronteras, el gran Gabriel Sopeña. Actualmente es uno de mis tres queridos cuñados (contrariamente a los tópicos, tenemos todos una relación inmejorable). De Gabi he aprendido todo lo que he sido capaz de absorber, y me siento muy orgulloso de ser fan suyo durante tantísimos años, ¡y lo que nos queda!

¿Quiénes son tus referentes musicales?

Mis gustos musicales son muy diversos. No puedo decir que me guste un estilo, me gusta la buena música. Todo empezó con Ferrobós, El Frente, Más Birras y resto del catálogo Sopeña, mientras la música clásica barroca llegaba como un tsunami a mis gustos musicales. Creo que después de Bach y Mozart (y alguno que otro más, claro) todo está inventado. Los mortales nos dedicamos a tratar de entender un poquito lo que hicieron y a usar esos ladrillos para construir nuestras propias casas.

Pero volviendo a décadas más cercanas, The Cure (hasta el año 1990, el resto…), Red Hot Chili Peppers, Metallica, Miguel Ríos, Michael Jackson, Gloria Estefan, The Waterboys, The Chieftains… Nada que ver unos con otros, pero son las fuentes de las que he bebido y que me han hecho adorar la música.

No hace mucho descubrí a unos tipos de Liverpool que también hacían canciones chulas. Un amigo me dijo hace sólo ocho o nueve años que había mucho más detrás de los 20 ó 30 temas que todos conocen de The Beatles. Y se ve que era verdad.

Actualmente podemos verte en los grupos Nowhere Beat (tributo a The Beatles), Lanzarote y Arrecife. ¿Podrías hablarnos un poco sobre ellos y sobre qué te aporta cada uno?

Yo retomé la música hacia 2014 tras muchos años de parada, casi sin querer. Un día me encontré con un regalo que cambió todo, una Gretsch blanca preciosa que me regaló mi esposa, quien debía tener más claro que yo mismo lo que estaba sucediendo en mi mente respecto a la música.

Fue como arrojar una cerilla encendida a un bidón de gasolina. Escribí mi primera canción con letra en septiembre de 2013 y enseguida apareció otra y otra más, hasta las decenas que tengo hoy escritas. La tercera canción que hice, ese mismo mes de octubre, se titula “Caminas hacia la vida”, se incorporó posteriormente al repertorio de Lanzarote, y allí sigue hasta hoy.

Nowhere Beat fue donde encontré la oportunidad de reencontrarme con un grupo de personas que hacían cosas juntos y que se iban a subir a un escenario a defender unas canciones. Ponerme delante del público después de tantos años era un reto enorme. 

El grupo ha cambiado de miembros muchas veces, algo normal, y mi rol dentro de la banda también ha evolucionado. Comencé tocando la guitarra, pero yo no había cogido un micrófono en mi vida, y hoy Nowhere Beat es un grupo con cuatro vocalistas.  ¡Vaya cambio! Actualmente llevamos en repertorio cerca de 80 temas, y lo mejor es que seguimos discutiendo sobre cuáles serán los siguientes, 

Como todo el mundo, tenemos nuestras limitaciones, pero creo que el punto fuerte de nuestra formación está en necesitar tocar temas de difícil ejecución con una formación clásica de dos guitarras, bajo y batería, exprimiendo la esencia de éstos y trasladándolas a nuestros instrumentos. 

Canciones como ‘I am the walrus’, ‘Strawberry fields forever’ o ‘Penny Lane’, que rara vez se escuchan en directo en bandas tributo, son el tipo de retos a los que nos gusta enfrentarnos. No es nada fácil y eso es precisamente lo que más nos motiva.

Mientras en mis comienzos con Nowhere Beat disfrutaba tocando, cantando y aprendiendo de canciones que habían compuesto unos genios, yo seguía escribiendo y mis temas se iban amontonando en mi cuaderno amarillo de espiral que llevaba siempre encima. 

Mis grabaciones caseras me obligaron a comprarme un bajo y tocarlo como buenamente puedo, es un instrumento que adoro. Con un poco de ayuda de mis amigos, que me dieron el empujón, decidí que sería más divertido y fresco hacer esos temas en directo que sólo grabarlos en mi casa. Héctor, batería por entonces de Nowhere Beat y primer batería de Lanzarote, fue quien propuso el nombre del grupo, y como no hubo réplica, así quedó. Fue producto de la falta de más ideas, no de una posible vanidad. 

Lanzarote no nació para hacer mis canciones como yo las tenía concebidas, sino todo lo contrario. Desde el primer día mi intención ha sido recoger las aportaciones que cada uno quiera dar, incluidas otras composiciones.

En este punto, allá por septiembre de 2018, hay una persona clave que se incorpora a Nowhere Beat y poco después a Lanzarote, Ricardo Pérez (Richi). Somos personas muy diferentes que compartimos la pasión por la música de una manera muy parecida. Richi también aporta sus composiciones a Lanzarote, algo que sin duda enriquece el pop-rock de nuestro repertorio.

Creo que nuestro estilo se mueve en toda la amplitud del rango que puedan abarcar esas etiquetas, incluso más allá explorando el funky, el rock duro, el bolero, las baladas… Prácticamente todo cabe, porque todo nos gusta. Los dos nos respetamos y admiramos mutuamente y hace tiempo que no terminamos una composición sin pedir opinión al otro. Creo que eso dice mucho.

Eduardo Lasuén (Edu), al bajo, ha estado ahí desde el primer día dándolo todo. Un tipo extraordinario y con un oído musical envidiable. El punto flaco lo tenemos en la batería, actualmente vacante, y que nos está impidiendo la estabilidad necesaria para abordar proyectos más grandes como grupo.

Arrecife nació por pura casualidad para presentarnos en formato dúo para intentar colarnos en un ciclo de conciertos, pero no superamos ni la primera criba. Sin embargo, nos pareció que la idea podía tener sentido si le dotábamos de una personalidad propia, sin limitarnos a ser una parte de Lanzarote, y haciendo algunos temas propios que no formen parte del repertorio Lanzarote. 

Decidimos incorporar versiones de temas muy conocidos a la vez que poco versionados, y dotar al espectáculo de algo de humor natural, que es como estamos más cómodos. El resultado ha sido estupendo, pandemia mediante. 

La gente que nos viene a ver lo pasa muy bien, ¡y nosotros lo pasamos aún mejor! Por cierto, que el nombre del dúo surgió precisamente del hecho de que Arrecife es la capital de la isla de Lanzarote.

¿En qué otros grupos has estado anteriormente?

El primer grupo en que estuve se llamaba Los Potros Salvajes y teníamos una única canción titulada Los Potros Salvajes. Creo que eso resume toda su historia.

Posteriormente estuve en Sagasta 14, otro grupo también de adolescencia.

También estuve una época, allá por 1990, en Los Trece Escalones, uno de los grupos zaragozanos más longevos, pues todavía están en activo.

El Bosque fue el grupo en el que estuve más tiempo, y donde hice buenos amigos con los que seguimos viéndonos y disfrutando de la música y la compañía como cuando éramos chavales. Grandes tipos, Jaime Lapeña y Víctor Gálvez. Fue una etapa muy divertida que finalizó cuando hubo que tomarse en serio los estudios universitarios.

¿Qué es lo que más disfrutas de tocar en grupo?

Lo que verdaderamente me apasiona es construir algo entre todo un equipo. Me encantan nuestras conversaciones sobre cómo desarrollar esta segunda voz, si el sonido de esa guitarra debería ser más sucio, o si el bajo debería estar más presente en esta parte. Cuando las “discusiones” son en esos términos y el resultado posterior es que el sonido ha ganado en su conjunto, la satisfacción es incomparable.

¿Cómo has vivido la pandemia como músico? ¿Se va recuperando cierta normalidad en el panorama musical?

Por suerte o por desgracia, no me gano la vida con esto, de manera que la pandemia ha supuesto para mí, como para todo el mundo, un mazazo emocional del que aún estoy saliendo. Es bien sabido que a las artes escénicas les ha dado de lleno y por lo que me toca, me puedo considerar muy afortunado de haber sobrevivido como músico a esta travesía en el desierto. Dudo que a corto plazo se recupere la añorada normalidad como aún la queremos recordar, pero es innegable que ya se pueden hacer conciertos y quienes disfrutamos de ello nos volcamos a tope.

Algo que te caracteriza como compositor es tu sensibilidad e implicación en temas sociales: prostitución, inmigración, terrorismo, incluso lanzaste en 2021 un tema sobre las mujeres en Afganistán. ¿Entiendes la composición como algo ligado a la reivindicación o a lo social?

Escribo canciones cuando algo me quema dentro. Pueden pasar meses sin que coja el lapicero y mi cuaderno. He intentado algunas veces escribir sobre temas banales para tratar de esquivar el pesimismo que parece invadir mis letras y tengo que reconocer que no me encuentro cómodo en esos intentos. Sin embargo, no me considero pesimista, al contrario. 

Creo que la vida me sonríe en todos sus aspectos y no puedo estar más que agradecido a quienes me rodean y me regalan la posibilidad de disfrutar de la música como afición, empezando por Chele (mi Estrella Polar), mi familia y amigos, los miembros de mis grupos y sobre todo al público que quiera disfrutar de un rato de música en directo.

En respuesta a tu pregunta, en mi caso no hay una intención reivindicativa, pues tampoco cuento con la posibilidad de difundir mensajes a ningún colectivo. Todo nace sin más objetivo que el de sacar de dentro algunas reflexiones, y mi forma de hacerlo es con canciones, o en ocasiones en temas instrumentales sin letra.

Sin embargo, sí creo que la música es un estupendo vehículo para cargar en su maletero mensajes que pueden llegar muy lejos si uno tiene capacidad para difundirlos. Y en ese sentido me apena que no se utilice adecuadamente, dando mensajes más nocivos que reflexivos o educativos. A la actualidad musical de masas y al famoseo me remito.

Tras la lectura de ‘Patria’ de Fernando Aramburu, compusiste una canción que el propio autor del libro alabó. ¿Podrías contarnos más sobre esta historia?

Soy un mal lector. De ésos que sólo leen durante las vacaciones y la mitad de los pocos libros que empecé, nunca llegué a terminarlos. Recuerdo el día en que mi hermana Pilar me recomendó la lectura de ‘Patria’, y cómo lo anoté en mi larga lista de cosas que nunca llegué a hacer. Pero ésta corrió diferente suerte.

‘Patria’ para mí no es sólo un libro. (Supongo que para cualquier buen lector, lo que para mí fue una experiencia única es algo que le habrá sucedido en infinidad de ocasiones). Me llegó hasta el fondo por trasladar a un relato más que interesante lo que yo había visto por televisión durante tantos años, desde niño y hasta hace no demasiado. 

Patria daba coherencia a los mensajes de prensa diaria que mi mente tuvo que ordenar por sus propios medios con más o menos éxito. Pero la clave de su impacto en mí es el autor, pues su dominio del lenguaje es abrumador. En mi humilde opinión es un genio manejando emociones.

Al terminar la grabación de la maqueta en mi casa tuve el sueño de no descansar hasta conseguir que Fernando Aramburu la escuchase. Francamente me parecía una locura. ¿Cómo iba un autor en la cresta de la ola a atender a un chalado que le dice que ha escrito una canción sobre su obra más famosa? 

Fernando Aramburu es una persona muy accesible y un tipo realmente simpático. Fue muy amable conmigo y tras tomarse unos días para poder escuchar la canción con unos cascos adecuados (por indicación mía, quizá un poco exigente por mi parte), me siento muy orgulloso de saber que le gustó tanto música como letra.

Tuve ocasión de conocerle en persona en Zaragoza en un acto comercial de su editorial y para mí fue como si a un chaval le presentan a Messi. ¡Me temblaban las piernas al hablar con él! Y eso que Fernando es muy agradable y todo lo pone fácil.

¿Qué otros temas te inspiran?

Las relaciones humanas, amor y desamor, la amistad, la injusticia, la convivencia en dificultades como enfermedad o pobreza, supongo que todo lo que a cualquiera le genera emociones es candidato a inspirar una de mis letras.

Escribir la letra de una canción te obliga a ser conciso en el mensaje, a medir la intensidad, a elegir la palabra más precisa en cada momento, pues hay muy poco espacio y no te puedes permitir explayarte como en una entrevista. La parte positiva que esto tiene es que te obliga a reflexionar. La búsqueda de las expresiones, en sí misma te ayuda a explorar tus propios sentimientos. Es un ejercicio que requiere de mucho esfuerzo en mi caso, pero a la vez es muy enriquecedor.

¿Qué es lo que más disfrutas como compositor?

Para mí la mayor satisfacción está al terminar de grabar una canción y poder escuchar en tres o cuatro minutos los cientos de fragmentos que surgieron como elementos musicales inconexos y que, como piezas de un puzle indefinido, conseguí colocar con cierta coherencia. 

Para mí la parte musical siempre ha sido la que me ha impulsado a hacer canciones. Las letras en muchas ocasiones han sido un elemento obligado para completar la composición y normalmente me supone un esfuerzo enorme. Suele surgir la música de forma más natural que la letra, al menos en mi caso.

¿Para cuándo un videoclip de Lanzarote? 

El videoclip de Lanzarote es asignatura pendiente desde hace años. Me gustaría que el vídeo fuera reflejo de la realidad del grupo y del resultado de haber creado algo entre todos. Para ello es necesario completar

la banda con un batería que aporte por fin estabilidad a la formación, y eso dará pie a crear algo juntos como grupo. El videoclip debería ser el final de ese camino. No quiero hacer un vídeo artificial en el que aparezcan personas haciendo un playback sobre una grabación en la que no han participado todos.

¿Cómo compaginas tu pasión por la música con tu trabajo?

Como he dicho antes, me siento muy afortunado y agradecido porque todo mi entorno me permite y me anima a poder dedicar tiempo a la música. El trabajo nunca ha sido problema tampoco.

Supongo que el hecho de no tener que viajar es la clave. Siempre he creído que uno tiene tiempo para todo lo que realmente quiere. Sólo hay que vencer la pereza y organizarse un poco, siempre que tu entorno te lo ponga fácil. Y en mi caso, por fortuna, así es.

¿Qué planes tienes a corto-medio plazo?

Lanzarote es, sin duda, el proyecto que me permite realizarme más desde el punto de vista de la creación musical. Es donde se vuelcan las canciones propias para que suenen en directo con banda completa, que es la cumbre que uno desea alcanzar cuando comienza a escribir los primeros acordes de un tema. Por tanto, mi objetivo más acuciante es completar la banda con un batería que tenga ganas de aportar sus inquietudes musicales a este proyecto abierto. Lo demás llegará solo.

Entretanto Nowhere Beat y Arrecife gozan de muy buena salud y afortunadamente tenemos conciertos a la vista, lo más inmediato, vermú musical en el Restaurante La Malteadora para ambos grupos, en fechas aún por concretar, pero antes del verano con toda seguridad.

¿Un sueño musical?

Como a cualquier compositor, me encantaría tener capacidad de difusión de mi música. Creo que es imprescindible pasar por un estudio de grabación para tener material con una calidad sonora que permita salir al mercado. Todo pasa por completar la banda y estabilizarla. La ilusión del trabajo conjunto llevará de forma natural a que los siguientes retos tomen forma por sí mismos.

 

 

 

 

Podéis consultar aquí el canal de Youtube de Javier Lanzarote

Aquí el de Arrecife

Aquí el de Nowhere Beat

Y aquí el de Ricardo Pérez

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