Juan Royo Abenia
@juanroyoyabenia
“Lo que no era ruido” (Javier Gallardo, Planeta). Un profundo vacío existencial encarcela a Amalia. Su frágil cotidianidad se quiebra tras conocer el accidente de su hermana, quien se encontraba desaparecida. Emprenderá un viaje de retorno hacia Alicante, un espacio geográfico que funciona como contenedor de su pasado y de sus traumas. Poesía transformada en prosa, sentida, equilibrada, bella y cruda, sin asomo de melodrama ni mojigatería. La ciudad es el catalizador psicológico donde la luz y la atmósfera contrastan con la penumbra emocional de la protagonista. El ritmo narrativo pausado pero firme, prioriza la introspección sobre la acción. Duelo, incomunicación y complejidad. Los vínculos fraternales afloran frente al «ruido» que satura lo cotidiano. Es lo contrapuesto a las verdades esenciales que solo emergen en el aislamiento y el silencio.
“Ciencia en Acción: 10 experimentos caseros para entender el mundo que nos rodea” (Marc Altés i Soler, DashBook). No es un libro teórico o un manual escolar al uso. Es una guía práctica e interactiva que rompe la barrera entre el laboratorio y el hogar. Hay fenómenos físicos, químicos y biológicos complejos pero comprensibles para todos. Riguroso pero accesible, se desenmascaran las leyes que rigen nuestro entorno sin caer en tecnicismos abstractos, aprendiendo, haciendo. Y con materiales cotidianos y fáciles de conseguir.
“Star Wars: Rebelión” (Leyendas, VVAA, Planeta). Durante la Guerra Civil Galáctica, la Alianza Rebelde lidia con las secuelas del rescate del estratega Jorin Sol. El Imperio le ha lavado el cerebro sin ser consciente de ello. Además, estalla el conflicto ético del oficial imperial Janek «Tank» Sunber, amigo de la infancia de Luke Skywalker. Tras un mensaje codificado, las intrigas se suceden poniendo en juego la lealtad personal frente al deber ideológico. Todo bajo la constante y amenazante sombra de Darth Vader.
«Memorias de heroína y desamor» (Eduardo Hidalgo Downing, Autsaider). Descarnada y honesta crónica en primera persona de un heroinómano. Pero, atiende: nunca le ha robado la televisión a su madre, no se ha infectado de VIH, no ha atracado un banco ni ha pisado una celda. Al contrario: ha construido una vida extrañamente convencional. Parejas, hijos, graduado universitario, trabajador por cuenta ajena… Todo ello sin soltar la aguja, ni la plata, ni el caballo. El mito del yonqui atrapado entre la marginalidad y el síndrome de abstinencia se desmorona. Supervivencia sí, pero sin atisbo de culpa, arrepentimiento o victimismo. No es el «adicto recuperado» que pide perdón a la sociedad. No busca la condescendencia del lector. No hay intención de dejar el consumo. Para él, la heroína no es un demonio destructor. Es algo tan cotidiano, tan natural, como para otro café.
“Esa canción de mierda que crees que habla de ti” (Juarma, Autsaider) ¿Eres fan de Los Planetas, Maná, Mecano, Burzum, Nirvana, Guns N’Roses, Manolo García, Love off Lesbian, Vetusta Morla, Héroes del Silencio o de José Manuel Soto? ¿Y de Pantera, Camela, Extremoduro, Queen, Celtas Cortos, Sabina, Los Suaves, Fito y los fitipaldis, Metallica o La Orquesta Amanecer? Pero, eso sí, no serás un integrista ¿verdad? Porque aquí hay lija de la gorda, sosa cáustica y trazo pinchudo, mofa y befa de músicos que te gustan.
“Los gatos del Louvre” (Taiyo Matsumoto, Planeta). Una colonia de felinos vive tan ricamente en el ático del museo más famoso del mundo. Sigilosos como son, tan solo los avispados vigilantes del turno de noche conocen su presencia. Pero ¡ay! Copo de Nieve, un gatico blanco de ojos heterocromáticos se salta las reglas al escuchar voces que emanan de las pinturas…
“Fragmentos del mal” (Junji Ito, Planeta Cómic). Manga, terror psicológico y gore en un universo perturbador que entrelaza lo cotidiano con obsesiones macabras y elementos sobrenaturales. Incluye: Futón, Espectros de madera, Tomio y el jersey rojo de cuello alto, Una separación lenta, Miss Disección, El ave negra, Magami Nanakuse y La mujer que susurra.
“Vivir hasta el final” (Mónica Lalanda y Daniel Ramos, SECPAL). Los cuidados paliativos no son la panacea y no sirven solo ante la inminencia de la muerte. A diferencia de la eutanasia, no busca acortar ni prolongar artificialmente la vida, sino mitigar el dolor, ofrecer bienestar y evitar el ensañamiento terapéutico. Su enfoque es integral y familiar, físico, emocional y espiritual. Habla de decisiones anticipadas y del duelo.
