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Irene Herrero, periodista y dramaturga: «Me interesa coger el presente, agitarlo, llevarlo al escenario y ver qué pasa»

Irene Herrero
Periodista y dramaturga

Zaragozana y formada en Periodismo, Comunicación Audiovisual y Creación Teatral, descubre en la escritura y la dirección su lugar para contar historias. La salud mental, las expectativas y la comunicación atraviesan Línea de fondo, que Nasú Teatro estrena este noviembre en el Teatro del Mercado. En esta entrevista habla de sus referentes, del juego como impulso creativo y de los proyectos que prepara con Las Horas del Humo.

Se ha formado en Periodismo y Comunicación Audiovisual y después se ha especializado en creación teatral. ¿Cómo nace su interés por el teatro y cuándo decide que quiere contar historias?

Siempre he hecho teatro, aunque al principio lo hacía como actriz amateur. Durante una época en la que trabajé en la sala Microteatro por dinero en Madrid tuve la oportunidad de trabajar como ayudante de dirección y me pareció fascinante. Entendí que mi lugar estaba en la escritura y el ensayo, no en el escenario.

Ahora conforme más avanza la tecnología y más compleja se hace nuestra sociedad, valoro más la potencia de tener delante a una persona, en vivo y en directo, contando una historia. Esa experiencia no se puede sustituir.

Criada en Zaragoza, ha desarrollado gran parte de su carrera en Madrid. ¿Qué le ha aportado cada ciudad y qué relación mantiene con la escena teatral aragonesa?

He estado en Madrid más de 12 años y he tenido la oportunidad de conocer a grandes profesionales. Hice el máster de Creación Teatral con Juan Mayorga y he estado en contacto con una industria efervescente que, aunque también es muy precaria, está muy viva y permite conocer muchos proyectos.

Hace unos años volví a Zaragoza y ha sido un gusto reconectar con mi raíz. Precisamente ahora estoy trabajando con varias compañías aragonesas, como Tierra a la Vista y Nasú Teatro. Me siento muy afortunada de poder seguir mi camino de forma paralela en las dos ciudades.

Este noviembre la compañía Nasú Teatro estrena en el Teatro del Mercado Línea de fondo, escrita por usted. ¿Por qué decide abordar la presión por alcanzar el éxito y el peso de las expectativas ajenas?

En mi primera obra, Vulva, ya exploraba cuestiones como el suicidio y la salud mental, y quería seguir explorando sobre ello, esta vez poniendo el foco en las personas más jóvenes, que son uno de los colectivos más afectados.

Junto con David Ardid e Irene Alquézar, nos interesaba abordar el tema desde un lugar diferente. Queríamos explorar qué ocurre cuando la presión por triunfar y las expectativas externas se convierten en una fuente de sufrimiento. Además, nos interesaba hablar del aislamiento y de lo fácil que es no llegar a las personas que queremos, incluso cuando creemos que las estamos ayudando. A veces pensamos que estamos acompañando a alguien, pero no conseguimos escuchar lo que realmente necesita. Por eso, la comunicación es una cuestión importante en la obra.

En general, siempre deberíamos tratar al público desde ese mismo lugar, nunca desde arriba

En Amonites, ilustrado por Rubén Hervás y publicado el año pasado, convierte un fósil en protagonista de una aventura infantil que combina ciencia y humor. ¿Cómo ha sido pasar del teatro al cuento ilustrado para los más pequeños?

Escribir literatura infantil ha sido, sobre todo, muy divertido, aunque también ha supuesto un reto. El teatro está muy presente en mi manera de escribir: uso mucho diálogo y trabajo con personajes que se definen por sus acciones.

Una de las partes más enriquecedoras ha sido la documentación. He tenido la oportunidad de conversar con una paleontóloga y con un vecino de Moneva, casi un historiador, que conoce muy bien la historia de la zona y lleva años preservando la memoria oral de su pueblo. El reto ha estado en tejer una aventura que mezclara la memoria oral, la historia y la prehistoria, sin perder el humor, la belleza o el juego. Me emociona mucho ver que los niños y las niñas disfrutan con la historia.

¿Dónde encuentra la inspiración? ¿Qué convierte una idea cotidiana en el comienzo de una obra?

Me interesa, sobre todo, escribir desde la pregunta y desde aquellas realidades que no termino de comprender. Hay situaciones cotidianas —o no tanto — que me incomodan, que no puedo comprender o ante las que no sé cómo posicionarme. Supongo que escribo cuando encuentro una pregunta a la que solo puedo responder con el teatro. También cuando una idea me fascina, me enamora o me divierte. Creo que es importante que la escritura parta del deseo y no pierda nunca esa dimensión lúdica que nos rodeaba cuando inventábamos juegos de pequeños.

¿Qué autores, directores o creadores han marcado su manera de entender el teatro? ¿Hay alguna obra que le haya hecho pensar: «Yo quiero dedicarme a esto»?

Supongo que todas las personas que nos dedicamos al teatro tenemos claro ese momento en el que, mirando al escenario, pensamos: «Tengo que estar aquí». Recuerdo una versión teatral de El principito que vi en el colegio cuando tenía seis o siete años. Podría decir que ese fue mi primer recuerdo de fascinación por el teatro. Después he ido descubriendo otras formas de entenderlo a través de las obras contemporáneas de creadores como Juan Mayorga, Lucía Miranda, Pablo Remón, Marta Pazos…

Si tengo que recordar algunas piezas, pienso en Shock, de Andrés Lima, o en Atraco, paliza y muerte en Agbanäspach, de Nao Albet y Marcel Borràs.

El teatro está muy presente en mi manera de escribir: uso mucho diálogo y trabajo con personajes que se definen por sus acciones.

Ha trabajado en propuestas para jóvenes. ¿Cómo influyen esas experiencias en su escritura y en la relación que quiere establecer con el público?

Trabajar para jóvenes me ha obligado a salir de mi propia forma de ver el mundo y a trabajar desde la empatía y la comprensión. Una de las cosas más divertidas de escribir es que tienes que meterte en el cuerpo y en la mente de todos tus personajes e intentar comprenderlos desde su perspectiva.

Ha sido un ejercicio de humildad y de acercamiento a quienes vienen detrás de nosotros desde el cariño, el respeto y también la admiración. Es importante no dar por hecho que entendemos lo que les pasa ni colocarnos en una posición desde la que creemos tener todas las respuestas. En general, siempre deberíamos tratar al público desde ese mismo lugar, nunca desde arriba.

Compagina el teatro con la comunicación. ¿Cómo conviven esas facetas y qué aporta su mirada de periodista a su trabajo teatral?

Mi experiencia me ha hecho entender que el teatro es una herramienta más de comunicación. Siempre intento que mis proyectos sean comprensibles, que puedan llegar a un público amplio y que muchas personas puedan entenderlos y disfrutarlos, aunque cada una se quede con partes distintas.

Mi relación con el periodismo está muy presente en la escritura. Vulva, por ejemplo, y Sarabi, otra de mis obras breves, surgieron de noticias de prensa. Muchos de mis trabajos nacen de reflexiones sobre la actualidad, a veces con la intención de cuestionar algunas de las ideas que se transmiten en los medios. Me interesa coger nuestro presente, agitarlo, llevarlo al escenario y ver qué pasa. Detenerme en situaciones que a veces consumimos demasiado deprisa, leyendo en diagonal, e intentar comprenderlas desde otras perspectivas.

¿Qué historias le gustaría llevar a escena y qué retos quiere explorar como autora y directora?

Tengo varios proyectos entre manos. Con mi compañía, Las Horas del Humo, estoy trabajando en una obra que parte de lo documental y en la que estamos explorando hacia dónde nos lleva el material. Este proyecto parte de los testimonios de niños y niñas que se han criado en hogares atravesados por la violencia de género. Espero que la obra pueda verse en Zaragoza a principios de 2027.

Además, estoy trabajando en otras propuestas. Me gustaría seguir explorando historias que me generen preguntas, que me permitan acercarme a realidades que no conozco y que me obliguen a mirar las cosas desde otro lugar, a enfrentarme a mis contradicciones, que no son pocas.

Creo que es importante que la escritura parta del deseo y no pierda nunca esa dimensión lúdica que nos rodeaba cuando inventábamos juegos de pequeños

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