El rincón del asesor Opinión

Saber más no basta: el reto de convertir la educación financiera en mejores decisiones

Pilar Barcelona
Delegada Territorial del Comité de Servicios a Asociados de EFPA España (Aragón)

Nunca habíamos tenido tanta información sobre economía y finanzas tan accesible y al alcance de la mano. La inflación, los tipos de interés, la evolución de los mercados o las distintas alternativas de ahorro e inversión forman parte cada vez más de nuestras conversaciones. Y ese mayor interés empieza a reflejarse también en nuestro nivel de conocimientos. De hecho, por primera vez desde que EFPA España realiza su Encuesta de Educación Financiera, los asesores financieros aprueban el nivel de cultura financiera de los españoles, aunque sea con un ajustado 5,3 sobre 10. Más de un 90% de los asesores percibe, además, un aumento del interés por la economía y las finanzas.

Es una evolución positiva, pero el verdadero desafío empieza ahora: convertir ese conocimiento en decisiones. Saber qué es la inflación, comprender la relación entre riesgo y rentabilidad o interesarse por nuestra jubilación sirve de poco si después no pasamos a la acción y no incorporamos esos conocimientos a la gestión de nuestras finanzas.

La encuesta muestra con claridad esa distancia entre preocupación y acción. Casi dos tercios de los profesionales consultados perciben un interés creciente por ahorrar para la jubilación, pero el 48,5% señala que esa preocupación todavía no se traduce en soluciones concretas de ahorro o inversión. Y cuando se pregunta por los errores más habituales al tomar decisiones financieras, un 40% apunta a la falta de planificación a largo plazo.

Esta reflexión resulta especialmente pertinente para empresarios y autónomos. Quien dirige un negocio está acostumbrado a tomar decisiones económicas: controlar ingresos y gastos, gestionar la liquidez, valorar inversiones, financiar proyectos o anticipar riesgos. Pero esa disciplina no siempre se traslada automáticamente al ámbito personal. Gestionar bien una empresa y planificar adecuadamente el patrimonio propio son ejercicios diferentes.

La planificación financiera personal comienza, precisamente, antes de elegir ningún producto. La primera pregunta que deberíamos hacernos es para qué queremos nuestro dinero. A partir de ahí podemos establecer objetivos, determinar cuándo necesitaremos esos recursos y decidir qué nivel de riesgo podemos asumir. No requiere la misma estrategia disponer de un colchón para afrontar imprevistos que ahorrar para la jubilación, financiar los estudios de los hijos o preservar un patrimonio a largo plazo. Es decir, es necesario establecer una vinculación entre objetivos, horizonte temporal y estrategia.

También significa evitar que las decisiones respondan únicamente al ruido del momento. La actualidad económica o la aparición de una inversión de moda pueden empujarnos a actuar de forma reactiva, máxime en el entorno digital en el que nos movemos, en el que las redes sociales se han convertido en una fuerte caja de resonancia. Precisamente, casi dos tercios de los asesores financieros identifican como principal error de los inversores el dejarse llevar por la información que circula en redes sociales y entre conocidos. Una estrategia financiera coherente debería funcionar justamente al revés: primero se determinan las necesidades y objetivos y después se buscan las soluciones adecuadas.

Aquí, educación financiera y asesoramiento profesional cumplen funciones complementarias. Una mayor cultura financiera permite comprender mejor nuestras opciones, hacer las preguntas adecuadas y participar de manera más consciente en las decisiones sobre nuestro patrimonio. El asesoramiento aporta análisis, perspectiva y acompañamiento para transformar esos objetivos en una planificación adaptada a la situación, horizonte temporal y nivel de riesgo de cada persona.

Hemos avanzado en educación financiera y debemos seguir haciéndolo. Pero el próximo paso consiste en que ese conocimiento salga de los libros, los cursos o las conversaciones y se incorpore a nuestras decisiones cotidianas. Porque saber más sobre finanzas es importante, pero utilizar ese conocimiento para planificar mejor nuestro futuro es lo que realmente marca la diferencia.

 

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