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Mariano Millán Montañés “Me conmueven las historias pegadas al territorio aragonés, que reivindican nuestra esencia”

Periodista y coordinador del suplemento ‘Con mucho gusto’ de Heraldo de Aragón

Mariano Millán Montañés entiende el periodismo gastronómico como una forma de contar historias: las de quienes producen, cocinan y mantienen vivas las tradiciones que construyen la identidad gastronómica de Aragón. Al frente de ‘Con Mucho Gusto’ de Heraldo de Aragón desde 2022, reivindica un periodismo basado en el rigor y el contraste de la información, pero también en la capacidad de escuchar y descubrir relatos que, a veces, sus propios protagonistas cuentan por primera vez.

 

Para comenzar, ¿podría resumirnos su trayectoria profesional y explicar cómo ha evolucionado su carrera hasta especializarse en el periodismo gastronómico?

Ser periodista había sido mi ilusión desde niño. Mi primer contacto fueron unas prácticas de verano en Zaragoza Televisión (ZTV), que recuerdo con muchísimo cariño y en las que aprendí lecciones que utilizo en mi día a día. Después pasé por el micrófono de Aragón Radio, de Radio Nacional… hasta que en el verano de 2015 me abrieron las puertas de Heraldo de Aragón. Desde entonces he pasado por varias secciones, desde Maquetación a Heraldo TV, hasta que una serie de casualidades me llevaron a las páginas de ‘Con Mucho Gusto’.

Desde mayo de 2022 coordina este suplemento. ¿En qué consiste exactamente su trabajo y cuáles son sus principales responsabilidades al frente de este espacio?

Cuando llegué tenía una concepción diferente a lo que realmente me encontré. Un periodista gastronómico está repleto de sambenitos y de ideas preconcebidas, además también se confunde con el trabajo de crítico. Mi trabajo consiste en contar historias, sacar jugo a aquello diferente, buscar noticias… Y hacerlo con todos los valores del periodismo como pueden ser el rigor, la veracidad o contraste de información. Soy como cualquier otro periodista, pero en lugar de Educación o Sanidad, yo hablo de restaurantes, productos, tendencias, vino o recetas.

Recientemente ha recibido el galardón de Creación de Contenidos y Divulgación del Sector Agroalimentario en los Premios Agroalimentarios de Aragón.

 

Fue totalmente inesperado, me emocionó mucho. Un suplemento es un trabajo coral en el que participan muchas manos, desde los colaboradores, a maquetadores, fotógrafos, los compañeros de otras secciones… Cuando me lo anunciaron me vinieron a la cabeza todos los productores que nos cuentan sus historias y que permiten que el sabor de Aragón llegue al plato y a la copa.

 

¿Cómo es el proceso de búsqueda y selección de los temas gastronómicos que abordan? ¿Qué debe tener una historia para despertar su interés periodístico?

Como en otras secciones, muchas llegan a pie de calle, también a través de conversaciones, ecos que se escuchan… Y, personalmente, me conmueven aquellas historias que están muy pegadas al territorio aragonés, que reivindican nuestra esencia, que presumen de nuestra identidad y que marcan el acento con fuerza.

A menudo se reduce el periodismo gastronómico a visitar restaurantes, pero su trabajo va mucho más allá. ¿Qué aspectos de la gastronomía considera que merecen una mayor atención por parte de los medios?

Para empezar, los productos. Aragón puede presumir por ser la tierra donde nacen ricos manjares, donde los alimentos tienen una historia y son patrimonio gustativo. Además de las tradiciones gastronómicas, desde recetas, por muy sencillas que sean, hasta tortas típicas de un pueblo. Tal vez no las valoremos porque están presentes en nuestro día a día, pero tienen valor. Esas dos cosas son una auténtica delicia y nos sitúan a nivel internacional, aunque en ocasiones no trascienda.

Productores, cocineros, establecimientos, tradiciones, innovación o sostenibilidad forman parte del universo gastronómico. ¿Qué tipo de historias disfruta especialmente descubriendo y contando?

Esas que se cuentan despacio, que los protagonistas relatan como si fueran un cuento, que hay silencios llenos de emoción, que las verbalizan por primera vez… Eso es un privilegio cuando te dicen “esto nunca lo he contado”.

¿Cómo ha cambiado la manera de informar sobre gastronomía en los últimos años y qué influencia han tenido las redes sociales y los nuevos formatos digitales?

Yo llegué al mundo gastronómico cuando las reglas digitales y los ‘influencers’ ya estaban consolidados. Tal vez, la forma de trabajar se ha acelerado. La presencia de algunos ‘influencers’ nos obliga a los periodistas a correr más a la hora de publicar, con la diferencia de que un plumilla debe contrastar la información y profundizar en lo que ocurre. En las redes sociales hay mucho ruido, pero hay perfiles que ofrecen un contenido de mucha calidad. Me gusta aprender y relacionarme con los periodistas gastronómicos más veteranos, pero también con los ‘influencers’ que empiezan ahora.

A lo largo de su carrera ha trabajado como periodista en diferentes medios y ámbitos. ¿Cómo ha influido esa experiencia tan diversa en su vida?

En primer lugar, te obliga a perder la vergüenza. Una vez una amiga se sorprendió de que casi todos los días hablase con personas que no conozco de nada, pero un periodista lo puede ver tan normal. También te permite conocer a personas increíbles y visitar lugares que pueden pasar desapercibidos por los que puedes pasar todos los días. Además, te ayuda a mirar la rutina de otra forma, con otros ojos. Obviamente, no le puedo negar que también te da una buena mochila de anécdotas para contar, como entrevistar a Antonio Muñoz Molina en el probador de unos grandes almacenes. Cualquier periodista tiene horas y horas de conversación con peripecias que le han sucedido, y otras que no puede contar.

Su perfil profesional es especialmente polifacético y multitarea. ¿Cree que la capacidad de adaptarse a diferentes formatos, temáticas y responsabilidades es hoy una característica imprescindible para los periodistas?

Gracias por esos piropos, pero créame que tampoco soy tan polifacético y multitarea, de verdad. Es cierto que un periodista está en continua adaptación y aprendizaje. Pienso en compañeros que empezaron con los primeros ordenadores con programas complicadísimos y ahora mandamos las informaciones desde cualquier lugar con el móvil. En cuanto a los formatos, estamos en un contexto de oportunidades, ya que una misma información se puede adaptar a vídeo, podcast, texto, infografía… y así comunicar de una forma mucho más amplia y llegar a más público.

Está finalizando una tesis sobre el fotoperiodista Marín Chivite. ¿Qué le llevó a investigar su figura y qué importancia considera que tiene su trabajo dentro de la historia del periodismo y la fotografía?

Otra casualidad. La casualidad fue toparme con un libro de fotografía antigua en el último año de carrera y empezar a tirar del hilo. Con el tiempo me percaté que estaba mucho más cerca de mí de lo que me podía imaginar. Chivite es una de las figuras del fotoperiodismo más apasionantes de España. ¿Por qué? Por lo que vivió, por lo que fotografió, por su modelo de negocio… Y apenas se conoce nada de su vida. Compaginar el doctorado con la vida de periodista ha sido y está siendo una tarea complicada.

Usted estudió Periodismo en la Universidad de Zaragoza. ¿Qué recuerdos guarda de aquella etapa y hasta qué punto considera que la formación universitaria le preparó para la realidad de una profesión tan cambiante?

Guardo buenos recuerdos, pero, sobre todo, conservo buenos amigos. La formación universitaria que recibí ahora mismo estaría desactualizada. Hace 10 años no se hablaba de SEO, las redes sociales eran solo para el entretenimiento y estaban de moda los blogs. ¡Cómo ha cambiado el panorama! A cualquier estudiante de Periodismo le recomendaría que aprovechara a hacer prácticas, ya sea en verano o durante el curso, porque es una forma de acercarte a la realidad de la profesión y materializar lo que se aprende en las aulas. Aunque no llevo muy bien es que los becarios que llegan a las redacciones hayan nacido en los 2000 (ríe).

 

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