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Israel García: “La inflamación no se cura quitando comida, se cura dándole al cuerpo lo que necesita para repararse”

Israel García
Fundador y CEO de DietaryPlus

Con más de 22 años de experiencia en el sector, García ha coordinado en su trayectoria más de 25 centros de nutrición en España y Europa. Es el creador del Método Redox, un protocolo clínico propio orientado a casos complejos de SIBO, fibromialgia, resistencia a la insulina y sobrepeso resistente, aplicado a miles de personas. 

DietaryPlus mantiene convenios oficiales con la Universidad de Navarra, la Universidad de Zaragoza y la Universidad de Alcalá, y ha sido reconocida en 2025 como clínica de nutrición más innovadora de España por los Healthcare & Pharmaceutical Awards.  

En DietaryPlus trabajan desde un enfoque de nutrición clínica avanzada. ¿En qué se diferencia realmente de la nutrición más convencional que la mayoría de personas conoce? 

La nutrición que se enseña en casi todos los sitios va de sumar y restar: calorías que entran, calorías que salen. Como si el cuerpo fuera una calculadora.

Después de 22 años de consulta, hemos visto que eso no funciona. El cuerpo es biología pura, no matemáticas. Lo que de verdad importa es qué les pasa a tus células cuando comes algo: si se inflaman o se calman, si trabajan bien o se atascan, si tienen energía o se cansan.

Por eso trabajamos con el Método Redox. Ya no nos fijamos solo en si un alimento tiene muchas o pocas calorías, sino en qué le hace por dentro al paciente. Porque cuando las células funcionan bien, el peso, la digestión y la energía se ordenan solas. Es como cuidar la raíz de una planta en lugar de pintar las hojas.

Muchos pacientes llegan después de haber probado múltiples dietas sin éxito. ¿Qué suele fallar en esos enfoques tradicionales? 

Que la nutrición oficial no ha evolucionado al ritmo de la comida que tenemos hoy. La pirámide nutricional sigue casi igual desde hace décadas, pero los alimentos que llegan al plato han cambiado por completo: más procesados, más azúcares escondidos y menos densidad nutricional. Por eso unas pautas que antes podían funcionar, hoy se quedan cortas.

A eso se suma otro error muy frecuente: tratar el sobrepeso solo con recortes de calorías. Cuando alguien con menopausia, problemas digestivos o inflamación crónica intenta adelgazar con una dieta de 1.500 calorías, el cuerpo no entiende. Se siente atacado. Y reacciona como reaccionaría cualquiera al que le quitan la comida: guarda más, se cansa más, y al primer descuido recupera todo lo perdido. A eso lo llaman «efecto rebote», pero en realidad es supervivencia.

El sobrepeso muchas veces no es exceso, es inflamación. Y la inflamación no se cura quitando comida, se cura dándole al cuerpo lo que necesita para repararse.

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El Método Redox es uno de los pilares de su trabajo. ¿Cómo explicaría de forma sencilla en qué consiste y por qué va más allá de una dieta? 

Imagina una manzana cortada que dejas en un plato sobre la encimera. A los pocos minutos se pone marrón. Eso es oxidación.

Algo parecido, en miniatura, le pasa a tus células cada día. Es natural y hasta necesario; el problema llega cuando esa oxidación se descontrola y empieza a estropear cosas: energía baja, inflamación, peor digestión, envejecimiento antes de tiempo…

El Método Redox es nuestra forma de cuidar ese equilibrio. Elegimos los alimentos no por sus calorías, sino por cómo «limpian» o «ensucian» tus células. Un plato bien pensado es como un buen mantenimiento del coche: no solo le pones gasolina, también cuidas el motor para que dure muchos kilómetros.

En su consulta hablan de abordar la “fisiología real” del paciente. ¿Qué significa exactamente trabajar desde ese enfoque?

Significa mirar a la persona entera, no solo el número de la báscula. La fisiología es cómo funciona tu cuerpo por dentro: cómo digieres, cómo duermes, cómo produces energía, cómo gestionas el estrés. Todo está conectado. Si una parte falla, las demás se resienten.

Cuando alguien viene con kilos de más, casi nunca es solo «comer demasiado». Suele haber una digestión que no va bien, un sueño malo, un hígado saturado o una tiroides cansada. Si solo le pones a dieta sin mirar todo eso, le estás pidiendo a un coche con el motor averiado que vaya más rápido solo pisando más fuerte el acelerador.

Trabajar desde la fisiología real es arreglar primero lo que no funciona por dentro. El peso, después, baja casi solo.

El SIBO es uno de los problemas digestivos que más están tratando. Para quien no lo conozca, ¿qué es exactamente el SIBO y por qué está tan infradiagnosticado?

SIBO son siglas de «sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado». Suena complicado, pero la idea es muy fácil. En tu intestino viven millones de bacterias, casi todas buenas. Su sitio natural es el intestino grueso, al final del tubo digestivo. En el SIBO, esas bacterias suben donde no toca: al intestino delgado.

Es como si los inquilinos del bajo de tu edificio se mudaran al salón de tu casa. No es que sean malos, es que están donde no deben. Y empiezan a fermentar la comida antes de tiempo, produciendo gases, hinchazón, molestias y mala absorción de nutrientes.

Por eso muchos pacientes con SIBO comen poco… y aun así se hinchan como un globo después de comer. No es lo que comen, es dónde se está digiriendo.

El cuerpo no es caprichoso, es coherente. Si no responde, es porque hay algo por debajo que aún no se ha mirado: una digestión inflamada, una mitocondria agotada, un ritmo hormonal alterado…

Muchas personas conviven durante años con síntomas como hinchazón o gases sin obtener respuestas claras. ¿Qué señales pueden hacer sospechar que hay un SIBO detrás? 

La más habitual es esa hinchazón que aparece justo después de comer, casi como si estuvieras embarazado de cinco meses. Y muchas veces no se calma con nada.

Hay dos «tipos» de SIBO según el gas que producen las bacterias. El de hidrógeno suele dar hinchazón rápida, gases y diarreas frecuentes. El de metano se nota más como estreñimiento, hinchazón persistente y esa sensación de no terminar de digerir nunca.

Otras pistas: fatiga después de comer, intolerancias que aparecen «de la nada», la barriga que va creciendo a lo largo del día, déficits de hierro o vitaminas que no terminan de remontar… Si llevas tiempo así y nada cuadra, lo mejor es venir a una primera consulta clínica para valorar y, si hace falta, hacer la prueba de aire espirado. Suele ser un alivio enorme poner por fin nombre a lo que pasa.

En DietaryPlus realizan un estudio clínico específico con prueba de aliento. ¿Por qué es importante un diagnóstico riguroso antes de empezar cualquier tratamiento en casos de SIBO?

Porque el SIBO no es uno solo. Hay varios, y cada uno necesita un plan distinto.

Nosotros llevamos años haciendo planes para mejorar la flora intestinal, incluso cuando casi nadie hablaba de SIBO. La prueba de aliento nos dice si hay sobrecrecimiento, qué tipo de gas predomina y en qué grado está. Eso cambia mucho el tratamiento.

No es lo mismo un SIBO leve al final del intestino que uno avanzado en la parte alta. Tampoco es igual el de hidrógeno que el de metano. Tirar de «dieta de SIBO» genérica de internet es como tomar un antibiótico sin saber qué infección tienes: a veces aciertas y muchas veces empeoras.

Por eso insistimos en lo mismo: prueba bien hecha, plan personalizado y seguimiento cercano. El SIBO se trata muy bien cuando se aborda con datos.

Una vez diagnosticado, ¿por qué no es suficiente con seguir una dieta genérica y qué errores son los más habituales al intentar tratar el SIBO por cuenta propia? 

Como puedes ver hacerlo por cuenta propia requiere de muchos conocimientos para hacerlo bien.

El error más típico es tomar un antibiótico fuerte y un «comer lo que te siente bien». Suena lógico, pero suele dejar la flora intestinal todavía peor que al principio.

El antibiótico mata bacterias, sí, pero no distingue entre las que sobran y las que necesitas. Es como apagar un fuego pequeño en la cocina con una manguera de bomberos: apagas el fuego, pero también lo mojas todo.

Después suele venir un probiótico para «repoblar». El problema es que la flora intestinal no se cultiva en una semana ni con una sola pastilla. Es un ecosistema, como un bosque: necesita tiempo, alimento adecuado, condiciones buenas y un orden concreto para volver a crecer sana.

Sin un plan que repare la mucosa, calme la inflamación, reordene la flora y le devuelva el ritmo al intestino, el SIBO casi siempre vuelve. A veces, más fuerte.

Trabajar desde la fisiología real es arreglar primero lo que no funciona por dentro

Más allá del SIBO, trabajan con problemas como inflamación crónica, resistencia a la insulina o fatiga persistente. ¿Qué tienen en común todos estos cuadros desde el punto de vista metabólico?

Tienen la misma raíz: las células no están trabajando como deberían. Dentro de cada célula hay unas pequeñas centrales eléctricas llamadas mitocondrias. Son las que te dan energía para todo: pensar, digerir, moverte, dormir bien. Cuando se sobrecargan o se «ensucian» por exceso de azúcar, ultraprocesados, mal descanso o estrés, empiezan a fallar.

Y cuando fallan, lo notas en cosas que parecen distintas pero son la misma película: te inflamas con facilidad, tu cuerpo no maneja bien el azúcar, te falta energía aunque hayas dormido, acumulas grasa en la barriga, la digestión se vuelve perezosa.

Por eso en consulta no perseguimos un síntoma suelto. Cuidamos a la mitocondria. Cuando la célula recupera su ritmo, todo lo demás se va reordenando casi solo.

Para terminar, ¿qué le diría a una persona que siente que “ha probado de todo” y que su cuerpo no responde, pero aún no ha encontrado una explicación? 

Que el problema no es suyo. Es del enfoque. Cuando alguien lleva años cambiando de dieta, comprando suplementos, contando macros y aun así sigue cansado, hinchado o sin perder peso, no es falta de fuerza de voluntad. Es que se ha estado tratando un síntoma en lugar de la causa.

El cuerpo no es caprichoso, es coherente. Si no responde, es porque hay algo por debajo que aún no se ha mirado: una digestión inflamada, una mitocondria agotada, un ritmo hormonal alterado…

Mi consejo siempre es el mismo: para, respira y deja que alguien mire bien por dentro antes de seguir probando cosas por fuera. La mayoría de pacientes que llegan diciendo «ya no sé qué hacer» salen con una explicación clara en pocas semanas. Y por primera vez en mucho tiempo sienten que su cuerpo vuelve a tener sentido.

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