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Amalia Ortiz: “Pirineos Sur se encuentra en un momento de madurez y, al mismo tiempo, de evolución constante”

Amalia Ortiz
Directora del Festival Pirineos Sur

Pirineos Sur afronta su 33ª edición consolidado como uno de los festivales más singulares del país. Música, naturaleza y territorio vuelven a unirse en una propuesta que apuesta por la diversidad cultural, la sostenibilidad y la conexión con el entorno del Valle de Tena, manteniendo intacta la esencia que ha definido al festival durante más de tres décadas.

Pirineos Sur encara una nueva edición consolidado como uno de los festivales más singulares del país. ¿En qué momento diría que se encuentra actualmente el proyecto?

Pirineos Sur se encuentra en un momento de madurez y, al mismo tiempo, de evolución constante. Tras más de tres décadas de trayectoria, estos últimos años se ha consolidado una identidad muy clara basada en la calidad artística, el respeto por el entorno y la conexión con el territorio. En esta 33ª edición, el festival no solo reafirma su posicionamiento, sino que también da un paso adelante en términos de innovación, sostenibilidad y compromiso social. Los reconocimientos recibidos en el último año avalan ese trabajo (Medalla al mérito Turístico, Mejor programación artística, Mejor Destino Musical, Best Medium Festival), pero también nos obligan a seguir elevando el nivel.

El festival se celebra en el auditorio natural de Lanuza, un enclave único en el Pirineo aragonés. ¿Cómo condiciona y a la vez define este entorno la esencia de Pirineos Sur?

El entorno no es solo un escenario, es el corazón del festival. Trabajar en un espacio natural como Lanuza implica una responsabilidad enorme, pero también define una experiencia única e irrepetible. Todo lo que hacemos y pertenecemos a la producción de este festival, (desde la producción hasta la movilidad o la gestión de residuos) está condicionado por ese respeto al entorno. Esa limitación, lejos de ser un obstáculo, es precisamente lo que nos hace diferentes y nos obliga a ser más creativos y conscientes. Hay buscar más estos espacios que conectan con la experiencia musical y te da la opción de experimentar otras cosas como la naturaleza.

Uno de los grandes ejes del festival es el mestizaje cultural y musical. ¿Cómo se trabaja hoy esa idea de “músicas del mundo” en un contexto musical cada vez más globalizado?

Hoy más que nunca, el concepto de “músicas del mundo” se interpreta desde la diversidad, la hibridación y el diálogo cultural. No se trata solo de traer artistas de distintos países, sino de construir un relato coherente donde convivan distintas identidades, géneros y discursos. Buscamos propuestas que representen la realidad global actual, donde las fronteras musicales son cada vez más difusas, pero sin perder autenticidad. La música es un puente y esos puentes construyen, nunca hay que olvidarlo. Aquí ha habido cabida para artistas que traen diversos mensajes y estos espacios son indispensables actualmente.

La esencia de Pirineos Sur es la conexión entre música, naturaleza y personas

En los últimos años se ha puesto el foco en reforzar la presencia de mujeres en los carteles. ¿Qué evolución ha habido en este sentido y qué objetivos se marcan a futuro?

En los últimos años hemos avanzado de forma significativa en la presencia de mujeres dentro de la programación. Aun así, somos conscientes de que todavía queda camino por recorrer. Nuestro objetivo no es únicamente alcanzar la paridad en los carteles, sino incorporar la equidad de género de manera transversal en todo el proyecto: desde el booking hasta los equipos técnicos y de producción. Creemos firmemente que los festivales tenemos la responsabilidad de visibilizar talento diverso y contribuir a una industria más justa, especialmente cuando contamos con apoyo público. A futuro, aspiramos a que este esfuerzo deje de ser una excepción o un tema a destacar, y pase a estar completamente normalizado dentro del sector.

La sostenibilidad se ha convertido en un pilar del festival, con medidas como los autobuses lanzadera o la reutilización de vasos. ¿Cómo se gestionan estos cambios con el público y qué impacto real están teniendo?

La sostenibilidad no es una acción puntual, es una estrategia a largo plazo. Hemos trabajado mucho en la concienciación del público, integrando estas medidas de forma natural en la experiencia del festival. Los autobuses lanzadera, el uso de autos compartidos, de la bicicleta, la reducción de plásticos o la gestión responsable de residuos ya forman parte del ADN de Pirineos Sur. El impacto es tangible, pero también lo es el cambio cultural que estamos generando en nuestra comunidad. Sabemos que la gente hace conciencia, y esta incrementa cuando entienden y visitan el entorno.

Pirineos Sur tiene una capacidad limitada y muy concreta. ¿Se ha planteado en algún momento crecer o esa limitación forma parte de su identidad?

La limitación de aforo forma parte de una decisión estratégica y también de la identidad propia de Pirineos Sur. No buscamos crecer en volumen, sino en calidad y en impacto. Ese formato contenido nos permite cuidar la experiencia del público, el entorno natural y la relación con el territorio, que son pilares fundamentales del proyecto. Más que plantearnos un aumento de capacidad, el enfoque está en la mejora y modernización del recinto y de las infraestructuras, siempre desde una perspectiva sostenible y respetuosa con el entorno. En ese sentido, el crecimiento es y debería seguir siendo principalmente cualitativo que cuantitativo, orientado a ofrecer una experiencia cada vez más cuidada.

El festival combina conciertos con una experiencia de territorio, gastronomía y entorno natural. ¿Qué papel juega el Valle de Tena dentro de esa experiencia global?

El Valle de Tena es un aliado fundamental. Pirineos Sur no se entiende sin su entorno, su cultura y su comunidad. Trabajamos de forma estrecha con los agentes locales para generar un impacto positivo en el territorio, promoviendo el turismo sostenible y poniendo en valor la gastronomía y la identidad local. El festival es también una puerta de entrada a una experiencia mucho más amplia.

Cada año pasan por Lanuza artistas internacionales y nacionales de perfiles muy diversos. ¿Qué busca Pirineos Sur en un artista para que encaje en su programación?

Buscamos artistas con identidad, con un discurso propio y con capacidad de generar conexión con el público. Más allá de la popularidad, nos interesa que aporten valor al relato del festival y que encajen en esa idea de diversidad cultural que define a Pirineos Sur. La coherencia artística es clave en nuestra programación, pero también lo es la capacidad de propiciar encuentros inesperados. Nos interesa esa convivencia entre géneros y sensibilidades distintas: que alguien pueda venir atraído por el folk, las músicas de raíz o la canción de autor y, en ese mismo recorrido, descubrir propuestas de pop, electrónica, jazz o incluso sonidos más experimentales. Esa mezcla, poco habitual y hasta arriesgada en otros contextos, es precisamente una de las riquezas de nuestra propuesta. Y en un entorno tan singular como Lanuza, esa experiencia adquiere una dimensión aún más especial.

El entorno no es solo un escenario, es el corazón del festival. Trabajar en un espacio natural como Lanuza implica una responsabilidad enorme, pero también define una experiencia única e irrepetible

Más allá de la música, Pirineos Sur también impulsa valores sociales y de convivencia. ¿Qué papel cree que tienen hoy los festivales como espacios de transformación cultural?

Los festivales son espacios culturales necesarios, porque la música es cultura y una forma fundamental de expresión colectiva. No se trata solo de entretenimiento, sino de lugares donde se construyen significados, identidades y formas de relacionarnos. En ese sentido, los festivales tienen hoy una enorme capacidad de influencia: no solo programamos música, también generamos espacios de encuentro, diálogo y reflexión. En un contexto global complejo, creemos que es especialmente importante promover valores como la inclusión, la sostenibilidad, la diversidad y la convivencia. Pirineos Sur es un espacio donde estas ideas no solo se comunican, sino que se experimentan y se comparten de manera real.

Para terminar, después de más de tres décadas de historia del festival, ¿cuál diría que es la esencia que sigue intacta desde la primera edición?

La esencia es la conexión entre música, naturaleza y personas. Esa idea de crear un espacio único donde lo artístico y lo humano se encuentran sigue intacta. Hemos evolucionado, nos hemos adaptado a los tiempos, pero ese espíritu de apertura, respeto y celebración de la diversidad sigue siendo el alma de Pirineos Sur.

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