Opinión Viajes extraordinarios

Olvídate de las uvas: 5 formas extraordinarias de empezar el año viajando

Cada 31 de diciembre se repite la misma escena.

Doce uvas en la mano. Alguien pregunta si esas campanadas son ya los cuartos. Otro empieza antes de tiempo. Y siempre hay alguien peleándose con la uva número nueve.

Tengo una teoría: quizá empezamos el año con demasiada prisa.

Este año te propongo cambiar las uvas por una selva, un desierto, una playa, una aurora boreal o un antiguo palacio de Marajá.

Amazonas — que el primer sonido del año lo haga un mono
En un lodge en mitad de la selva descubres que allí el silencio no existe. Cruje una rama, canta un pájaro que no reconoces, algo chapotea en el agua y prefieres no saber qué ha sido. Recibir el año navegando un río caudaloso, y despertar el 1 de enero entre bruma, te recuerda algo que olvidamos con facilidad: el mundo es mucho más grande que tu agenda.

Laponia — empezar enero mirando al cielo
Todo es blanco antes incluso de aterrizar. Bosques, lagos helados, cabañas de madera y esa sensación de que alguien ha bajado el volumen del mundo. Nadie garantiza la aurora boreal, ni yo ni el mejor guía de Finlandia. Pero a veinte grados bajo cero, mirando la oscuridad, algunas noches una luz verde empieza a moverse — y de pronto nadie pregunta qué hora es.

Río de Janeiro — esta vez sí hemos venido a celebrar
Copacabana se llena de blanco, de siete olas con deseos, de ofrendas para la diosa Iemanjá. La teoría es elegante; la práctica es mantener impecable una camisa blanca entre medio Río bailando a tu alrededor. Música, calor, fuegos artificiales y el Atlántico de fondo. La diversión y la magia están aseguradas

Wadi Rum — empezar el año sin escuchar absolutamente nada
Montañas rojizas, arena infinita, horizontes que parecen otro planeta. Cuando se apagan las luces del campamento, el cielo entero cae sobre ti. El fuego, el té, una conversación, la arena bajo los pies. Hay años que empiezan con fuegos artificiales. Otros, con estrellas.

India — una Nochevieja escrita por un director de cine
Fortalezas iluminadas, patios de mármol, especias, turbantes imposibles. Dormir en un antiguo palacio en Jaipur, Jodhpur o Udaipur convierte la Nochevieja en algo muy distinto a una cena con cotillón. Muchos llegan pensando que recordarán monumentos, y vuelven hablando de instantes que no sabían que necesitaban.

¿Y entonces, cuál elegir?
Ninguna es mejor que otra. Depende de lo que busques: fiesta o silencio, calor o frío, desaparecer unos días o sentir que el universo entero celebra contigo.

Por eso, cuando alguien me pregunta «Javier, ¿adónde me recomiendas viajar?», yo prefiero preguntar: «¿qué te apetece vivir?

Porque el destino llega después. Y esa pequeña diferencia lo cambia todo.

Las uvas, por cierto, puedes llevártelas facturadas en la maleta. Pero comerlas en mitad del desierto, mirando la Vía Láctea, tiene un problema: después, cualquier otra Nochevieja te sabrá a poco.

 

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