Covid y empresas Opinión

No sólo cambia el virus

Profesor Titular de la Facultad de Veterinaria, Universidad de Zaragoza

http://winepi.net/covid19.htm

Según avanzan los meses (ya llevamos más de 2 años de pandemia) va cambiando el escenario epidémico. La gestión de una pandemia es un proceso dinámico y algunas medidas que eran necesarias hace unos meses han perdido vigencia mientras que otras han confirmado su efectividad. 

La cuestión es que cada vez disponemos de más datos para hacer un análisis de coste-beneficio que ha permitido minimizar algunas medidas por su elevado coste socio-económico (acortamiento de la duración de los aislamientos, supresión de las cuarentenas, eliminación de aforos máximos…) y otras por su reducida utilidad (gel desinfectante, mascarillas en exteriores…).

Para evaluar el impacto de estas medidas preventivas en la evolución de la pandemia es completamente necesario tener datos representativos de los casos que se presentan en la población, siendo especialmente importante la rapidez de obtención de esos datos al tratarse de una enfermedad con un periodo de incubación muy reducido (apenas unos días) y con una altísima transmisibilidad. Sobre este punto he de decir que hemos asistido a una escalada en la capacidad de contagio de las variantes dominantes.

El problema no es que el virus vaya mutando y experimentando cambios, sino que se están produciendo cambios muy significativos en los métodos de medición de la cantidad de personas infectadas. Hasta ahora la evolución de la incidencia se realizaba a nivel poblacional contabilizando los casos sintomáticos detectados y los contactos estrechos positivos identificados, aunque desde principio de enero de 2022 se redujo notablemente el rastreo de contactos estrechos y se habilitó la notificación voluntaria de posibles casos a través de autotests de antígenos. 

Sin embargo, desde mitad de marzo el sistema de medición de la incidencia cambia drásticamente y se enfoca en la notificación de casos en poblaciones especialmente vulnerables (mayores de 65 años, personas inmunocomprometidas…). Lo esperable es que la evolución de los casos notificados caerá drásticamente (como ha ocurrido en Suecia) y la curva epidémica ya no representará la propagación real del virus en la población.

El problema de esta discontinuidad en la estimación de las curvas de incidencia es que será más difícil evaluar la duración de la inmunidad natural inducida por las distintas variantes del virus, así como la inmunidad inducida por las vacunas, y estimar la probabilidad de reinfección frente a las distintas variantes circulantes.

Hay que tener en cuenta que un sistema de notificación que englobe a toda la población no es sostenible a medio y largo plazo y que en unos meses se implementará un sistema de vigilancia epidemiológica similar al utilizado para la gripe y otras infecciones respiratorias graves (lo más probable es que se incluya la Covid-19 como una de ellas). 

Este sistema de vigilancia se basa en dos pilares fundamentales: una red de médicos centinelas que proporciona una muestra representativa de la población y que permite estimar la evolución de la incidencia en pacientes sintomáticos, y el diagnóstico laboratorial de hospitalizados con infecciones respiratorias graves.

La incidencia basada en la red centinela nos permitirá estimar el grado de circulación viral en los distintos grupos de edad y su distribución a nivel comarcal, mientras que la investigación epidemiológica en hospitales cuantificará las consecuencias sanitarias de esa transmisión viral comunitaria del virus e identificará las variantes responsables de los casos más graves. Ambos sistemas permitirán optimizar los recursos disponibles y proporcionarán datos suficientes para una adecuada toma de decisiones.

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