Hablemos de economía Opinión

Globalidad en el mundo laboral

Antonio Morlanes Remiro

PRESIDENTE DE ARAGONEX

aragonex@aragonex.com · www.aragonex.com

En esta ocasión debo reconocer que la etimología que ofrece la RAE de la palabra trabajar no me enamora. Afirma que proviene del latín vulgar “tripiliare”, que significa torturar, vaya ánimos que nos da, igual lo aplica al sentido de salir de la cama para dedicarse a producir. 

Hay interpretaciones del acto de trabajar para todos los gustos, desde que fue un castigo divino por comer del árbol prohibido tan cara manzana, hasta como dice Job en su libro, que el hombre está hecho para trabajar, lo mismo que el ave para volar; pero avancemos más en la historia del trabajo, pues esos orígenes ya no tienen remedio.

La esclavitud desdibuja mucho el sentido del contrato de trabajo, en especial en Grecia y Roma y da paso a lo que se denomina, arrendamiento o alquiler de servicios, que, por supuesto, no permite hacer realidad las garantías de relación laboral en el entorno empresarial. 

A finales del siglo XIX en España desaparece esta fórmula, poco apropiada, y se instaura el contrato de trabajo. Debemos entender que la definición y regulación del trabajo no es un modelo estático, sino, todo lo contrario, cambiante con las propias formas de la sociedad.

Si colocamos el trabajo como sistema de producción empresarial, es necesario que lleguemos hasta la Revolución Industrial. Es en esa época cuando el hecho de ofrecer unos servicios a un tercero toma su papel real en la economía y, por tanto, también su reivindicación en el cometido que debe ocupar, que tendrá que ser de equilibrio justo. 

Pero todavía andamos lejos y el trabajador tiene una sola motivación que es el salario que cobra por su esfuerzo en la producción, este hace lo que se le indica y en el mejor de los casos recibe un incentivo por el incremento productivo.

Con relación a las horas de trabajo realizadas, es en el periodo que antes he mencionado cuando se regulan en 14 horas diarias durante 7 días a la semana. A partir de aquí ha habido una permanente reivindicación sobre la duración de la jornada laboral, que, aunque, por lo general esta demanda provenía de los movimientos sindicales, en otras ocasiones ha sido generada a través de los programas electorales de algunos partidos políticos con el fin de la captación de lo que se conoce como voto obrero (en la actualidad PODEMOS es quien más ha utilizado este sistema).  

Pero retomando al movimiento decreciente del horario laboral, veremos que ha pasado de las 14 horas, trabajadas en la segunda mitad del siglo XVIII y realizadas en 7 días semanales, a 12, posteriormente a 10, hasta llegar a las 40 horas de trabajo efectivo semanales. Pues bien,  esta evolución ha ido de la mano del avance tecnológico y de la necesidad de tiempo de ocio para el consumo.

Puestos en este punto se plantea la siguiente dicotomía, ¿cuál sería la elección de los trabajadores: disponer de una jornada laboral de 4 días semanales, eso sí, rebajando el salario, o permanecer en la situación actual? Creo que estamos en una encrucijada que no es fácil de resolver y que merece un estudio reposado más allá del horario. 

Creo, igualmente, que es el tiempo de redefinir el concepto del trabajo en una sociedad diferente y en un mundo global, por tanto, es aquí donde todos debemos ser capaces de aportar los criterios que consideramos para tener un modelo de desarrollo económico aceptable por la mayoría de empresarios y trabajadores.

Estamos en una parte de la historia de nuestro mundo en el que la incidencia de la tecnología y de la globalidad desdibujan el periodo anterior como nunca había sucedido. 

Pero también acontece que las generaciones, posiblemente conscientes de ser efímeras, no terminan de realizar una apuesta por el cambio total del modelo, y esto es comparable como quien deja los deberes a medio hacer, que, en definitiva, es como no hacerlos, pues bien, en nuestra sociedad pasa lo mismo, incrementado por el avance tecnológico ya que al ser demasiado dinámico no terminamos de adecuarlo, cuando ya está el siguiente.

 Somos bastante incapaces de predecir cómo va a venir el futuro más cercano y hacemos unos pronósticos basados en criterios poco sostenibles, Carlos Alonso Zaldívar, afirma con relación a esto: “Una ecuación diferencial es una especie de maquinita en la que introduces lo que estás pensando en un momento y te da como resultado lo que va a pasar después. Ningún economista sabe escribir las ecuaciones que rigen el cambio futuro de la economía”.

Pero vayamos a lo que nos concierne, que es el desarrollo del trabajo en este cambiante mundo. Debemos entender que este es una parte débil de la economía, pues tiene una alta tendencia a continuas alteraciones por  motivos dispares: las crisis, sean de cualquier tipo; la pandemia del COVID19; las guerras, aunque sean en otros confines, por tanto, ya que estas son circunstancias poco discutibles, hagamos el esfuerzo de entender que el mundo laboral deberá ser objeto de una verdadera integración en los procesos productivos de la economía y, entonces, podremos establecer cómo se tiene que producir el equilibrio justo dentro de ellos.

Creo con total convencimiento que ya pasó el tiempo de reivindicar cambios temporales, sectoriales y territoriales que desvirtúan el concepto de la globalidad. Paremos un momento a estudiar la evolución del comercio en la búsqueda de la eliminación de fronteras, porque los avances en la comunicación y la logística se desdicen con la interrupción que producen los modelos aduaneros y creo, que además de tener razón en dar sentido a la competitividad en la capacidad de producción, se deben también generar mercados más abiertos y dinámicos.

Pues esto mismo es lo que considero que deberá suceder con los recursos humanos en el mundo laboral. Es bastante injusto que la competitividad de las empresas se base en la explotación del coste de los recursos humanos, solo dependiendo de los países donde se esté realizando la producción correspondiente. 

Vivimos situaciones en las que los precios de muchas materias primas se mueven de acuerdo con situaciones a nivel mundial, petróleo, gas, aluminio, urea, etc., pues lo mismo deberíamos hacer con el precio del trabajo y sus condiciones en el mundo, sin diferencia por territorios, además, de ser más justo, participaríamos en la creación de más y mejores mercados eliminando la transgresión de los derechos humanos, que hoy se produce con la explotación en países faltos de desarrollo.

Debemos tener el reto de conseguir la vertebración y el equilibrio del mundo como un modelo más justo e igualitario, de lo contrario, al final terminaremos todos pagando las consecuencias.

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