Covid y empresas Opinión

Comportamiento multifactorial de las enfermedades infecciosas: Covid-19 no es la excepción

Profesor Titular de la Facultad de Veterinaria, Universidad de Zaragoza

http://winepi.net/covid19.htm

Al igual que ocurre con todas las enfermedades infecciosas y parasitarias, la Covid-19 es un proceso multifactorial en el que tres elementos interactúan entre sí y definen la probabilidad de que la enfermedad se manifieste. Estos elementos son patógeno, hospedador y medio ambiente.

Desde el principio de esta pandemia se ha producido una excesiva simplificación atribuyendo la evolución de la epidemia a un único factor. Recordemos que en cada fase se ha enfatizado en unos pocos factores. En las primeras ondas fueron el confinamiento y el mantenimiento de la distancia social, luego la desinfección de manos y evitar el contacto con superficies contaminadas, y a continuación vinieron las mascarillas y la ventilación. Cuando pasaron las primeras ondas epidémicas la culpa recayó en las nuevas variantes virales, hasta la llegada de las vacunas donde la inmunidad de rebaño se ha convertido en el eje del discurso de las autoridades sanitarias.

Si analizamos los tres elementos comentados vemos que no se puede entender la importancia de un factor sin considerar las relaciones entre patógeno-hospedador-medio.

Evidentemente la presencia del patógeno es fundamental y está determinada por su relación con el medio ambiente de forma que en determinadas condiciones sus probabilidades de permanecer en el medio cambian notablemente. SARS-CoV-2 es un virus ARN que tiene poca resistencia y cualquier desinfectante lo inactiva rápidamente, pero es su presencia en el aire y no en las superficies lo que determina su capacidad para infectar a las personas. 

Los virus se dispersan a través de aerosoles y su concentración depende de factores climáticos y le favorecen temperaturas frías y humedad baja. Otro factor importante es la exposición a la radiación solar que lo inactiva. Conociendo esta situación se entiende el interés de fomentar determinadas medidas preventivas dirigidas a disminuir esa concentración: ventilación de espacios cerrados, uso de rayos ultravioletas tipo C, realización de actividades al aire o el uso de mascarillas cuando no es posible reducir la concentración del virus en el aire.

Pero el virus también interactúa con su hospedador. Una vez que se produce la infección nuestro sistema inmune actúa frente al virus, pero lo hace de forma diferente según cada persona debido factores individuales que condicionan esta respuesta. Ya sabemos que la gravedad de la Covid-19 es mayor en personas mayores y en hombres, pero también se han descrito en los últimos meses factores genéticos que influyen en que la susceptibilidad sea diferente. 

Además, los virus ARN mutan con facilidad (son errores aleatorios que se producen al hacer la copia de su genoma) y determinadas mutaciones les hacen más eficientes a la hora de infectarnos y como resultado de esta interacción van apareciendo distintas variantes, siendo la variante Delta la que de momento se ha consolidado. En esta relación un factor fundamental es la vacunación que permite estimular la inmunidad preexistente del hospedador sin necesidad de un contacto previo con el virus, lo que nos da una ventaja muy importante, aunque no definitiva.

Pero es que las relaciones entre hospedadores y medio también son importantes. La distribución de la población en el medio no es aleatoria ni estática, sino que hay que considerar factores demográficos (nº de personas en una vivienda) y sociales (movimientos de las personas, actividad laboral…) que hacen que el virus viaje de un sitio a otro y aparezca con distintas concentraciones. De ahí el interés de limitar movilidad, aforos y horarios de algunas actividades.

En resumen, controlar una pandemia no depende de actuar sobre un solo factor sino sobre muchos de ellos que además dependerán del momento y de las interacciones existentes.

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