Opinión Viajes extraordinarios

Hay muchas formas de navegar por el Nilo. Esta es una de las que yo elegiría

Javier Lozano Pérez

MARKETING & DISEÑO DE VIAJES Y EVENTOS
@javierlozanozgz www.javierlozano.net

Me han preguntado muchas veces cuál es la mejor manera de conocer Egipto. Mi respuesta casi siempre empieza igual: si vas a Egipto, navega por el Nilo.

No solo por los templos de Luxor, Karnak, Edfú o Kom Ombo. Hay algo en ese río que ayuda a comprender el país.

El paisaje se ralentiza. A un lado, el desierto. Al otro, una franja verde de palmeras y cultivos. Pasan aldeas, pescadores y falucas. Y entiendes por qué el Nilo lleva miles de años marcando la vida de Egipto.

Ahora bien, cruceros hay muchos. Barcos que se presentan como «de lujo», también. Pero no todos responden a lo que yo entiendo por excelencia. Y en un viaje así, elegir bien el barco cambia mucho las cosas.

Por eso sigo con interés el Nile Seray, cuya entrada en servicio está prevista para noviembre de 2026.

32 suites. 64 pasajeros. Otro ritmo.

Me atrae, para empezar, su tamaño. Todas las suites miran al Nilo; algunas cuentan con terraza privada y jacuzzi exterior. Habrá piscina, spa y espacios pensados para disfrutar de la travesía sin prisas.

Aunque, para mí, lo importante nunca ha sido una piscina bonita ni una suite de muchos metros cuadrados.

Lo importante es lo que sucede a tu alrededor.

Despertarte frente al río. Desayunar mientras pasan las palmeras. Visitar un templo con un egiptólogo que no se limite a recitar dinastías y fechas, sino que consiga emocionarte con lo que estás viendo.

Regresar al barco, darte un baño y contemplar cómo una faluca atraviesa el Nilo al atardecer.

Eso sí me parece una buena manera de viajar.

El Nile Seray tiene previstas travesías de cuatro noches entre Luxor y Asuán, con visitas guiadas por egiptólogos y accesos especiales a tumbas de la necrópolis tebana, entre ellas las de Seti I, Ramsés VI, Tutankamón y Amenhotep III.

Pero hay algo que considero esencial al diseñar Egipto:

Un gran barco mejora el viaje. No debería ser el viaje entero.

Yo empezaría en El Cairo. Y me quedaría más tiempo en Asuán.

Dedicaría unos días a las pirámides, los museos y a descubrir esa ciudad inmensa, caótica y fascinante que tantas veces se reduce a una escala de paso.

Después, Luxor y la navegación.

Y al llegar a Asuán, no saldría corriendo hacia el aeropuerto. Reservaría algunas noches en el Sofitel Legend Old Cataract.

Me gustan los hoteles con historia. Y pocos escenarios resultan tan especiales como su terraza al caer la tarde, con la isla Elefantina al fondo y las falucas deslizándose sobre el agua.

Es un hotel unido a Agatha Christie y al universo de Muerte en el Nilo. Uno de esos lugares donde el pasado todavía parece acompañarte al cruzar la puerta.

Porque un gran viaje a Egipto se construye detalle a detalle.

Elegir bien el hotel en El Cairo. Saber a qué hora visitar las pirámides. Encontrar al egiptólogo adecuado. Decidir cuánto tiempo merece Luxor. Escoger un barco que realmente aporte algo. Y saber cuándo quedarse una noche más, en lugar de sumar otra visita.

Después de tantos años diseñando viajes, he comprobado que dos personas pueden conocer los mismos templos y regresar con recuerdos completamente diferentes.

La diferencia está en el ritmo, en las personas que te acompañan, en lo que incluyes y, sobre todo, en lo que decides dejar fuera.

Puedes haber visto Egipto en cientos de fotografías. Pero llega un momento, frente a las pirámides, dentro de una tumba del Valle de los Reyes o mirando el Nilo al anochecer, en que las imágenes dejan de servir.

Porque ahora estás allí.

Y eso es otra cosa.

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