Opinión RSC

Gobernanza del bien común y competitividad

Juan José Cubero Marín

Exprofesor titular de la Universidad de Zaragoza

jjcooperm@hotmail.com

Ya se empiezan a conocer las siglas GBC, Gobernanza del Bien Común, como el último eslabón de la cadena RSE, RSC, ESG (ASG), para terminar, de momento, de incluir el bien común en la forma de gestionar las empresas, con la finalidad de asegurar en las mismas, altos niveles de competitividad; no se trata de que las empresas sean consideradas como ONGs, se busca esa parte humana que pueda ofrecer a todos sus interlocutores la mejor imagen, donde la transparencia y una gestión ética demuestren que la gobernanza de la empresa se sitúa en las más altos niveles de la excelencia.

Es cierto que tantas regulaciones normativas, directivas y leyes de todo tipo, que en muchas ocasiones hay que sumarles las certificaciones que acreditan el cumplimiento de todo lo anterior, hacen que se esté más preocupados por los papeles que por un cumplimiento práctico, que es el que cuenta.

Hoy se dispone de “herramientas” que pueden ayudar a implementar la GBC y nos estamos refiriendo a aspectos que pueden hacer perder la eficiencia en nuestras empresas, qué por unas circunstancias, o por otras, al final, en lugar de obtener beneficios, lo que se consigue son pérdidas y se escapa del concepto, tan utilizado, como es la sostenibilidad, peligrando la propia existencia de la empresa.

Hay que vigilar muy de cerca: los costes de la energía, los de las materias primas, los desperdicios, las horas perdidas por accidentes laborales e incluso la propia salud de los trabajadores, el absentismo, la corrupción y otros, qué por cumplir con la legislación climática, también aumentan los costes. Hay que vigilar muy de cerca los datos de estas cargas no deseables, evaluarlos, en primer lugar, y según la tendencia de los mismos, tomar medidas, lo más pronto posible, de otro modo se perderá la competitividad y la correspondiente rentabilidad.

El mejor antídoto para todos estos problemas es la formación; aunque esto,  corresponde a las administraciones públicas a través de sus diferentes niveles académicos; las empresas por su parte, también deben organizar actividades formativas con programas en materia de todo lo que se ha comentado anteriormente.

Un peso importante, adquieren las organizaciones empresariales, clusters y otras, facilitando programas formativos adaptados a todas estas situaciones. Sin embargo, se aprecia una intensidad muy fuerte, en estos momentos, con la formación en materia de Inteligencia Artificial, muy necesaria, por cierto, pero a la IA le deben acompañar otros aspectos, entre los que se encuentran los anteriormente señalados.                                                                                                                                             

Ciertamente las empresas se tienen que ocupar de muchas cosas, y esto no es fácil. Antes lo primordial era captar clientes y luego realizar buenos diseños, para a continuación, fabricar productos y servicios de la más alta calidad, cumpliendo con los plazos y la atención postventa. Ahora todo es diferente, con exigencias por todas partes que hay que cumplir; verdaderamente está todo muy complicado, y al final esto es muy difícil de llevar a cabo. Por eso vamos a recordar lo que decía Thales de Mileto, a este respecto:

“Lo difícil se consigue con esfuerzo, lo imposible con inteligencia”

 

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