Empresas, economía y actualidad Entrevistas

Luis Tolosa (MAS Seeds): “Ayudamos a que los agricultores puedan producir mejor, con más estabilidad y con menos riesgos”

Luis Tolosa
Country manager de MAS Seeds Iberia

Desde MAS Seeds Iberia, su country manager analiza los grandes retos del campo: cambio climático, innovación genética y sostenibilidad. Una conversación sobre cómo la mejora vegetal y la tecnología buscan garantizar una agricultura más resiliente, eficiente y preparada para el futuro.

Usted ha desarrollado una carrera muy ligada al sector agroalimentario y actualmente es country manager de MAS Seeds Iberia. ¿Cómo llega al mundo de las semillas y qué le atrajo de este ámbito profesional?

Llego al mundo de las semillas casi de forma natural, después de muchos años vinculado al entorno agroalimentario. Siempre me ha atraído trabajar en la base del sistema, donde realmente se toman decisiones que condicionan todo lo que viene después. El sector de las semillas tiene algo muy especial: combina ciencia, campo y personas. Trabajas con genética, con agricultores, con industria y con territorio. Esa visión de largo plazo y ese impacto real en la producción de alimentos fueron claves para que me enganchara a este ámbito. Además, el reto de innovar y aportar sostenibilidad al sistema productivo me motivó desde el inicio

MAS Seeds trabaja en la mejora y creación de variedades vegetales desde el inicio de la cadena alimentaria. ¿Cómo explicaría de forma sencilla cuál es su papel dentro del sistema agroalimentario?

Nuestro papel es muy sencillo de explicar: ayudamos a que los agricultores puedan producir mejor, con más estabilidad y con menos riesgos. En MAS Seeds desarrollamos variedades que se adaptan a las condiciones reales del campo, tanto desde el punto de vista productivo como medioambiental. Si la semilla funciona, toda la cadena se beneficia: el agricultor, la industria y, en última instancia, el consumidor. Otro aspecto a tener en cuenta es que impulsamos la innovación genética que mejora la rentabilidad y refuerza la sostenibilidad del sistema a largo plazo.

En su trabajo, el “breeding” o mejora genética es una parte clave. ¿En qué consiste exactamente este proceso y qué impacto tiene en el día a día de los agricultores?

El breeding consiste en seleccionar y mejorar plantas para que expresen las mejores características posibles: productividad, resistencia a enfermedades, adaptación al clima o calidad del grano. Para el agricultor esto se traduce en variedades más fiables, que responden mejor ante el estrés hídrico, las altas temperaturas o las plagas. Es una mejora silenciosa, pero fundamental para su rentabilidad y tranquilidad, ya que reduce incertidumbres, optimiza el uso de insumos y facilita una planificación más segura de cada campaña.

 

Ha señalado en alguna ocasión que el objetivo es crear plantas que se adapten mejor a los agricultores en un contexto de cambio climático. ¿Cuáles son hoy las principales presiones que sufre el campo?

Las principales presiones son claras: la incertidumbre climática, la reducción de disponibilidad de agua, el aumento de costes y una presión regulatoria creciente. El agricultor tiene hoy menos margen de error que nunca. Por eso necesitamos variedades más resilientes, que garanticen rendimientos estables incluso en condiciones adversas. permitiendo mantener la viabilidad económica de las explotaciones y asegurar el suministro alimentario.

En el ámbito de la innovación, destaca el uso de nuevas técnicas genéticas que permiten reducir los tiempos de desarrollo de variedades. ¿Qué supone poder acortar estos procesos entre cuatro y cinco años?

Supone ser mucho más ágiles y eficaces. El ciclo de desarrollo de una variedad es largo, y el clima no espera. Poder acortar entre cuatro y cinco años significa poner antes en manos del agricultor soluciones adaptadas a los retos actuales, no a los de hace una década. Es una ventaja estratégica enorme en términos de competitividad y sostenibilidad, ya que permite anticiparse a escenarios climáticos cambiantes y responder con mayor rapidez a las necesidades reales del campo.

Europa avanza a un ritmo distinto al de otros mercados como Estados Unidos en la adopción de estas tecnologías. ¿Cree que el marco regulatorio europeo está frenando la competitividad del sector?

Europa ha apostado históricamente por la seguridad y la precaución, y eso es comprensible. Pero también es cierto que el exceso de cautela puede frenar la innovación. Si no somos capaces de integrar nuevas tecnologías con rigor científico, corremos el riesgo de perder competitividad frente a otras regiones que avanzan más rápido, limitando además la capacidad del sector para atraer inversión, talento y responder a los retos globales.

El campo necesita reglas, sí, pero también necesita libertad para avanzar, apoyándose en la evidencia técnica y en la capacidad del agricultor para tomar decisiones responsables y sostenibles

En su experiencia, ¿qué diferencias más claras observa entre la innovación agrícola que se está desarrollando en Europa y la de otros países?

La principal diferencia es la velocidad. En otros países la innovación llega antes al campo y se valida más rápidamente. En Europa tenemos un nivel científico altísimo, pero a veces cuesta trasladar ese conocimiento a soluciones prácticas para el agricultor. Mejorando los marcos regulatorios y los canales de transferencia para acelerar la adopción en el terreno.

MAS Seeds cuenta con presencia internacional y también con una base operativa en Zaragoza. ¿Qué papel juega Aragón dentro de la estrategia de la compañía?

Aragón es una región clave para nosotros. No solo por su ubicación estratégica, sino porque representa muy bien los retos de la agricultura mediterránea: variabilidad climática, estrés hídrico y diversidad de cultivos. Nuestra base en Zaragoza nos permite estar cerca del agricultor, probar y desarrollar variedades en condiciones reales. Validar resultados en campo y adaptar la innovación a las necesidades específicas de la zona.

El sector agrícola suele estar muy vinculado a la tradición, pero usted habla de una agricultura cada vez más tecnificada. ¿Cómo se consigue ese equilibrio entre innovación y realidad del campo?

Escuchando al agricultor. La tecnología solo tiene sentido si resuelve problemas reales. No se trata de imponer innovación, sino de acompañar. El equilibrio se logra cuando la innovación se integra de forma natural en la práctica diaria del campo, respetando el conocimiento tradicional, siendo sencilla de aplicar y aportando un valor claro en productividad, eficiencia y sostenibilidad.

¿Cómo es su relación con AJE y en qué proyectos colaboran?

Mi relación con AJE es muy positiva. Compartimos una visión muy similar sobre liderazgo, emprendimiento y desarrollo profesional. Colaboramos en iniciativas de divulgación, intercambio de experiencias y apoyo a jóvenes profesionales que quieren construir proyectos sólidos en sectores tradicionales como el agroalimentario, aportando visión empresarial, fomentando redes de colaboración y poniendo en valor el talento joven como motor de transformación.

Para terminar, en una entrevista anterior afirmó que “no hay que ponerle puertas al campo”. ¿Sigue manteniendo esa idea hoy y qué significa para usted en el contexto actual de la agricultura?

La mantengo más que nunca. “No poner puertas al campo” significa confiar en el conocimiento, en la ciencia y en los profesionales del sector. Significa permitir que la agricultura evolucione, que innove y que se adapte. El campo necesita reglas, sí, pero también necesita libertad para avanzar, apoyándose en la evidencia técnica y en la capacidad del agricultor para tomar decisiones responsables y sostenibles.

 

 

 

Related Posts