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David Francisco: «Bowie tenía esa necesidad de explorar lo que sentía que tenemos dentro, aunque a veces no lo podamos ver»

David Francisco
Escritor y editor

Entre lecturas de ocultismo, espiritualidad y biografías musicales, el autor de ‘David Bowie y el espíritu oculto’ fue encontrando pistas que apuntaban a una faceta menos conocida del artista: su búsqueda interior. En esta entrevista recorre el “viaje circular” de Bowie —del budismo a una exploración constante del cambio, la contradicción y la libertad— y reflexiona sobre los estados alterados de conciencia, la diferencia entre espiritualidad y religión organizada y el impulso humano de conectar con algo más grande.

En ‘David Bowie y el espíritu oculto’ abordas la faceta más mística del músico, ¿cómo te llegó el interés?

Este libro surge de muchas lecturas, tanto de temas de espiritualidad, esoterismo y escritores ocultistas como de artículos, biografías o textos sobre Bowie en las que, además, vi que a él le interesaban mucho estos asuntos también. Entonces llegó un momento que fue una cuestión de ir uniendo esos intereses y poniendo en relación sus lecturas y las mías.

Algo que me llamó la atención también es que él empezó en el budismo y regresó a él al final de su vida.

Es un viaje circular. Él era muy inquieto, muy curioso. Tenía esa necesidad de explorar lo que sentía que tenemos dentro, aunque a veces no lo podamos ver. Encontró una manera a través del budismo pero luego amplió esa búsqueda y esa necesidad a través de muchos tipos de arte, de creatividad, a través de las drogas, a través del cuerpo, del sexo, del placer, a través de toda clase de excesos. Porque, como decía Blake, el camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría. Fruto de su curiosidad, siguió buscando durante toda su vida. 

Es verdad que el budismo le dejó una serie de ideas iniciales sobre las que construyó su personalidad y toda su trayectoria, como por ejemplo el concepto del cambio. La impermanencia es una de las ideas budistas esenciales y él digamos que transformó su carrera en una impermanencia constante, para que su estilo fuera la propia indagación, el cambio. Algo que, además, en su contexto no era tan extraño. Hoy en día nos puede parecer un poco estrafalario, pero en su época los artistas eran más abiertos a impregnarse con diversos estilos, aunque ciertamente él llevó esto a un extremo inédito.

Él no solo no luchaba contra sus contradicciones, sino que las abrazaba.

Es verdad que Bowie abrazaba la contradicción de una manera natural. Como decía Walt Whitman, “contengo multitudes”. Él era consciente de que todos podemos contener multitudes en nuestro interior, y está bien dejar que se expresen, que cada día hable uno de nosotros. De ese nosotros que vive en nosotros.

¿Fue más libre al no tener que limitarse con etiquetas?

Desde luego, yo creo que su búsqueda principal, además de una trascendencia espiritual, digamos, fue la libertad absoluta.

¿Crees que hay estados de conciencia a los que solo se accede mediante experiencias intensas como drogas, meditación profunda u otras prácticas más extremas?

Lo sintamos o no así, hay estudios que afirman que el cuerpo es un receptor de señales y también un emisor. Entonces, en ocasiones, para sintonizar con otras frecuencias u otros niveles de percepción hay que acceder a estados alterados de lo que denominamos conciencia, de nuestro yo cotidiano. Eso se puede hacer, en efecto, desde las drogas, o desde unas meditaciones muy intensas, muy profundas, o desde ejercicios ascéticos de diversos tipos. Hay mucha literatura escrita y muchas experiencias registradas a lo largo de la historia. Pero sí, yo creo que alterar el estado de lo que llamamos conciencia permite acceder a otros conocimientos.

Remarcas en el libro varias veces que Bowie era muy espiritual pero no creía en la religión organizada. ¿Crees que hoy confundimos “espiritualidad” con “religión”?

Sí. Muchas personas no exploran su espiritualidad, o ni siquiera admiten interés en ella, por miedo a que se interprete “ser religioso” exclusivamente como “ser católico”, por ejemplo, o cualquier credo concreto. Ese vínculo sigue muy marcado en la sociedad.

¿De dónde viene ese rechazo a la espiritualidad?

Lo he visto, por ejemplo, en gente que vivió el franquismo y era de izquierdas: rechazaban todo lo que sonara a espiritualidad porque la asociaban con la religión y con la derecha. Pero la espiritualidad es algo mucho más amplio y está por encima de jerarquías y estructuras que, al final, a menudo son más bien terrenales, económicas y políticas.

¿Era también anticlerical Bowie?

Sí, profundamente. Huía de esas jerarquías y pensaba, como los antiguos gnósticos, que cualquiera puede entrar en contacto con “lo divino” por sí mismo, sin sacerdotes o “intermediarios”. 

Todos estamos capacitados para trascender si aceptamos el trabajo interior y asumimos la responsabilidad que exige nuestra conciencia.

¿Qué tienen en común las distintas religiones y creencias?

Cuando lees sobre estos temas, te das cuenta de que todas hablan, en el fondo, de lo mismo: el deseo de conectar con esa voz interior y de pertenecer a algo más grande. Luego cada cultura desarrolla sus rituales y métodos, pero la inquietud inicial es la misma: preguntas como quiénes somos, de dónde venimos o a dónde vamos. Puede que no se resuelvan nunca, pero lo que importa es estar en esa búsqueda.

Este es el segundo título publicado por Frecuencia, el sello musical de Pregunta Ediciones. ¿Qué objetivo tiene este sello y qué vais a publicar?

La idea es publicar libros sobre música moderna y contemporánea de temática amplia: biografías, estudios concretos (como este), cancioneros o análisis de discos y artistas. No muchos títulos al año, pero sí con una exigencia alta: contenidos interesantes y personajes relevantes. Tendremos un pie en Aragón, porque estamos aquí, pero con vocación nacional e internacional: el primer libro fue Los chicos de provincias somos así, de Miguel Mena, sobre el grupo oscense Mestizos, este segundo sobre Bowie, y los próximos estudiarán a otro músico aragonés y a un músico alemán.

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