Fisios Opinión

Cuando la recuperación no avanza:  mirar también la salud mental puede ser clave

Colegio de Fisioterapeutas de Aragón

Un paciente se recupera de una operación de cadera. Todo ha ido bien, la intervención ha sido un éxito, pero pasan las semanas y algo no encaja. El dolor persiste, la motivación es baja y la recuperación no avanza como debería. ¿El problema es físico? No necesariamente, o al menos no solo.

Cada vez más fisioterapeutas advierten de una realidad que todavía no siempre se integra en la práctica clínica diaria: detrás de muchos procesos de recuperación hay factores emocionales, conductuales y sociales que pueden condicionar directamente la evolución del paciente. Ansiedad, depresión o estrés, miedo al movimiento, baja confianza o alteraciones del sueño pueden ralentizar los resultados clínicos incluso cuando el tratamiento está correctamente planteado.

Desde el Colegio Profesional de Fisioterapeutas de Aragón, Yolanda Marcén, miembro de su Junta de Gobierno, y Sandra Calvo, coordinadora de la sección de salud mental, insisten en la necesidad de incorporar esta mirada en la práctica diaria. “No podemos entender la salud como algo dividido. Cuerpo y mente forman parte del mismo proceso”, explican.

La evidencia científica respalda esta idea: en intervenciones como las prótesis de cadera o rodilla, se ha observado que la presencia de malestar emocional, ansiedad, síntomas depresivos o baja autoeficacia puede asociarse con peor percepción del dolor, menor adherencia al ejercicio y una recuperación funcional más lenta. “Ignorarlos no solo retrasa los resultados, sino que puede cronificar el problema”, anotan desde el Colegio Profesional de Fisioterapeutas de Aragón.

Pero no se trata de casos aislados. El vínculo entre salud física y mental aparece también en el dolor crónico, en procesos neurológicos o en el envejecimiento. Las molestias persistentes, la fatiga, la evitación del movimiento o la falta de adherencia al tratamiento pueden tener un origen que va más allá de lo físico, y que debemos explorar.

El ejercicio terapéutico no se entiende solo como una pauta de repeticiones, series o cargas. También puede ser una vía para recuperar confianza, mejorar la percepción corporal, regular la respuesta al estrés y favorecer que la persona vuelva a sentirse capaz

En este contexto, la fisioterapia está evolucionando hacia un enfoque más completo, basado en una comprensión biopsicosocial de la salud. Ya no se trata solo de aplicar técnicas, movilizar una articulación o fortalecer un músculo, sino de observar al paciente en su globalidad: cómo se mueve, cómo respira, cómo duerme, cómo interpreta el dolor, qué seguridad siente al moverse y cómo se relaciona con su propio cuerpo. El movimiento deja de ser únicamente mecánico para convertirse en una herramienta terapéutica, educativa y de reconexión corporal.

Desde esta perspectiva, el ejercicio terapéutico no se entiende solo como una pauta de repeticiones, series o cargas. También puede ser una vía para recuperar confianza, mejorar la percepción corporal, regular la respuesta al estrés y favorecer que la persona vuelva a sentirse capaz. La progresión gradual, el trabajo respiratorio, la conciencia corporal, la exposición segura al movimiento y la educación en dolor son recursos que permiten adaptar el tratamiento a las necesidades reales de cada paciente.

Además, el aumento de los problemas de salud mental tras la pandemia ha reforzado esta necesidad. Los fisioterapeutas, por su cercanía y contacto continuado con los pacientes, están en una posición clave para detectar señales de alerta, adaptar sus intervenciones y, cuando sea necesario, derivar o trabajar de forma coordinada con otros profesionales sanitarios. No se trata de sustituir la labor de la psicología o la psiquiatría, sino de reconocer que la salud mental influye en el cuerpo, en el dolor, en el movimiento y en la recuperación.

Desde el Colegio subrayan que la formación en este ámbito es cada vez más necesaria. Incorporar conocimientos en salud mental permite mejorar la adherencia al tratamiento, optimizar los resultados y ofrecer una atención más ajustada a las necesidades reales de cada persona.

Porque, en muchos casos, la diferencia entre avanzar o estancarse en una recuperación no está solo en el músculo o la articulación… sino también en la confianza, el miedo, el descanso, la percepción del dolor y todo aquello que no siempre se ve, pero que el cuerpo también expresa.

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