Ricardo Álvarez: «FAS está asentada como referente en cooperación para las administraciones aragonesas y siempre se ha escuchado nuestra voz»
Ricardo Álvarez
Presidente de la Federación Aragonesa de Solidaridad (FAS)
Ricardo Álvarez, presidente de la Federación Aragonesa de Solidaridad y uno de sus fundadores, repasa tres décadas de cooperación aragonesa marcadas por el crecimiento del sector, la defensa de la cooperación descentralizada y la construcción de un espacio sólido de diálogo con las instituciones.
Desde la creación de la Cátedra de Cooperación hasta informes anuales de referencia, pactos políticos y proyectos innovadores como Unaquí o Suralia, la FAS ha impulsado hitos que han transformado el panorama autonómico. En un contexto de recortes y negacionismo, Álvarez reivindica la coherencia de políticas, la conciencia social y la “solidaridad que se siembra cada día”.
El año pasado la FAS cumplió 30 años. Si miras atrás, ¿qué te viene primero a la cabeza de aquel 1994 en que empezó todo?
Bueno, en realidad el germen había empezado hacía algún tiempo. La ONGD a la que pertenezco llevaba nueve años trabajando, y otras veinte o más todavía. Fueron momentos de crecimiento, de grandes campañas como la del 0.7 o la de la Deuda Externa… o las de la insumisión. Estaba reciente la contracelebración del Quinto Centenario o la lucha contra la base americana. Y eran años convulsos internacionalmente: el alzamiento zapatista, la guerra de Bosnia, la masacre de Ruanda, el fin del apartheid sudafricano…
De nueve oenegés habéis pasado a casi sesenta. ¿Qué ha permitido mantener la cohesión en una federación tan plural durante tres décadas?
Efectivamente, tenemos una gran diversidad: organizaciones locales, estatales e internacionales; con gran nivel de actividades y proyectos o con reducido número de ellos; centradas en un país o actuando en varios continentes; confesionales, filiales de sindicatos o partidos, independientes… Pues yo creo que, por un lado, nos une la convicción, la fe en nuestro trabajo y, por otro, el respeto mutuo que llega a convertirse en cariño. Conocernos y no tensar situaciones internas, saber conllevarnos.
¿Qué significa para ti presidir la FAS justo en este aniversario, después de haber sido una de las personas que contribuyó a fundarla?
Son casualidades que ocurren y que pueden resultar gratificantes, pero que te vienen dadas. Pues quizás la alegría de comprobar su crecimiento y su fortaleza, cómo ha ido conquistando un lugar en el espacio público, tanto frente a las instituciones como ante las organizaciones sociales y políticas y la ciudadanía en general.
¿Qué papel juega hoy la FAS como interlocutora ante las instituciones aragonesas? ¿Se escucha realmente la voz de la cooperación en los espacios de decisión?
Claramente la FAS está asentada como referente en cooperación para las administraciones aragonesas y siempre se ha escuchado nuestra voz. Se han firmado pactos por la cooperación con varias de ellas, pero pocos se han cumplido (en realidad sólo uno, el del Ayuntamiento de Teruel). Se escucha, pero se decide con racanería si no claramente en contra, como está sucediendo ahora en algunas. Esta última es una situación que nos preocupa.
En estos años, la FAS ha impulsado proyectos de enorme calado, como la Cátedra de Cooperación de la Universidad de Zaragoza. ¿Qué hitos destacarías como los más transformadores?
La creación de la Cátedra en 2008 estuvo precedida por casi diez años de colaboración con la Universidad de Zaragoza y el Gobierno de Aragón. La Cátedra ha supuesto un impulso a la formación, difusión e investigación universitaria en cooperación para el desarrollo, de la cual destaca el Máster Propio de la Universidad de Zaragoza en Cooperación para el Desarrollo.
En el 2000 participamos en la elaboración de la Ley 10/2000 relativa a la Cooperación para el Desarrollo. Desde entonces, en el seno de la FAS se han debatido y hecho aportaciones a leyes, normativas o planes autonómicos, locales y estatales. Representamos a las ONGD en órganos de participación de la administración como el Consejo Aragonés de Cooperación para el Desarrollo.
En el año 2002 presentamos el Primer Informe de Ayuda Oficial al Desarrollo de la Cooperación Aragonesa. Lo seguimos elaborando anualmente y ya es un referente en el seguimiento de los recursos públicos destinados a la cooperación al desarrollo.
En 2005 abrimos el espacio de comercio justo SURALIA en el Joaquín Roncal. Durante 19 años hizo posible el acceso a un consumo sostenible y fue un espacio vivo de actividades de sensibilización. Nuestro trabajo conjunto con el Ayuntamiento consiguió que en 2017 Zaragoza fuera reconocida con el título internacional de Ciudad por el Comercio Justo.
En 2007 se creó el Comité Autonómico de Emergencias Humanitarias de Aragón, a propuesta de la FAS, con el objeto de mejorar la coordinación de administraciones y ONGD en las emergencias humanitarias internacionales.
De nuestra labor de diálogo y presión sobre las instituciones y los partidos políticos, destacaría como hito los Pactos por la Cooperación que hemos promovido en diferentes instituciones, en los que todas las fuerzas políticas se comprometen a mejorar la calidad y cantidad de la ayuda al desarrollo. Se han firmado pactos en el Ayuntamiento de Zaragoza (2007 y 2017), en las Cortes de Aragón (2018), en el Ayuntamiento de Teruel (2015 y 2021) y en la Diputación de Teruel (2019), estos últimos en colaboración con la coordinadora turolense Punto de Encuentro.
En 2009 creamos Unaquí, un servicio de asesoramiento y de gestión de recursos sobre Educación para la Ciudadanía Global, que ha trabajado con más de 500 centros de educación formal de todos los niveles, proyectos de educación no formal, centros culturales o bibliotecas.
La FAS ha abierto líneas nuevas de trabajo solidario en Aragón, que luego han germinado en procesos autónomos. Como AFRICagua, que en 2008 puso el foco en el codesarrollo; o el FeedingZgz (2012) y #ZgzNoTiraComida (2017), donde alimentamos a 5.000 personas con comida que iba a ser desechada y que supusieron un aldabonazo sobre el desperdicio alimentario.
De las acciones de sensibilización y movilización, destacaría las concentraciones de duelo por las víctimas en la Frontera Sur española, que convocamos cada mes desde el año 2018 junto a la Plataforma Ciudadana contra el Racismo.
Por último, destacaría los Premios anuales a la Trayectoria Solidaria (2018), y por el Día del cooperante (2023).
Bueno, seguro que me dejo más cosas significativas.
En alguna ocasión has hablado de un “bache de negacionismo” en torno a la cooperación. ¿A qué te refieres exactamente y cómo se puede contrarrestar?
Hasta hace pocos años, todos los partidos valoraban las políticas de cooperación de los entes locales (ayuntamientos, diputaciones…), aunque encontrasen excusas para no dotarlas adecuadamente. Nadie nos había atacado directamente; más bien eran buenas palabras aunque luego las respuestas fuesen poco satisfactorias en cuanto a los ritmos; pero al menos se excusaban y hacían propósito de enmienda. Sin embargo, en este momento hay un grupo político que explícitamente niega la vigencia de la cooperación descentralizada y ha conseguido reducirla a la mínima expresión donde ha tenido fuerza para ello.
Nosotros hemos reclamado que deje de considerarse la cooperación como moneda de cambio, que hablar de las necesidades de aquí enfrentándolas a las de allí es falaz. ¿Con el cero coma cero algo que dedican a cooperación pretenden arreglar lo de aquí? ¿Qué hacen pues con más del noventa y nueve coma nueve por ciento del presupuesto?
Has señalado también que el enfoque de la cooperación ha evolucionado desde la ayuda asistencialista hacia la coherencia de políticas. ¿Qué implica ese cambio en la práctica?
Ya se había ido pasando en el siglo pasado de dar peces a dar la caña de pescar, incluso a preguntar si lo que querían era pescar. Se iba a paliar efectos, pero no se atacaban las causas. Hay que ponerse otras gafas e investigar en qué medida cada una de las políticas sectoriales influyen en otros lugares y en otros tiempos futuros. Se comenzó con un simple no dañar, que unas políticas anulen los logros –escasos- que consiguen otras, para llegar a la formulación de una acción global de gobierno¸ en la que todas las políticas sean sinérgicas y vayan dirigidas a la consecución de ese desarrollo global sostenible. Ahí hay una gradación entre las políticas regionales (Unión Europea, por ejemplo), estatales y locales, pero todas tienen su parte alícuota. Todas tienen necesidades financieras (¿a qué banca se acude?), suponen contrataciones (¿con qué cláusulas, con qué empresas?), conllevan compra pública (¿qué productos, a qué firmas comerciales?), todas tienen repercusiones medioambientales…
¿Qué lugar ocupa hoy la cooperación descentralizada en el modelo español y qué valor añadido aporta respecto a la estatal?
La cooperación descentralizada es una seña de identidad de la cooperación española y ha sido reconocida en la nueva ley 1/2023 de Cooperación para el Desarrollo Sostenible, aprobada por todas las fuerzas parlamentarias (menos una). Tiene el valor de la proximidad a la ciudadanía de aquí, que toma conciencia de las tremendas e injustas desigualdades que se dan en el concierto mundial; tiene mayor eficiencia por la amplia incorporación de voluntariado a través de las ONGD (mayoritarias en su ejecución); conlleva un enfoque más igualitario –más allá del donante-receptor que rezuma paternalismo y superioridad- por establecer relaciones entre las comunidades de aquí y las de allí; está al margen de consideraciones geoestratégicas que suelen viciar por desgracia las políticas estatales o regionales (ayuda condicionada)… Es la joya de la corona de la cooperación española, que ahora pretende negar un grupo político.
En Aragón, los fondos públicos destinados a cooperación se han reducido en los últimos años. ¿Qué consecuencias está teniendo eso sobre el trabajo de las oenegés?
La reducción ha sido brutal en las dos mayores instituciones aragonesas, quedando reducida en ambas casi a la décima parte. Pero no se trata de las consecuencias sobre las ONGD, que las hay, claro está, sino sobre los proyectos, es decir, sobre las comunidades y las personas a las que se estaba atendiendo, muchas veces en programas plurianuales que han quedado desmantelados. Uno de los defectos precisamente de las políticas de cooperación en general es que son graciables, tanto en cantidad como en continuidad. Ahora lo están sufriendo con todas sus consecuencias (pensemos en ámbitos como salud, educación, agua potable y saneamiento…).
Más allá de los recursos, ¿cuáles son los retos de la cooperación aragonesa en esta nueva etapa?
En mi opinión, de cara a las instituciones ampliar esa mirada hacia la coherencia de políticas y la sostenibilidad; algo se inició con el Gobierno de Aragón pero ha quedado en vía muerta. Y de cara a la sociedad, avanzar en esa toma de conciencia de la radical igualdad de todas las personas, las de aquí y las de allí, que todas tienen derecho a vivir con dignidad y que no es más que un puro azar el que nosotros hayamos nacido aquí y no allí; esa conciencia social es la que obligará al cambio de las políticas de cooperación. Más allá de liderazgos de partidos o de personas, es esa conciencia social la que provoca reformas sostenidas en el tiempo, que no sean revertidas por un cambio de viento político.
¿Cómo se traduce en el día a día el lema de la FAS de “sembrar solidaridad”? ¿Qué iniciativas concretas mantienen vivo ese espíritu?
Pues fundamentalmente con lo que llamamos Educación para el Desarrollo y la Ciudadanía Global (o Educación para la Justicia Global, como también se dice ahora), esas pequeñas actuaciones en todo tipo de lugares, desde centros educativos hasta espacios públicos, en las que damos a conocer estas ideas, y su transmisión las fortalece en nosotros. Yo he sido docente y estoy convencido de que como mejor se aprende es enseñando, transmitiendo lo que has aprendido. Es también un gran elemento de sostén la coordinación, la unión en organizaciones de segundo nivel, como nuestra federación, que facilita el intercambio, la formación, la autocrítica; y la agrupación a niveles superiores, como la Coordinadora de ONGD de España o la CONCORD europea.
La FAS ha recibido numerosos reconocimientos —desde la Medalla al Mérito Social hasta el Premio al Voluntariado—. ¿Qué valor tienen para vosotros estos galardones?
Hemos recibido en su momento premios de múltiples instituciones, tanto públicas como privadas: en 2001 la “Medalla al Mérito Social” del Gobierno de Aragón, en 2011 “Hija Predilecta” de la ciudad de Zaragoza, la ‘Estrella de Europa 2016’ también del Ayuntamiento de Zaragoza, el “Premio de Voluntariado, categoría de Internacional y Cooperación al Desarrollo” del Gobierno de Aragón en 2017, el “Premio Peón 2019” de la Fundación Rey Ardid y la “Medalla de oro de Santa Isabel” de la Diputación Provincial de Zaragoza y el “Premio Aragón Solidario” de la Fundación Chesús Bernal este año. Lógicamente estos reconocimientos son un factor de empuje de primer orden. Suponen validar nuestro trabajo, refrendar que estamos haciendo bien las cosas, que merece la pena seguir adelante superando posibles cansancios o desánimos varios, sobre todo frente a los ataques que estamos recibiendo últimamente como hemos comentado.
Tú fuiste impulsor del movimiento del 0,7% y del comercio justo. Viendo la realidad actual, ¿crees que aquella reivindicación sigue vigente o necesita reformularse?
Bueno, yo participé como otros muchos en aquellas movilizaciones. El 0,7 sigue vigente, en cuanto atención a situaciones de vida que calificamos de inhumanas o claramente injustas, que piden a gritos remediarlas ya sin más dilación. Pero se debe ir más allá, porque esa ayuda no ataca las causas de la desigualdad; eso requiere la reformulación de las políticas económicas, financieras, industriales, agrarias, pesqueras, comerciales, de propiedad intelectual… del sistema en su conjunto. Dejar de hacer anticooperación, como dice David Llistar.
Tu trayectoria está muy ligada al compromiso social y vecinal. ¿Cómo se conecta esa militancia de barrio con la cooperación internacional?
Recuerdo perfectamente haber estado acampado por el 0,7 en el Paseo de la Constitución en una tienda que plantamos la asociación de vecinos de mi barrio. Mantenemos muy buena relación con la Federación de Asociaciones de Barrios de Zaragoza, hemos participado en campañas conjuntas, acudido a charlas también en ese ámbito, algunas de nuestras ONGD tienen puertas abiertas de asistencia a la población local, pertenecemos a la Plataforma del Tercer Sector y al Consejo Sectorial de Acción Social del Ayuntamiento de Zaragoza… De hecho, la FAS ha promovido más de una quincena de campañas de sensibilización y movilización para fomentar la solidaridad y denunciar las desigualdades. No nos enajenamos de los problemas de aquí: a nivel personal la mayoría de nosotros pertenecemos y colaboramos con esas asociaciones y, como institución, exigimos que el 99,3% de los presupuestos se dediquen a atender a las auténticas necesidades de aquí, empezando por las de los más desfavorecidos y no beneficiando a los que ya tienen en demasía.
Después de tantos años de implicación, ¿qué te sigue moviendo a seguir al pie del cañón? ¿Qué te motiva hoy como persona y como ciudadano?
Lo primero, el ejemplo de otras muchas personas que también estuvieron y de las que hoy siguen estando en la brecha. Y después, el convencimiento de que la vida solo tiene sentido si la vivimos hacia afuera, si salimos del pequeño y pobre reducto que somos cada persona; así es como nos enriquecemos y nos realizamos, así vivimos. Porque cuando das es realmente cuando recibes.
