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Luis Martín: «AJE Zaragoza es una familia de gente que no se conforma con ver el futuro, quiere construirlo juntos»

Luis Martín
Presidente de AJE

AJE Zaragoza pisa fuerte en el ecosistema emprendedor aragonés, y lo hace con una visión clara: aquí nadie avanza solo. Su presidente, Luis Martín, despliega una hoja de ruta donde comunidad, propósito y valentía operan como palancas de crecimiento. 

Con más de 300 jóvenes empresarios en la red, la asociación se consolida como un hub de talento que combina rigor, creatividad y un networking que trasciende la tarjeta de visita. En esta conversación, Martín desgrana cómo AJE se reinventa para seguir siendo relevante, impulsar nuevas generaciones y construir —en equipo— el futuro que Aragón necesita.

Para quien todavía no la conozca, ¿cómo definiría AJE Zaragoza en una frase?

“AJE esa sensación que te recuerda que no estás solo cuando decides emprender.” AJE Zaragoza es una comunidad empresarial, una red de jóvenes empresarios que creen que emprender no es un acto individual, sino un movimiento colectivo. Somos el lugar donde las ideas se convierten en proyectos, y los proyectos en amistades. En resumen: una familia de gente que no se conforma con ver el futuro, quiere construirlo juntos.

Más de 300 jóvenes empresarios forman parte de AJE Zaragoza. ¿Qué tienen en común todos ellos?

La valentía. Todos los que forman parte de AJE tienen algo en común: se han atrevido a dar un paso sin saber si el suelo estaba firme. Y eso requiere coraje, curiosidad y una buena dosis de locura, que es la definición de ser JOVEN. Pero también comparten algo más profundo: la generosidad de compartir lo que saben. AJE no es un escaparate, es un lugar donde nos ayudamos unos a otros a crecer. Donde si a uno le va bien, los demás lo celebran. Y eso, en el mundo empresarial, no es tan común.

AJE nació en 1990, pero su espíritu sigue siendo muy joven. ¿Qué ha cambiado y qué se mantiene igual desde aquellos primeros años?

Han cambiado las herramientas, pero el espíritu sigue siendo exactamente el mismo. En los 90 los emprendedores buscaban contactos en una agenda de papel; hoy lo hacen en LinkedIn o en un networking matutino. Lo que no cambia es la esencia: el compañerismo, la ilusión y el inconformismo. Si algo define a AJE desde su origen es esa mezcla entre rebeldía y propósito, entre juventud y visión. Seguimos siendo los mismos soñadores, solo que ahora llevamos menos corbata y más propósito.

¿Qué tipo de perfiles forman parte de la asociación hoy en día?

Tenemos de todo: desde tecnológicas que están escalando a nivel internacional, hasta panaderías artesanas que han recuperado oficios tradicionales. Eso demuestra que el emprendimiento en Aragón tiene mil caras. En AJE conviven ingenieros, diseñadores, médicos, hosteleros, programadores, abogados, agricultores… Lo que les une no es el sector, sino la mentalidad: la de las personas que no esperan a que las cosas cambien, sino que deciden cambiarlas en equipo.

AJE es como una batería compartida: cuando uno se queda sin energía, los demás le enchufamos la nuestra

¿Qué beneficios reales obtiene alguien al hacerse socio de AJE? Más allá del networking, ¿qué aporta pertenecer a esta comunidad?

AJE no es una agenda de contactos. Aquí encuentras mentores, compañeros de proyectos, socios, clientes, e incluso amigos que te entienden cuando todo el mundo te dice que estás loco. Te aporta conocimiento real, pero sobre todo te aporta algo que no se compra: sentir que formas parte de una comunidad que te impulsa sin pedir nada a cambio.

 

Su lema podría ser perfectamente “No estás solo”. ¿Cree que la soledad del emprendedor sigue siendo uno de los grandes retos?

Totalmente. El emprendimiento tiene momentos de euforia y otros de silencio. Y en esos silencios, sentirte acompañado cambia todo. AJE es el recordatorio de que no estás solo cuando más lo necesitas. Es ese mensaje que te llega cuando dudas, esa llamada que te devuelve la energía, esa comida en la que te das cuenta de que todos hemos pasado por ahí. Yo siempre digo que AJE es como una batería compartida: cuando uno se queda sin energía, los demás le enchufamos la nuestra.

 

Uno de los programas más potentes de AJE es MentorizAJE, en colaboración con el INAEM. ¿Cómo ha evolucionado y qué resultados está dando?

MentorizAJE se ha convertido en un referente. Lo que empezó como un experimento se ha transformado en un programa único y replicado por otras entidades. Lo bonito es que no es solo mentoría, es una experiencia casi televisiva, con formato tipo Talent Show, con sillas giratorias, aplausos y emoción. Pero detrás del espectáculo hay algo muy serio: emprendedores ayudando a emprendedores, compartiendo lo que aprendieron a base de errores y aciertos. Los resultados son increíbles: proyectos que despegan, empresas que pivotan a tiempo y personas que recuperan la ilusión por lo que hacen. Esa es nuestra mayor métrica.

 

La creatividad no está reñida con la gestión. Puedes ser riguroso y soñador al mismo tiempo. De hecho, esa mezcla es la que mueve el mundo.

También impulsan iniciativas tan variadas como ‘En tu empresa o en la mía’ o ‘TerraCEOs’. ¿Qué buscan estas actividades más informales?

Buscan lo que de verdad mueve el emprendimiento: la conexión humana. ‘En tu empresa o en la mía’ nació de algo tan simple como visitar el lugar donde otro socio crea. ‘TerraCEOs’ surgió de una idea más veraniega: juntarnos al aire libre para hablar de empresa sin corbatas ni jerarquías. Porque al final, en los momentos informales es donde surgen las colaboraciones más reales.

 

¿Qué papel juega el networking en el crecimiento de una empresa joven? ¿Es tan clave como parece o a veces se sobrevalora?

El networking no es una herramienta, es una actitud. Conectar por interés no funciona; conectar por propósito sí. En AJE el networking no consiste en repartir tarjetas, sino en crear relaciones auténticas. Un buen contacto puede abrirte una puerta, pero una buena conexión puede abrirte un futuro. Por eso insistimos tanto en que el networking, bien entendido, no se trata de vender, sino de construir confianza.

El Premio a la Persona Joven Empresaria de Aragón es uno de los hitos de AJE. ¿Qué representa este reconocimiento para el ecosistema emprendedor aragonés?

Representa un aplauso colectivo a todo el esfuerzo invisible que hay detrás de emprender. No solo reconocemos empresas exitosas, reconocemos personas valientes, honestas y perseverantes. Cada premiado inspira a los demás. Y eso tiene un efecto multiplicador en el ecosistema: cuando alguien celebra un logro, los demás se atreven a soñar un poco más grande.

 

El networking no es una herramienta, es una actitud. Conectar por interés no funciona; conectar por propósito sí.

¿Qué relación mantiene AJE Zaragoza con la Confederación Española de Asociaciones de Jóvenes Empresarios (CEAJE)?

Una relación muy cercana y activa. CEAJE es nuestra red nacional y nos da una voz común. Un lugar en el que debatir sobre el futuro de nuestras AJEs, sobre cómo avanzamos juntos y como aprendemos en el camino por el bien de los jóvenes empresarios de nuestro país.

Aragón está viviendo un momento interesante en materia de innovación y startups. ¿Cómo percibe el talento joven en nuestra comunidad?

El talento está aquí, y además viene con propósito. Ya no se emprende solo por dinero o independencia, sino por impacto. Veo jóvenes que quieren transformar la educación, la sostenibilidad, la alimentación o la movilidad. Y veo un Aragón cada vez más conectado, donde una idea nacida en Teruel puede escalar al mundo. El reto ahora es no dejar escapar ese talento, y eso pasa por acompañarlo, financiarlo y celebrarlo.

 

¿Qué sectores están despuntando entre los jóvenes empresarios aragoneses? ¿Ve una tendencia clara hacia lo tecnológico o seguimos teniendo mucho peso industrial?

Se está dando una combinación preciosa: industria que se digitaliza y tecnología que se humaniza. Tenemos startups tecnológicas potentes, pero también empresas tradicionales que están innovando de formas increíbles. Desde energía y biotecnología hasta hostelería con propósito. Lo que cambia no es el sector, sino la mentalidad: todos quieren evolucionar, mejorar y dejar huella.

 

¿Cuáles son los principales retos de AJE Zaragoza para los próximos años?

Seguir siendo útiles y seguir siendo jóvenes, en el sentido más profundo de la palabra. Queremos profesionalizar sin perder alma, digitalizar sin deshumanizar. Además, estamos preparando el 35º aniversario de AJE Zaragoza, que será un homenaje a todos los que construyeron este camino antes que nosotros, y una celebración de todo lo que viene. Nuestro gran reto es seguir siendo el lugar donde los jóvenes empresarios se sienten en casa.

¿Cómo cree que puede AJE seguir siendo relevante para las nuevas generaciones de emprendedores que llegan con otra mentalidad y otras prioridades?

Escuchándolos. Las nuevas generaciones no buscan pertenecer, buscan ser. Si AJE sabe adaptarse a eso, seguirá siendo eterna. Nuestra misión no es que los jóvenes se adapten a AJE, sino que AJE evolucione con ellos. Por eso cada año lanzamos nuevos programas, abrimos conversaciones nuevas… porque el emprendimiento también se transforma.

Además de presidir AJE, es fundador de la Academia de Inventores. ¿Cómo surgió esta idea y qué buscaba con ella?

Nació de una necesidad personal: quería que los niños volvieran a enamorarse de la ciencia y la tecnología. Enseñamos robótica, programación, arte y tecnología como un juego, pero lo que realmente cultivamos es la curiosidad. Con el tiempo entendí que lo que hacemos con los niños en la Academia es lo mismo que AJE hace con los emprendedores: darles un espacio para equivocarse, crear y confiar en su talento.

Su perfil mezcla ciencia, creatividad y empresa. ¿Qué ha aprendido usted como inventor que le sirva ahora para liderar AJE?

He aprendido que un invento, igual que un proyecto empresarial, nunca sale bien a la primera. Liderar AJE es como estar en un laboratorio: pruebas, fallas, mejoras y vuelves a intentarlo. Y también he aprendido algo esencial: que la creatividad no está reñida con la gestión. Puedes ser riguroso y soñador al mismo tiempo. De hecho, esa mezcla es la que mueve el mundo.

¿Cree que el espíritu inventor y el espíritu emprendedor son, en el fondo, lo mismo? ¿O hay una diferencia entre “crear” y “emprender”?

Para mí son exactamente lo mismo: inventar es emprender con un soldador, y emprender es inventar con un plan de negocio. Ambos nacen del mismo lugar: la inconformidad creativa, esa necesidad de cambiar las cosas, de buscar una forma nueva de hacerlas.

Queremos profesionalizar sin perder alma, digitalizar sin deshumanizar.

¿Qué importancia tienen los socios estratégicos en la consolidación de proyectos dentro de AJE? 

Son fundamentales. AJE no existiría sin el apoyo de las empresas que creen en la juventud emprendedora. Nuestros socios estratégicos no solo aportan recursos o patrocinio, aportan confianza, visibilidad y experiencia. 

Además, su papel va más allá de lo económico: participan en programas, comparten conocimiento y se implican emocionalmente. Son mentores, cómplices y altavoces. 

AJE Zaragoza se caracteriza por combinar lo profesional con lo humano. ¿Cómo consiguen mantener ese equilibrio entre negocio y comunidad? 

Ese equilibrio es nuestra esencia. AJE no es una asociación de cifras, sino de personas. Entendemos que una empresa no crece si quien la lidera no crece también como persona. 

Por eso, combinamos talleres de estrategia y financiación con espacios de reflexión, bienestar o liderazgo emocional. Tan importante es saber hacer un plan de negocio como aprender a gestionar la incertidumbre. 

En AJE celebramos tanto los éxitos empresariales como los personales. Porque detrás de cada empresa hay historias de esfuerzo, renuncias y sueños. Lo profesional nos une, pero lo humano nos mantiene unidos. 

Sus eventos mezclan la parte empresarial con lo lúdico. ¿Es esa cercanía una de las claves del éxito de AJE? 

Sin duda. Los negocios se construyen entre personas, y las personas se conectan mejor cuando bajan la guardia y disfrutan. Por eso nuestros eventos siempre tienen un toque diferente: desde el “Concilio de Innovación”, un evento interno que combina reflexión y aventura, hasta “Croquetas con Propósito”, donde la gastronomía se convierte en metáfora de empresa. 

Esa mezcla entre lo formal y lo lúdico crea vínculos reales. No hay nada más potente que compartir una risa, una historia o un reto fuera del despacho. En AJE creemos que las mejores ideas nacen con una copa en la mano y un propósito en la cabeza. 

¿Qué impacto tiene AJE en la economía aragonesa? ¿Podemos cuantificar la generación de empleo o la creación de empresas a través de la red de asociados? 

El impacto es tangible y humano a la vez. Hoy AJE Zaragoza agrupa a más de 300 empresas activas, que en conjunto generan más de 3.500 empleos directos y un movimiento económico estimado superior a los 250 millones de euros al año. 

Pero lo más importante no son las cifras, sino el efecto multiplicador. Muchos de nuestros socios han pasado de ser emprendedores a convertirse en empresarios, mentores o inversores. 

AJE es un ecosistema vivo: lo que aquí comienza como una idea acaba siendo parte del tejido económico de Aragón. Y eso, para nosotros, es el mejor indicador de impacto.

 

¿Cuántas personas y empresas forman actualmente parte de AJE Zaragoza? 

En este momento somos más de 300 empresas asociadas y más de 600 personas implicadas directamente entre socios, colaboradores y equipos. 

La diversidad es enorme: tenemos desde startups tecnológicas y proyectos de impacto social hasta empresas familiares o cooperativas. Esa mezcla genera una riqueza brutal, porque cada conversación entre perfiles distintos es una oportunidad de aprendizaje cruzado. 

Nuestro gran reto es seguir siendo el lugar donde los jóvenes empresarios se sienten en casa.

¿Qué necesita tener un emprendedor o una emprendedora para poder sumarse a AJE? ¿Hay algún requisito o edad límite? 

Solo dos cosas: energía y actitud. Formalmente, AJE agrupa a personas menores de 41 años con un proyecto empresarial activo, pero lo que de verdad importa es la mentalidad. 

Nos interesan los que creen en el futuro, los que no se rinden a la primera, los que entienden que emprender no es competir, sino colaborar para transformar. Si tienes una idea, un propósito y ganas de crecer acompañado, AJE es tu sitio. 

¿Es un buen momento para emprender en Zaragoza? ¿Qué oportunidades y qué obstáculos se encuentran en el contexto actual? 

Es un momento desafiante, pero apasionante. Zaragoza está viviendo una efervescencia emprendedora real, con ecosistemas de innovación en crecimiento, un entorno industrial sólido y una red institucional que cada vez entiende mejor al emprendedor. 

Las oportunidades están en sectores como la sostenibilidad, la tecnología aplicada, la economía circular o la formación digital. 

¿Los obstáculos? La burocracia y el acceso a la financiación siguen siendo frenos importantes. Pero también hay un cambio de mentalidad: cada vez más jóvenes entienden que emprender no es solo montar una empresa, sino buscar su lugar en el mundo aportando valor. 

¿Cuáles son las principales reivindicaciones o demandas que los jóvenes autónomos os trasladan desde dentro de la asociación? 

La primera es clara: facilitarles el camino. Menos trabas, más acompañamiento. Los jóvenes autónomos piden agilidad, no privilegios. 

Y, sobre todo, reclaman una mirada más humana hacia el emprendimiento, donde se entienda que detrás de cada alta de autónomo hay una historia, una familia y muchas horas de sacrificio. 

Desde AJE trabajamos para que esa voz llegue a las instituciones. Porque si queremos más empleo, necesitamos más emprendedores, y para eso hay que cuidar a quienes se atreven a crear.

 

Las nuevas generaciones no buscan pertenecer, buscan ser. Nuestra misión no es que los jóvenes se adapten a AJE, sino que AJE evolucione con ellos

Lleva una agenda intensa entre AJE, la Academia y sus proyectos. ¿Cómo desconecta cuando necesita parar?

Desconecto en movimiento: paseando con mi hijo, viajando, cocinando o montando algo con las manos. A veces desconectar no es dejar de hacer, sino hacer algo que te conecta con quien eres fuera de los títulos.

¿Qué le inspira o le recarga las pilas fuera del trabajo?

Las personas auténticas. Las conversaciones sin filtros. Ver a alguien luchar por algo en lo que cree me llena de energía. Y, sobre todo, mi familia, que me recuerda cada día que la vida no va solo de construir proyectos, sino de disfrutar el camino.

¿Hay algo que quiera añadir?

Sí: que el futuro de Aragón no lo van a escribir las instituciones, sino sus jóvenes empresarios. Nosotros solo tenemos que hacer una cosa: conectarlos, cuidarlos y dejarles volar.

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