Entrevista a Alberto Jiménez Schuhmacher – Grupo de Oncología Molecular del Instituto de Investigación Sanitaria Aragón (IIS Aragón)

Alberto Jiménez Schuhmacher es científico y divulgador. Dirige desde 2017 el grupo de Oncología Molecular del Instituto de Investigación Sanitaria Aragón tras haber realizado su carrera investigadora entre Madrid y Estados Unidos. Es comisario de una exposición sobre Ramón y Cajal en el Paraninfo con quien coincide en que el problema de España es de cultura y en que hace falta educar en ciencia a los ciudadanos para que puedan elegir libremente y mejor. Propone una educación científica que evite caer en terapias homeopáticas y ‘prohibitivir’ el tabaco, así como una apuesta decidida por la investigación que se materialice en una financiación sostenida en el tiempo

Uno de los proyectos en los que está trabajando es la biopsia virtual, ¿en qué consiste?

Trabajamos en imagen biomédica que son fotos que ayudan a los médicos a tomar decisiones (como una radiografía, una ecografía). Hay una técnica que se llama tomografía por emisión de positrones (PET), que detecta positrones, átomos radiactivos, a través de un escáner en 3D. Lo que se suele mirar es un azúcar radiactivo porque las células tumorales acumulan más este azúcar y así podemos ver pequeñas metástasis. El PET es la técnica más sensible y nos puede hablar no solo de la anatomía del tumor sino de su biología, su comportamiento y así, hacer cosas. Pero hay pocas cosas que miramos en el PET. Esto por un lado.

Por otro lado, una biopsia es obtener una muestra de un tumor y analizarla al microscopio mirando varios parámetros: cuánto se dividen las células, qué hipoxia tienen, qué biomarcadorres tienen, orientado a si va a responder o no a un tratamiento. Lo que nos preguntamos en el laboratorio era ¿y si pudiéramos tener parte de la información de una biopsia pero a través de pruebas de imagen? Porque coger una biopsia de un trocito de piel es más sencillo, pero trabajamos en tumores cerebrales en los que hay que hacer una cirugía. Muchas veces no se hace y se opera primero y luego se da el tratamiento y a lo mejor podría haber algún tratamiento antes de operar que ayudara.

Lo que hacemos sería como un “contraste” que podemos detectar por un escáner PET con el que podemos ver un biomarcador en el tumor en 3D y no solo una muestra sino todo el tumor. Lo que hemos hecho ha sido analizar cientos de tumores y ver qué proteínas, qué genes están más activos en tumores y no en tejido sano. Hemos cogido unas moléculas que nos dicen si van a responder mejor a quimio, a inmunoterapia o a radioterapia y para ellas estamos diseñando contrastes que se pegan específicamente, se hacen con anticuerpos.

Por resumir: trabajamos en imagen biomédica que son fotos que ayudan a los médicos a tomar decisiones. Hay técnicas que son muy sensibles y que nos hablan de la biología de un tumor, como el PET, pero con esa técnica hay pocas cosas que podamos mirar. Lo que estamos desarrollando son “contrastes” que podemos detectar con el PET que nos dan información del tumor como si fuera una biopsia virtual.

¿Qué mejoras aportará esta técnica?

Cuando puedes dar un buen diagnóstico puedes dar un mejor tratamiento. Si aparte de ver en un escáner de resonancia, por ejemplo, la forma de un tumor cerebral, podemos ver si tiene determinados biomarcadores sabremos si dar quimio es mejor o peor. También podremos evitar efectos secundarios. Y el objetivo final es que queremos modificar estos contrastes para poder ver con fluorescencia mediante luces especiales durante la cirugía. Así que no solo podríamos ver el tumor dentro de la cabeza sin abrirlo sino que durante la cirugía se podría ayudar a eliminarlo mejor.

¿En qué casos será más útil esta biopsia virtual?

Hay un tumor infantil que se llama glioma difuso en tronco que crece en la base del cerebro y que no se puede técnicamente biopsiar. Ahora sabemos que hay un posible tratamiento que está en ensayos clínicos pero al que solo podría responder uno de cada cinco niños. Son niños que están muy débiles, con una esperanza de vida muy desoladora y estos tratamientos basados en inmunoterapias tienen efectos secundarios muy grandes. Si podemos identificar a esos niños a los que les sirve pues podemos mejorar. Este es un proyecto que hemos iniciado gracias a ASPANOA.

Háblenos de la colaboración que mantiene con ASPANOA y otras asociaciones.

Nos sentimos privilegiados porque en Aragón tenemos ayudas específicas de ASPANOA y de la Asociación Española contra el Cáncer. Además fuimos muy afortunados al conseguir ayuda de la fundación FERO que apuesta por proyectos muy arriesgados. Contamos con financiación pública y empezamos a tener colaboraciones con empresas porque podemos formar parte de su RSC ofreciendo, además, deducciones fiscales. Percibimos una gran sensibilidad y apoyo a la ciencia de la Asociación de Directivos y Ejecutivos de Aragón (ADEA) y de varios empresarios.

ASPANOA nos ha permitido iniciar una nueva línea de investigación en paralelo a las que ya llevábamos pero centrada en tumores infantiles. Los contrastes que comentaba son anticuerpos (que son una proteína de tus defensas). Puedes vacunar a un dromedario, un conejo o un ratón frente a una proteína humana que no le va a hacer nada pero le puedes sacar un poquito de sangre y a partir de ahí sintetizar en el laboratorio anticuerpos. Los dromedarios tienen unos anticuerpos especiales que son muy pequeñitos y que tienen unas características bioquímicas excelentes para nosotros. En lugar de hacer un nano-anticuerpo solo frente a un biomarcador que hemos visto, lo que hemos hecho es hacerlo frente a todas las proteínas y moléculas que tienen la superficie de una célula tumoral de estos tumores cerebrales infantiles. Entonces no solo vamos a intentar hacer estos agentes de biopsia virtual para una proteína concreta sino que vamos a generar una colección, una biblioteca en el argot, de muchos para poder desarrollar otros proyectos.

Alguna vez ha comentado que estamos en la década decisiva contra el cáncer.

En la Segunda Guerra Mundial estuvo el desembarco de Normandía, el día D. En cáncer no hay un día D, llevamos en guerra mucho tiempo. En 1961 Kennedy dijo que mandarían el hombre a la luna esa década y lo hicieron y Nixon dijo en 1971 que curarían en cáncer y no lo hemos hecho. ¿Por qué? Porque subir a la luna era fácil: hacía falta muchísimo esfuerzo, trabajo, dinero, tecnología pero el conocimiento básico de física química, informática, matemáticas que hicieron falta estaba más o menos preparado, o se conocía
en gran parte. En cáncer no supimos hasta los años ochenta que era una enfermedad de nuestros propios genes. En el año 2000 no se había leído ni un genoma, el primero se tardó entre 10 y 15 años y costó más de 3.000 millones de dólares. Ahora mismo leer un genoma cuesta unos 1000 euros. Eso hace que, dado que los cánceres son enfermedades de nuestros genes, podamos leer cómo están alterados estos genes en tumores. Por fin empezamos a tener datos robustos que nos permiten comprender más la biología de un tumor y vemos que es más complejo de lo que anticipábamos.

Se está generando tal cantidad de conocimiento y de tecnologías que por fin, percibimos que estamos en un momento en el que empezamos a ganar batallas al cáncer. En la década D, decisiva. Pero hay que entender que el cáncer no es una enfermedad, sino más de 200. Resumiendo ¿Por qué estamos en la década decisiva? Si plantamos una guerra contra el cáncer y hablamos del día D en la Segunda Guerra Mundial, ahora tenemos una década en la que se ha generado conocimiento suficiente para comenzar a ganar batallas. Ahora es un problema de dinero: cuanto más invirtamos más podremos solucionar porque ya sabemos más o menos lo que hay que hacer.

La entrevista continúa en la revista, no te la pierdas.