Entrevista a Nata Moreno – Guionista y directora y a Ara Malikian – Violinista

En 2014, la guionista, directora y actriz zaragozana Nata Moreno recibió en casa una veintena de cajas de cartón destinadas a su pareja, el violinista libanés de origen armenio, Ara Malikian. Contenían los recuerdos que durante años el padre de Malikian había estado guardando sobre su carrera, fotografías de la infancia, de la historia de la familia, testimonios del genocidio armenio. Moreno decidió que la historia que tejían todos estos recuerdos merecía ser contada y durante cinco años trabajó en un documental, ‘Ara Malikian, una vida entre las cuerdas’ que repasa la trayectoria profesional y la vida del músico y con el que ganó este año el Goya al Mejor Documental. Nata Moreno y Ara Malikian acudieron a Zaragoza para la puesta de largo del documental que se llevó a cabo en beneficio de Aspanoa.

Lo primero, enhorabuena por el Goya, ¿Cómo fue recibir este galardón?
Nata: Fue una sorpresa total porque cuando empiezas un proyecto lo último que piensas es en los premios que vas a recibir. Pero que tus compañeros valoren tu trabajo es un regalo muy bonito.

La puesta de largo del documental en Zaragoza es para una buena causa.
N: Me parece un acto muy generoso por parte de los zaragozanos que compran su entrada sabiendo que va a un lugar tan noble como la causa de Aspanoa que trabajan muy bien la infancia. Por otro lado, muy agradecida a mi equipo porque cuando haces un documental de bajo presupuesto y sin apoyos institucionales, mucha parte del equipo trabaja por si un día algo de esto se recauda y que hayan tenido la generosidad todos y cada uno al unísono de decir que este dinero es para los niños me parece admirable.

El documental se puede leer en varios niveles. ¿De qué modo puede ayudar la historia de Ara Malikian a otras personas?
Ara:
Quizás puede inspirar que todo es posible si uno lo cree, si hace las cosas creyéndoselas y con pasión. Al fin y al cabo es lo que se dice en el documental: que de la nada se puede sacar oro y yo creo que hay que creer en ti mismo, agradecer lo que uno tiene para siempre crecer. El documental también habla de viajes, de refugiados, de familia. Lo que ha conseguido Nata es que uno se sienta muy identificado con las cosas que se hablan en él: familia, trabajo, pasión, amor, sensibilidad.

Además de premio, ¿qué han recibido gracias a este documental que les ha llenado?
N:
Mucho amor. Los premios también, hay un reconocimiento por parte de los compañeros muy amoroso a los años que nosotros llevamos peleando para mostrar nuestra creencia sobre la vida y el arte y que te acompañen es muy lindo. Cuando recibimos el Goya nos ardían los teléfonos, estaban llenos de mensajes de videos, de “¡Bravo!”. Sentir esa alegría es un regalo infinito. Y qué decir de estos días que estamos en Zaragoza, que nos acoge la ciudad, nos recibe el alcalde, que estamos en la Universidad bellísima: es todo un regalo.
A: Para nosotros era impensable que este documental llegara donde ha llegado. Lo hemos empezado de una manera muy casera para ver qué hacer con todo este material. Duró muchos años, mucho trabajo, mucho empeño y arte por parte de Nata, que hizo hasta 29 versiones.
N: Son muchos años, tienes mucho tiempo para tener perspectiva y gracias a Dios que han sido muchos años porque realmente veo los primeros montajes y me veo verde. Las historias tienen su peso y cuando quieres contarla a través de la vida de un músico como es Ara pero que tiene muchas facetas, realmente tienes que profundizar. No te puedes quedar en la superficie de las cosas. Son temas a los que hay que tenerles mucho respeto. No es cualquier tema tener que abandonar tu país porque si no te matan en una guerra. Yo soy europea, zaragozana, y estos son temas muy ajenos a mí. Y uno tiene una gran opinión acerca de todo esto pero no deja de ser tu opinión. Está bueno acercarse a quienes de verdad lo han vivido y tratar de entender sin prejuicios cómo lo han vivido ellos.

¿Cómo ha influido el hecho de ser pareja a la hora de hacer el documental?
N:
En el documental hay una cosa que ocurre, y que eso lo da el hecho de nuestra intimidad, y es que yo le puse a Ara una cámara delante y estábamos solos en nuestra casa entonces ahí surge una verdad que es compleja que surja con alguien que no te conoce y que te está poniendo una cámara delante. Ara ha tenido la valentía de regalármelo a mí y a todo aquel que lo ve porque no es una intimidad sencilla: hay lugares que uno no quiere revisitar y él se atreve a hacerlo y así nos sirve de ejemplo a todos los demás. En ese sentido, el ser pareja nos ha ayudado a tener una historia que tiene una realidad, que no es un fake que se lleva tanto en estos tiempos. Siempre estaba la posibilidad de coger el material y tirarlo. Eso permitió muchísima libertad.
A: En este caso ha ayudado que seamos pareja a que ella me sacó cosas que yo jamás había contado, que no suelo contar. Pero comenzó una confianza, me encerró en una habitación y me hizo un interrogatorio (risas) y me sacó cosas que llevaban 40 años olvidadas.

Ara, ¿qué supuso descubrir que su padre había guardado tantas cosas sobre usted?
A:
La mayoría de las cosas las sabía. Era un maniático, guardaba todo y lo clasificaba en un orden exagerado, extraordinario y la verdad que cuando estaba vivo dices “mira qué loco está” y luego cuando abres cajas te emocionas al ver al ver todo el amor con el que lo ha hecho.

¿Cómo fue volver a Beirut tras 32 años fuera?
A:
Fue impactante, antes de verlo sabía cómo me iba a sentir. Fue bonito porque vimos vecinos, el barrio. Lo más fuerte es que lo ves todo más pequeño de lo que imaginabas y luego estar en mi barrio sin miedo. Esta fue la gran diferencia, estar ahí sin pensar: “¿qué va a pasar ahora?”.

Ahora que es padre, ¿se pone en el lugar de los suyos y comprende cómo se sintieron cuando se fue a Alemania con 15 años?
A:
Absolutamente. Yo sabía que eran valientes pero me di cuenta del sacrificio y lo mal que lo han pasado desde que nació mi hijo Kairo.

En el documental Ara recuerda que, al ir a Alemania, su padre le dijo que debería esforzarse más que los alemanes porque como extranjero tendía más que demostrar. ¿Se sigue sintiendo así?
A: Ahora no. Pero cuando tenía 15 años y has ta que consigues tener tu sitio en tu mundo sí lo sentí. Ahora las cosas son más fáciles, incluso disfruto de mi profesión. Había una época en la que no llegaba a disfrutar, era como una lucha constante. Trabajaba para sobrevivir, casi olvidaba que era mi profesión.

Nata, como mujer ¿ha sentido que tenía que demostrar más que un hombre y que tenía un camino más difícil?
N:
Sí, claro. Por ejemplo, ahora el 35% del presupuesto del cine será destinado a mujeres. Eso está bien, pero ojalá llegue al 50%. Uno siempre puede pedir más. Se avanza mucho en el tema pero yo sigo sintiendo que somos 7 directoras por cada 100 directores. Es una profesión clásicamente de hombres y todavía, a días, siento que tenemos que pelear mucho más que nuestros compañeros. Un director novel puede financiar películas de hasta casi tres millones de euros y no existe directora novel que pueda tener una peli que pase del millón de euros, aunque tengan más premios, currículo y reconocimientos. Entonces sí, nos toca remar fuerte.

Nata, usted dijo en la recepción que hubo en el Ayuntamiento de Zaragoza para los ganadores del Goya, que las instituciones tienen que apoyar a la cultura y a sus creadores. ¿Qué hace falta para que las instituciones se impliquen en la cultura y la vean como algo que proteger y fomentar?
N:
Yo ojalá tuviera la respuesta ahora porque la daría a gritos. Siento que realmente en según qué áreas, a la cultura no se le da el valor que tiene. La cultura es el reflejo de un país, de la salud que tiene un país y de su prosperidad y hay que apoyarla. Parece que la gente que hacemos cultura o arte somos gente muy apasionada y un poco creativa y loca y como tenemos esta pasión lo vamos sacando todo como podemos. Pero generar proyectos y productos de calidad tiene un coste, igual que cuesta pagar la comida cuesta pagar la cultura y tenemos que sentir apoyo porque si no, la vida del artista se vuelve algo muy complejo y te vas desanimando. El reconocimiento está muy bien y yo lo siento con una calidez tremenda y se agradece muchísimo, pero reivindico apoyo real en esta ciudad y en toda España.

A la recepción acudió con su hijo para reivindicar que las madres compaginan maternidad y trabajo.
N: Yo ahora puedo estar aquí porque tengo a otra mujer que es mi madre que está cuidando de mi hijo. Pero siempre lo digo y lo reivindico: se tiene que tener en cuenta que las mujeres a veces llevamos esta doble carga que tiene que ver con la familia y no debería ser una carga sino que tendría que ser un gusto. Es una responsabilidad porque toda la sociedad avanza dependiendo de la estructura familiar que es la célula inicial de la sociedad. Pero a veces es complejo llegar a ser una gran profesional al mismo nivel que un profesional masculino en la misma área porque llevamos muchos asuntos. Yo decido llevar a mi hijo para que se entienda que se tira por el suelo, que grita, que llora y que tengo que estar ahí.

Cuando comenzó el proyecto estaba embarazada y todo el proceso del documental coincidió con el nacimiento y la crianza de su hijo.
N: No solo el documental, también monté una productora e hice cortometrajes, videoclips, spots. Yo recuerdo llevar a Kairo en un brazo y en el otro la cámara. Fue complicado pero lo tienes que hacer. Además yo no soy única ni la primera. Hay un montón de mujeres que históricamente han levantado sus hogares, que han sido unas valientes. Tenemos que seguir, todavía nos queda un poco. Yo espero y deseo que un día la sociedad cubra estos espacios para que las maternidades y las paternidades se puedan llevar de manera más holgada con respecto a lo profesional.

Usted, al igual que colectivos como Club de Malasmadres, puede ser ejemplo para animar a las mujeres que una vez son madres y quieren seguir compaginando su profesión con maternidad lo hagan sin sentirse mal por romper con los estereotipos y roles tradicionales.
N:
Claro. Solo faltaría, ese es un juicio absolutamente externo. Una decide la maternidad que quiere hacer. Sé la mujer que quieras ser, haz tu versión de ti, sé grande. Porque eso es bueno para los hijos y padres.

Ara, cuando recogieron el Goya usted reivindicó que los inmigrantes y refugiados han aportado riqueza a las civilizaciones. ¿Tienen miedo ante el resurgir de estos discursos racistas, intolerantes y excluyentes?
A:
La verdad es que sí. Estos discursos han estado siempre pero cuando llegué a España hace 20 años era la primera vez, desde que dejé el Líbano, que no recibía miradas discriminatorias como recibía en Alemania o en Inglaterra. En España me sentí acogido, sin sentirme observado, parte de todos. Estos discursos no estaban tan metidos en la sociedad y en la prensa. Pero ahora, de repente, es como una moda. En algunos círculos, tener rechazo a los inmigrantes es hasta de ser guay, es muy triste. Parece que estamos convirtiéndonos en una sociedad poco humana que se preocupa más de los intereses políticos. Además es todo un engaño: un inmigrante, un refugiado no afecta a la economía. Al revés, no puede ser una amenaza.
N: A mí me parece un discurso como profundamente exagerado porque si una mujer sola, con dos niños, que han vivido una guerra, que ha perdido a su familia, que viene de Siria, no conoce el idioma, que no tiene una carrera, es una amenaza para ti: revisa bien dónde está tu sitio. Ponte a ver qué estás ofreciendo tú a la sociedad para que esa persona sea enemiga. Creo que hay inmigrantes de clase A y de clase B y al final lo que hay es un miedo tremendo a la pobreza porque no nos dan miedo los futbolistas. Es un tema para hablar horas pero se está deshumanizando mucho el asunto. Yo le recomiendo a todo el mundo que se vaya un día a un campo de refugiados como nosotros que estuvimos con los sirios, que le mire a los ojos a esa persona y le diga que no tiene derecho a vivir porque posicionándonos en esos discursos es lo que les estamos diciendo.

Ara, a usted que ha huido de una guerra, ¿qué sensación le produce ver llegar gente de paises como Siria y el poco sentimiento de cogida que encuentran en Europa?
A:
Es muy preocupante, más que nada por lo poco que se preocupa uno por lo humano. Todo el problema de los refugiados se politiza en vez de tratarse como catástrofe humanitaria. Es como si hay un terremoto y vas a ayudar a quienes lo han sufrido. Siempre hay una solución que es querer hacerlo y especialmente cambiar la opinión pública, que la sociedad no piense que los inmigrantes son nuestros enemigos.

En el documental, Ara habla de las etiquetas y cómo le han afectado en diferentes niveles a lo largo de su vida. Ahora las ha roto todas y es un músico libre, único. ¿Hasta qué punto limitan las etiquetas?
A: Limitan mucho nuestra vida, en la mirada de los demás, en tu cabeza también. Yo encontré mi bienestar personal cuando deshice todas las etiquetas, lo que yo pensaba y lo que pensaban de mí. Es un ejercicio que creo que es muy importante. Cuando conoces a alguien no tienes que pensar “de dónde es, de qué religión, de qué equipo” porque directamente le quieres encasillar, te haces una idea y una vez que lo conoces puede tener otra opinión y te cae bien, pero antes de conocerlo lo clasificas. Es lo que solemos hacer y no está bien. N: Te pierdes a una persona, si tienes prejuicios.

Ara es ejemplo de talento pero también de trabajo y constancia. ¿Qué opinión le merecen programas televisivos que venden un éxito rápido y con poco esfuerzo?
A:
Nunca me ha gustado, no creo que puedas hacerte artista de un día para otro porque es un trabajo de muchos años te tienes que descubrir a ti mismo. Para mí son un engaño. Sin embargo, salí una vez en ‘Prodigios’ porque está bastante bien hecho porque los chavales llevan trabajando muchos años con pasión desde pequeños. No es como otros donde un productor coge un cantante y le dice “te voy a hacer famoso”, lo que quiere decir que se va a forrar con él hasta que encuentre otro. Es un negocio. Es una pena que el arte se haya convertido en un negocio. Tenemos que vivir de ello, pero yo creo que tiene que ser más importante florecer como un artista que florecer económicamente antes de lo artísticamente.
N: Yo creo que genera un nivel de exigencia súper fuerte a la gente joven. La fama tiene consecuencias terribles como perder la intimidad y hoy en día la fama no siempre es aval de calidad y eso es una pena. Uno debería poder experimentar en todas las áreas de su vida que le dé la gana sin tener que estar con la expectativa exterior todo el rato, porque ahí te pierdes a ti y todo ápice de creador que haya en ti se desdibuja porque está al servicio de todos los demás.

¿Se fomenta lo suficiente la creación artística desde la infancia? ¿Debería fomentarse más, enseñar a crear?
N:
Ojalá, sería hermoso. Nosotros que tenemos ahora un niño pequeño y que tratamos de fomentar el arte todo el rato en casa, no es tan sencillo. Aunque nosotros nos dedicamos a eso y estamos enamorados de eso, luego él vive en una sociedad que es tremenda. Enseguida te ponen un móvil con un juego violento en la cara, los programas de televisión van por otra dirección. Ojalá se fomentara más y volviéramos a lo sencillo: pinturas plastidecor y folio en blanco.
A: En la tele no hay programas culturales para niños y entonces menos piensan, menos se sensibilizan, menos utilizan el cerebro. Eso es mejor para los que quieren hacer dinero: si piensas eres alguien que molesta.

¿Qué nos pueden contar de su hijo?
N:
Es un ser especial, diferente a nosotros en muchas cosas. Es bien creativo, es muy divertido, es un chiste continuo. Siendo que tiene cinco años ya me parece un grande porque respetar a unos padres tan libres y tan punkis no debe ser sencillo y él se siente súper orgulloso y cuando se enfada con nosotros dice “ya no soy tu fan número uno” (risas).

¿Les gustaría que su hijo siguiera los pasos de alguno de los dos?
N:
A mí me gustaría que él sea lo que quiera ser. Yo estoy enamorada de lo que yo hago y siento profunda admiración por los artistas pero esta soy yo. Ojalá Kairo tenga la libertad de ser él y de retarme todo lo que necesite retarme aunque no sea lo que yo más desee para él.
A: Esa es la eterna cuestión: si hay que obligarle un poco. Por ejemplo, yo no le obligo a tocar el violín pero si a lo mejor en cinco años me dice “yo quiero tocar el violín, ¿por qué no me has hecho tocar?”, no sé qué responderle, porque mi padre sí me obligó y ahora le adoro por eso, pero en su momento pensaba que tenía un padre pesado que me obligaba a tocar. Creo que todos los niños son diferentes, no hay una forma de educar que funcione con todos.

¿Hay edad para empezar a tocar un instrumento?
A: Para disfrutarlo no hay edad. Para vivir de ello, sí hay.

Nata, usted es actriz, guionista, documentalista… ¿por dónde le va a llevar su próximo proyecto?
N:
Estoy escribiendo largo de ficción. En realidad no me considero documentalista, le tengo mucho respeto a los documentalistas porque generalmente son gente que hace documentaciones larguísimas y a mí este documental me vino a buscar. Yo vengo del teatro, la dramaturgia, la ficción y estoy preparando peli de ficción. Mi deseo es rodar en el 2021, pero hay que escribir, hay que financiar.

En su corto ‘Le Chat Doré’ hace una crítica al IVA cultural, además siempre ha demostrado sensibilidad por temas sociales. ¿Hay algún tema social que le preocupe y que querría tratar ahora?
N:
A raíz de haber sido madre es verdad que uno se solidariza más con temas que le tocan la piel de forma más cercana. Sin considerarme una guerrillera odiadora de la figura masculina, creo que el tema de la mujer es un tema pendiente y no es solo responsabilidad de las mujeres sino de todos de tener una mirada abierta hacia las compañeras.

¿Qué consejos darían a un creador que esté empezando?
N:
Que se divierta mucho, que pruebe a tope, que encuentre su voz, que sea feliz, que no se deje llevar por el miedo, que no tenga prejuicios, que no intente tener el resultado ya en la mano. Si antes de llenar un lienzo sabes cómo va a quedar, ya no lo harías. Que se la goce, que investigue, que pruebe, que se atreva y se equivoque mucho. Porque no hay equivocación cuando te estás buscando como creador, solo hay acierto. Hasta la máxima equivocación te enseña quién eres tú creando. A: Que busque la libertad.

¿Qué admiran más el uno del otro?
N:
A mí Ara me parece que es la pasión, la libertad, la disciplina y la generosidad y la humildad.
A: Nata es muy artista, muy terca pero en el buen sentido porque no se cansa cuando tiene una idea y sigue hasta conseguirlo. Ramifica pero si se le mete una idea en la cabeza no la soltará jamás. También es muy generosa.

Usted que ha viajado por todo el mundo, ¿qué le hizo quedarse en España, Ara?
A: Me quedé porque me sentí bien y punto, no lo analicé. Me gustó el día a día de la vida, cuando me quedé no tenía ni amigos, ni trabajo, ni una persona. Hice una gira, iba a volver a Alemania donde vivía y se me quemó el piso y perdí todo. Entonces me sentía libre porque no tenía ningún apego en ningún lado, entonces escogí donde iba a vivir. Seguí mi instinto y creo que fue un acierto.

¿Qué sitios les gustan más de Zaragoza?
N: Nos encanta el Casco, ir a tomar tapas, un vino rico, nos gusta mucho estar en casa de nuestras familias porque aquí sentimos mucho calor, nuestro día a día es muy ajetreado entonces aquí es un poco como que nos ponemos cómodos, salimos a pasear. Nos encanta el aire, el cierzo te refresca las ideas. Nos encanta el Pirineo, la comida, la gente tan bonita y tan cariñosa.

¿Se imaginan de pregoneros este año?
N:
Puf, ojalá, a mí me encantaría, me echaría a llorar.
A: Sería maravilloso.

¿Cómo empezaron a trabajar juntos?
N:
Ha sido todo de forma orgánica. Más allá de ser pareja y papás de Kairo somos grandes amigos y coincidimos mucho en nuestras miradas de lo que es la cultura y el arte. Siempre colaboramos el uno en los trabajos del otro. Tenemos cada uno nuestros espacios creativos pero siempre hay un momento que se comparten.
A: Yo cuando conocí a Nata la vi crecer artísticamente. La conocí en un momento en el que tenía muchas cosas en la cabeza y vi cómo a veces se perdía, no sabía qué hacer y poco a poco se centró y la vi cómo crece y es bonito. Normalmente pasa al revés: te enamoras de alguien y después, poco a poco, se va desinflando y para mí fue muy bonito ver que la conoces, te enamoras pero te sigue impresionando y eso es muy bonito.
N: yo también le he visto crecer. Hemos crecido juntos, te juntas con alguien, te aporta. Se generan simbiosis bonitas.

¿Qué aficiones tienen?
A:
No tengo aficiones (risas) me gusta caminar.
N: A mí me encanta desde siempre mirar la vida e inventarme historias. Me gusta mucho leer, viajar y disfrutar de los sitios, me gusta el cine infinitamente e intento ver una película todos los días. Me gusta mucho la vida.