Entrevista a Margarita Barbáchano – Periodista y escritora

Margarita Barbáchano comenzó su amplia carrera literaria –cuenta con nueve libros de narrativa publicados hasta la fecha- a raíz de la fascinación que le produjo un caso real y que le llevó a escribir su primera novela en 1998. Desde entonces ha compaginado su vocación por la literatura con el periodismo. Recientemente ha publicado ‘Las imperfectas’, nueve relatos sobre nueve mujeres a las que les une la osadía de vivir sus deseos y conseguir sus propósitos.

¿Cómo fueron sus inicios en la escritura?
Mi primera novela ‘La dama rosa’ (1998) surge de una exclusiva periodística en la que a través de una investigación doy con el paradero de una diputada del PSOE que se escapó con un cura. Todos los medios la buscaban porque además retenía el escaño necesario para el partido y no la encontraban. Esa historia tan emocional y tan fuerte, —incluso para los tiempos actuales— me llevó, dos años más tarde de publicarse la entrevista con ambos, a pensar que tenía una novela en la cabeza y en las manos. Así que novelé su historia. Hice ficción de un arranque real. Di vida a esos dos personajes con un recorrido totalmente inventado. Cambié sus nombres. Fue toda una aventura periodística y posteriormente literaria. Me enganchó eso de dejar volar la imaginación. Hasta hoy, que llevo publicados nueve libros de narrativa.

’Las imperfectas’ tenía que haberse presentando en marzo pero se suspendió por la pandemia. ¿Cómo ha sido presentar y firmar el libro en plena desescalada?
La presentación fue virtual y se hizo el 23 de abril, el Día del Libro, como un homenaje a los autores y a los libros, ya que estábamos todos confinados sin poder salir de casa. Fue una experiencia muy frenética, atendiendo a los medios, grabando con el móvil las entrevistas. Aprendimos a apañarnos con las nuevas tecnologías y con nuestros propios medios desde casa. Salió bien. La firma de ejemplares fue presencial el 11 de junio en la librería París, con las medidas de protección de distancia social y mascarillas. Cada firma se transformaba en una pequeña conversación y encuentro con los lectores. La experiencia ha sido extraña, agotadora, intensa también porque necesitábamos contactar con el público, que los libros aplazados fueran liberados y dejaran de ser invisibles. Yo echo en falta las presentaciones sociales en grandes espacios y con gente sentada que disfrutaba con la palabra de los presentadores, con actrices que interpretaban unos párrafos del libro, con aplausos, sonrisas y un brindis final. Siempre me ha gustado presentar un libro como un espectáculo que no aburra al público que viene a oírnos y luego compra el libro.

‘Las imperfectas’ está compuesto por nueve relatos protagonizados por mujeres distintas. ¿Qué une a estos 9 personajes?
Creo que las une la osadía de vivir sus deseos y conseguir sus propósitos. Algunas se equivocan y lo pagan caro, pero son valientes o arriesgadas.

¿Cómo pueden identificarse con las protagonistas los lectores y lectoras?
Pues no tengo ni idea. Supongo que eso dependerá del carácter y de la personalidad que tenga cada lector para identificarse más o menos con los personajes. Como escritora sí puedo decir que siempre trato de crear personajes realistas, que no son modelos de nada. No se puede escribir narrativa con la moral de por medio. Hay que buscar las contradicciones de la condición humana. El interés está en el conflicto. A partir de ahí se despliegan las tramas y se desarrollan los personajes.

Uno de estos relatos supone el regreso de Violeta Saramago, personaje de ‘El Gran Hotel del Salto’, ¿tiene más proyectos en mente para ella?
Con ‘El regreso de Violeta Saramago’ ya terminé con ese personaje tan cautivador y obstinado. Digamos que ella ya consiguió lo que se proponía. Y con esa venganza cumplida, yo me he quedado tranquila y el personaje salió de mi cabeza. Otra cosa sería que una gran editorial o una empresa me encargara una segunda parte, entonces me pondría a trabajar enseguida porque a Violeta Saramago la conozco muy bien y tiene recorrido.

Uno de sus trabajos anteriores (‘Mujeres en la edad invisible’) está protagonizado por mujeres que han perdido o están perdiendo la juventud y se adentran en la edad adulta. ¿Cree que la mujer madura aparece lo suficientemente representada como protagonista en la literatura y, en general, en la cultura actual?
Todavía no lo suficiente. Y es una pena porque la mujer, como el hombre maduro, tienen la “mochila” llena de experiencias, heridas, anhelos, frustraciones, deseos, vida por contar. Y todo ese caudal es difícil de poner en un personaje demasiado joven que aún le queda un largo camino. Claro que se puede contar y hacer en la literatura una heroína de veinte años pero resulta menos creíble. Es como en la publicidad: ¿Por qué para anunciar una crema antiarrugas para la mujer madura salen jovencitas con la piel tersa como una manzana?

¿Cómo es la forma de trabajar de Margarita como escritora?
Es imprescindible mi Mac, la música de fondo a la hora de repasar lo escrito, los cuadernos que rodean mi mesa de trabajo, donde voy anotando ideas, estructuras, nombres, frases que se me ocurren de pronto, pensamientos. Esos cuadernos tienen vida propia: están llenos de tachaduras, subrayados con rotuladores de colores, flechas, círculos para resaltar algo que no debo olvidar. Son muy personales, tanto que cuando acabo una obra me da pena tirarnos. Cosa que acabo haciendo. El silencio exterior. Suelo trabajar en mi despacho unas horas por las mañanas y por la tarde un par de horas. Una manía que tengo desde hace unos años es la de lavarme las manos, hidratarlas con crema, y ponerme un anillo ligero que me encanta antes de sentarme delante del ordenador (pienso que escribir es también un trabajo manual). A veces, si estoy inspirada, me veo como una pianista deslizando sus dedos con habilidad sobre el teclado.

Y cómo lectora, ¿qué géneros y autores suele leer?
Leo sobre todo narrativa, novelas. Es lo que más me entretiene y me evade. Es como si viera una película. Los ensayos me gustan cuando quiero documentarme o me interesa algo en particular. En cuanto a los autores, soy muy anárquica. Muy probando, compro muchos libros, no me gusta leer en ebook. Últimamente he leído lo último de Pérez Reverte sobre el Cid Campeador, de Antonio Muñoz Molina ‘Tus pasos en la escalera’ es lo más reciente que he leído de él, Juan José Millás, ahora voy a empezar ‘La sospecha de Sofía’ de Paloma Sánchez-Garnica.

¿Es un buen momento para la literatura en Aragón?
Es un momento excelente. Tenemos una buena cantera de escritores muy interesantes y con trayectoria que les avala. En géneros y estilos diferentes voy a decir algunos ejemplos, porque si no la lista sería larga: Soledad Puértolas, Manuel Vilas, Ángel Guinda, Javier Sierra, José Luis Corral, Ana Alcolea, Juan Bolea.

Además de escritora es periodista, ¿cómo compagina ambas labores? ¿Cómo se retroalimentan ambas facetas?
Las compagino muy bien porque sigo cultivando el periodismo como columnista de opinión desde hace años. De esta manera no se pierde la chispa que tiene el oficio. Y como escritora me ha servido el oficio de periodista en el sentido de saber escribir correctamente, sintetizar, priorizar lo más importante de la noticia o del relato, explicar con claridad y sin engolamiento las cosas. Aunque ya se sabe que la literatura es justo lo contrario del periodismo. En el buen periodismo se busca la verdad, se investiga y se contrastan las noticias. En la información no se opina, se dan datos y se recogen declaraciones, se explican las noticias para que el lector las entienda, con claridad y rigor. Sin embargo, en la literatura la imaginación es el motor de las historias, se inventa, se fábula, se crean los personajes y las tramas, se inventa, se miente, no hay ningún rigor. Y aun así la realidad siempre supera la ficción. Es algo que vemos todos los días y más ahora con lo que nos ha caído encima.

¿Hay algo más que quisiera añadir?
Sí, me gustaría decir que me encanta que el mundo de las empresas y sus medios de comunicación dejen un espacio para la cultura. Es muy sano mezclar saberes para construirnos como personas cultas en cualquier ámbito profesional.