Entrevista a Luisa Gavasa – Actriz

Actriz polifacética, feminista y trabajadora incansable, Luisa Gavasa disfruta de su profesión con pasión e intensidad, reivindica papeles interesantes y con entidad propia para actrices maduras y que las mujeres ocupen espacios históricamente destinados a los hombres.
Describe la actuación como una carrera de fondo que necesita resistencia y humildad y que consiste en crecer y ampliar. Se emociona al hablar de sus padres, que le dieron alas para volar, y al acordarse de todo lo que Zaragoza significa para ella. Una ciudad que le trae recuerdos de su infancia, que la vio pasear con un Goya bajo el brazo y que es testigo de las muestras de afecto que recibe de la gente. Precisamente a todas estas personas anónimas les dedicó el premio Augusto Ciudad de Zaragoza que recibió en 2019.

A final de 2019 recogió el premio Augusto Ciudad de Zaragoza, ¿qué ha supuesto para usted este reconocimiento?
La verdad es que estoy muy contenta. Parecen palabras muy dichas pero es verdad, ha sido mucha emoción, mucho orgullo, mucha alegría porque además lo he recibido con toda mi familia al lado: mis hijos, nietos, mi marido, mi hermano, mis primos, mi representante.
Fue una cosa muy cálida, tanto de lo más próximo a mí, como desde todo lo que yo sentí en el auditorio, el cariño y el calor de esta Zaragoza mía.

¿Recibirlo en Zaragoza lo hace más especial?
Claro, es una sensación muy cálida, de hecho yo el premio se lo dediqué a la gente de Zaragoza que tantas muestras de afecto me dan por la calle, tantas cosas bonitas
que me dicen, que me quieren, me admiran, me siguen, me dicen que soy un orgullo y esto son cosas muy hermosas que no se pueden pagar con nada y la única manera es dedicándoles el premio.

¿Le paran mucho por la calle?
A mí me gusta mucho que me paren por la calle en Madrid y en Zaragoza, ahí me paran más porque me sienten como parte de ellos y de la ciudad y es que lo soy: soy parte de esa ciudad, de esa cultura, de ese Ebro porque he nacido ahí y he vivido ahí muchos años. Ya viví ese cariño cuando fui Hija Predilecta y pregonera de las fiestas, el roce de la calle es muy bonito.
Lo valoro, agradezco y disfruto porque me gusta la gente y que me quieran me hace muy feliz. Soy una persona cercana, sencilla y lo seré siempre porque si no fuera por el público y por la gente ¿qué íbamos a hacer los actores y actrices? El público forma parte de nuestras vivencias y nosotros de las suyas, es un quid pro quo.
Cuéntenos un poco de “El último show” que ha rodado recientemente en Zaragoza para Aragón TV.
La serie la protagoniza Miguel Ángel Tirado, que la gente lo conoce más como Marianico el Corto, y es un guion y dirección de Álex Rodrigo, el creador de “El Embarcadero”, “Vis a Vis”, “La Casa de Papel”, y que es de Zaragoza.
Se ha formado un equipo aragonés para un proyecto aragonés, con unos guiones muy interesantes y yo he descubierto que Marianico el Corto es muchísimo más que lo que su nombre indica: una ternura, un estupendo actor que se ha involucrado en un proyecto a una edad y en un momento de su vida que no tendría por qué. Disfrutamos mucho de los compañeros, del rodaje, del equipo y he sido feliz de estar en mi tierra.

¿Rodar en su tierra es un plus?
Sí, un plus. Noto el cariño de la gente. El otro día me paró una señora por la calle y me emocioné, y eso que no soy especialmente religiosa, pero me regaló una virgen del Pilar
que llevaba en el bolso para que me apoyara en momentos difíciles. Me entró una emoción tremenda porque es la sensación de que la gente de la calle me quiere. Es algo muy cercano.

¿Qué recuerdos le trae estar de vuelta en Zaragoza?
Fíjate que cosas, cuando yo era jovencita las jotas me parecían una horterada. Ahora oigo una y me pongo a llorar. A veces tengo la sensación que voy a dar la vuelta a una esquina y me voy a encontrar conmigo yendo al instituto, a la universidad. Creo que me voy a encontrar a esa Luisa de 20 años que quería cambiar el mundo, que me iba a comer el mundo, que creí que tenía toda la vida por delante y de repente digo “Dios mío, ¿cómo se ha pasado todo tan deprisa?”. Para mí Zaragoza es el Ebro, el cierzo, las jotas, mis abuelos, mi infancia, la universidad, mi primer novio, mi emancipación, el irme, volar de casa de mis padres que me dieron alas para que fuera una mujer libre. Todo eso es Zaragoza, mis calles. Y todos mis muertos que ya están aquí, todos los que ya se han ido.

Con Paula Ortiz, tiene un vínculo muy importante. ¿Cómo es su relación con ella?
De su mano me vino un Goya que es lo más grande que le puede pasar a una actriz en este país. Paula estará siempre vinculada a mi vida profesional y por supuesto a mi vida personal porque somos amigas desde hace 20 años y hay un afecto muy grande.

¿Qué otros proyectos tiene ahora en mente o en marcha?
Me voy en febrero a Marrakech a comenzar una serie para Televisa, después vamos a México y acabo de hacer una prueba en inglés para un proyecto que se rueda en Nueva Zelanda que tiene que ver con “El Señor de los Anillos”. Yo creo que es difícil que salga mi nombre pero está en el bombo. En México DF estaré mes y medio viviendo allí. Tengo una película que rodaremos en Cádiz en mayo con Juan Diego y un proyecto de teatro para 2021,. Desde el Goya de “La Novia” no he parado de trabajar. Yo volví de estar seis meses en Bogotá el 26 de noviembre (2018) y el 27 estaba haciendo pruebas de maquillaje, peluquería y vestuario para la película con Garci que no se podía creer que acabara de aterrizar. No tengo 40 años, ni 50 ni 60. Entonces tengo que parar un poco. El 2019 ha sido guapo, pero el 2020 promete también y ya hay hasta proyectos para 2021 así que solo pido salud.

Desde luego, Luisa Gavasa no se aburre.
No (risas). Cuando yo era una niña mi abuelo me decía siempre: “que la palabra aburrimiento no entre nunca en el diccionario de tu vida”, y te aseguro que no ha entrado.

Si pudiera elegir un papel, existente o inventado ¿cuál le gustaría interpretar?
De los que se inventan hasta ahora se están cumpliendo todos mis sueños. Estoy haciendo personajes maduros muy distintos y muy interesantes: desde una señora súper elegante a una homeless rebuscando en las basuras con los dientes amarillos y pelo sucio. El personaje que hago en la serie [“El último show”], Pilar, es bellísimo. Sobre personajes de ficción, ahora ya soy un poco mayor pero siempre quise ser Lady McBeth pero tendría que tener 30 o 40 años.

¿Es complicado encontrar papeles interesantes para mujeres maduras? ¿Ha mejorado esta situación en los últimos años?
Ha cambiado pero muy poco. Todavía nos siguen viendo a las mujeres maduras de ‘abuelita de’, que está muy bien, yo soy abuela en la vida real, tengo tres nietos. Pero si me reducen a eso pues es una tristeza porque yo tengo una vida propia, en mi caso soy actriz y canto. Es decir, yo tengo una vida personal y reducirme a ser abuela es empobrecerme y me niego a personajes que te empobrecen. Además parece como si las mujeres de mi edad estuviéramos condenadas a no ser miradas, a no ser deseadas, y no es cierto. Las mujeres maduras tenemos mucho recorrido y yo lo defiendo porque un señor de 70 años puede ser interesante y ¿qué pasa? ¿Que una señora de 70 años es una abuela para anunciar pegamento de dentaduras? Con eso me reboto mucho.

Además, como dice, muchas veces son personajes que se definen por la relación que tiene con otro (madre de, abuela de) sin identidad propia.
Claro, exacto. Además ahora ha cambiado mucho: las mujeres de mi edad no son como en la época de mi abuela. Yo voy con vaqueros, utilizo una 38, no me he hecho cirugía estética en la cara pero sigo pensando que soy una mujer que tengo muchas cosas que contar a nivel físico, que no soy un destrozo. Me mantengo como yo soy porque no quiero entrar en esas pesadillas de meterme botox. Supongo que algunas compañeras me odiarán por ello pero yo soy muy anti-botox, sobre todo porque las actrices vivimos de la expresión y con esas operaciones tu expresión se modifica porque te paralizan. Si recurriera a estas cosas a lo mejor no podría hacer una película de los años 20 o de la Edad Media.

¿Qué le aporta a Luisa el cine que no le aporta el teatro y viceversa?
De entrada te aporta el personaje y si el personaje es bueno da igual que sea en teatro o en cine. El teatro es cercanía con el público, el cine, una verdad. A pesar de toda la técnica, el cine tiene mucha verdad porque cuando una cámara te está enfocando un plano donde lo tienes que contar todo con los ojos tienes que tener mucha verdad. Ahora he hecho un corto precioso, que se llama “María”, que por cierto lo han elegido en la Seminci, y es una historia real cuya protagonista tiene un hijo que sufre un brote psicótico. Todo está contado desde el punto de vista de María y prácticamente no tengo texto. Es un reto. Eso es el cine también, te olvidas de que tienes alrededor a tanta gente, te centras y es maravilloso. El teatro tiene la respiración del público, la subida del telón, la emoción y los nervios. Aunque yo también paso muchos nervios en cine el primer día.

¿Es algo que no se pasa a pesar de la experiencia?
A mí no. Cuantos más años cumplo más responsable me siento por los trabajos porque más consciente soy de lo que significan y cuanto más te conocen públicamente, más te exiges porque no puedes defraudar. Cuando tienes 22 años sales al escenario como una cabra loca.

Le hemos visto en comedia en “Campeones” o en drama en “La novia”, por citar algunos ejemplos… ¿en qué genero se siente más cómoda?
Volvemos al personaje: si tiene carne, alma, me da igual el género. Ahora disfruto mucho con la comedia porque quizá por mi voz, mis facciones, por Lorca, me asocian más con cosas dramáticas. Si el personaje es bueno yo me siento cómoda en todo y puedes disfrutar mucho haciendo drama y comedia. No me puedo clasificar porque clasificar siempre es empequeñecer y este trabajo consiste en crecer y ampliar.

Las series están en pleno boom, y las hay cada vez más populares, ¿sigue alguna?
No. Pero es que no me da tiempo. Prefiero trabajar, que estar viendo la tele haciendo ganchillo, que no sé hacer. Antes la televisión era como la hermana pobre del cine incluso hacer tele era para un tipo determinado de actores hace unos años y estaba hasta mal visto. Ahora ya no. Hay actores y actrices importantísimos que hacen tanto televisión como cine o teatro. Es un tema de pasear por distintos recorridos. Ahora hay muchas plataformas. Ya quisieran muchas series de muchos países ser como la que he rodado en Colombia, “La reina del sur”, de Netflix, con mucho nivel. He hecho unas secuencias de acción que yo estaba feliz: persecución, aviones, helicópteros, motoras, tiros… Me buscaron un doble. Quiero hacer películas con Harrison Ford ahora que he descubierto mi faceta de actriz de acción (risas). Para mí fue un descubrimiento, han sido experiencias muy nuevas. Cuanto mayor te haces, todo lo que la vida te ofrece de nuevo lo disfrutas mucho más porque cuando tienes 30 años te crees que no te vas a morir nunca y cuando tienes mi edad piensas que los rayos caen cada vez más cerca y todo lo vives con una intensidad diferente. Yo estoy en un momento de intensidad absoluta, no de ponerme intensa sino de vivir y disfrutar, de la vida, de las personas, de la compañía, del vinito, de todo lo que la vida me da. Soy un ser muy afortunado.

Háblenos de esta serie que rodó en Colombia.
“La reina del sur”, que está en Netflix, fue número uno en Estados unidos en la franja de las 22 horas y creo que me han llamado de México gracias a esta serie. Participé con otra actriz de Zaragoza, Sara Vidorreta, que está empezando.

¿Ve posible que pueda haber en España un fenómeno como el #MeToo como ha habido en Estados Unidos?
La industria de Hollywood yo creo que ha tenido más presión que la industria española porque hablar de industria española es muy relativo porque aquí no hay industria como tal. ¿Que seguro que ha habido gente que ha abusado de su situación de poder para tratar de coaccionar a actrices? Sí, me lo creo. A ver si nos vamos a creer que los españoles son diferentes. Ahora, a mí personalmente no me ha pasado jamás aunque sé de alguna actriz que sí. O sea, que haberlos los hay.

Sobre la situación de la mujer en el cine, ¿va habiendo equilibrio entre hombres y mujeres con respecto a papeles importantes y protagonismo o sigue habiendo un predominio masculino?
No hay equilibrio. Sigue habiendo muchos más protagonistas masculinos que femeninos. Quizá las chicas jovencitas tienen más opciones pero también van apareciendo chicas, desaparecen, salen otras, y así. Esta es una carrera muy larga y de mucha resistencia y humildad. Es una carrera de corredor de fondo. Claro que las mujeres tenemos que ir ocupando espacios que hasta hace poco estaban muy destinados a los hombres. En teatro quizá haya más protagonistas que en cine donde son básicamente hombres.

¿El feminismo ha ayudado a igualar a actores y actrices en lo relacionado con consideración social, retribuciones etc.?
Las mujeres no hemos parado de luchar desde que yo tengo sentido común. Seguimos peleando, yo estoy saliendo ahora a manifestaciones con mi nieta, que tiene 19 años y con su madre, salimos las tres generaciones a seguir pidiendo lo mismo. Por supuesto que se ha conseguido mucho, es que tú no sabes en qué generación nací yo. Que al señor que han desalojado del Valle de los Caídos nos creó un estado de represión donde no podías hacer nada. No podías ir a un hotel con un señor si no tenías el Libro de Familia, no podías tener una cuenta corriente sin la autorización de tu marido, tú no podías salir del país ni viajar sin autorización del marido. Las mujeres éramos objetos, no podías negarte a nada. Yo tengo libros de cuando estudiaba de jovencita y los de las JONS nos enseñaban a ser como las geishas: “tú estarás en tu casa esperando a que tu marido llegue a casa cansado del trabajo y aunque estés cansada y hecha polvo, le esperas con las zapatillas, y si él quiere, tú quieres”. Era asqueroso, espeluznante.

¿Y nos queda ese lastre?
Claro que queda, mira de dónde sale Vox. Estamos reivindicando las mismas cosas. Me veo y digo ¿me voy a tener que morir diciendo otra vez las mismas cosas que decía a los 20 años? En fin, así están las cosas.

¿Cómo se acaba con esa vuelta a discursos del pasado que parecían ya superados?
Peleando, lo que hemos hecho siempre las mujeres. Salir a la calle. Yo no voy a permitir que un señor ahora venga a cuestionar mis derechos con todo lo que me ha costado llegar hasta donde estoy.

¿En qué hemos avanzado?
Se ha avanzado en que ahora puedes hablar y antes no podías o te llevaban a la cárcel, eso es lo que ha sido el franquismo. Los jóvenes no saben cómo fue aquello: la gente que se jugó la vida, la gente torturada, asesinada. Franco fue un genocida. Que niños que no saben ni lo que es el franquismo salgan por ahí cantando el Cara al Sol… Yo me enfermo, ¡pero si estas criaturas no saben lo que fue aquello! Eso sí: ahora se pueden divorciar, abortar, pueden ser gays. Son las libertades que hemos conseguido cuando entonces no se podía. Pero luego salen a cantar el Cara al Sol. Hay generaciones que no saben de la sublevación y eso no se puede consentir porque es nuestra memoria histórica igual que no podemos consentir que haya muertos fusilados en las cunetas. Que somos el último país a la cola del mundo. Argentina ha pedido perdón, Chile, los alemanes de la Alemania Nazi. Y resulta que aquí no ha pasado nada y si quieres hablar algo dicen que no hay que remover las heridas. No, señor, esto es como las infecciones: hay que sajar la herida para que salga el pus, entonces limpiar, cauterizar y limpiar y entonces la herida se cierra, si no, la herida está ahí pudriéndose.

¿Qué deseo pediría Luisa Gavasa?
Igual suena cursi pero el deseo sería que nos amemos. Que cuando la gente se ama no pasan estas cosas que están pasando, que tenemos que empatizar, ponernos en la piel del otro, del que sufre, del que no tiene y esto se consigue con amor. Entonces entenderás al que viene en las pateras, a los niños que están en las guerras. Me gustaría pensar que la mirada que tenemos hacia el otro viene del amor y no de la indiferencia, la distancia o desde el odio.

Laura Latorre Molins