Entrevista a Juan Bolea – Periodista y escritor

Muchos le conocen por sus columnas diarias en el Periódico de Aragón, otros porque se han sumergido en las intrigantes tramas de sus novelas y para pocos resultará desconocida su faceta como gestor y programador cultural en diferentes organismos, clubs de lectura o iniciativas como el Festival Aragón Negro. Juan Bolea es un personaje respetado y querido en Aragón, cuya figura y obra traspasa fronteras tal y como atestigua la reciente concesión, de manos del Gobierno de Aragón, del Premio de las Letras aragonesas por su “sólida trayectoria y su compromiso con las letras de esta tierra, donde ha tenido un valioso papel contribuyendo a la difusión nacional e internacional de los autores y la cultura”.

¿Qué supone recibir un galardón de la magnitud del Premio de las Letras Aragonesas?

Yo tenía bastantes premios a libros, por fortuna, porque he tenido mucha suerte en mi
carrera, pero este es a la trayectoria y en ese sentido es muy especial y muy valioso. Realmente todo mi trabajo literario ha estado orientado a la construcción de un autor, pues lo que me interesa es ser un autor identificado como tal. Es decir, que mucha gente no tiene por qué leer todos mis libros, que son casi treinta, pero es posible que alguno de esos libros perdure identificado con mi figura o mi estilo como autor. Esa es la máxima ambición de un escritor: que te identifiquen por tu estilo y aportación y que alguno de tus libros perdure. Este premio parece abundar en esas ideas que para mí son valiosas.

Eso de no ser profeta en la tierra, ¿no va con usted, entonces?

Eso me parece un verdadero disparate, cuando lo oigo se me revuelven las tripas. Eso solo lo puede decir un fracasado, alguien que no es querido y no es apreciado por la razón que sea. Lo normal es todo lo contrario: que un artista de Aragón sea querido, leído y apreciado.
Yo lo he sido desde mi primer libro y donde más en Aragón. Muchos de mis libros están ambientados aquí, muchas de mis actividades tienen desarrollo en Aragón y yo recorro Aragón constantemente, sus municipios y clubs de lectura y la gente me aprecia mucho y yo a ellos. Cuando yo oigo esto de que somos víctimas del olvido o cainitas, estoy completamente en desacuerdo. Me parecen unas declaraciones muy derrotistas, irreales por completo. La gente en Aragón es muy cariñosa, es una comunidad culta y muy digna, que conoce muy bien su historia. Creo que son frases de gente que ha fracasado y que quiere justificarlo echándoles la culpa a los demás. No se puede entender. En todas mis actividades hemos tenido mucho público, mucho cariño y me considero un novelista muy afortunado por ser aragonés.

Cuando se recibe un premio que reconoce toda una trayectoria, es inevitable recordar los inicios, ¿cómo fueron los suyos?

Mi caso es muy vocacional. Yo quería ser escritor desde que tengo uso de razón, empecé a escribir a los 14 años, me presentaba a concursos escolares y gané algunos. Gané el de Coca Cola y tuve la suerte de conocer a Ramón J. Sender, que es el autor español más importante del siglo XX, sin ninguna duda. Muy por encima de Camino José Cela y otros muchos.
Le tendrían que haber dado el Premio Nobel y ni siquiera lo llegaron a proponer porque estaba exiliado. Franco le dejó volver en el año 1974, yo creo que por un tema familiar, y yo me colé en la recepción, en el viejo Casino mercantil en el Coso. El alcalde me presentó a Sender como el joven que había ganado el premio de la Coca Cola. Yo le di la mano y le pregunté que qué había que hacer para ser un gran escritor como él. Me dijo: “Lo primero, zagal, es ver mundo, un novelista tiene que vivir la vida y correr mundo y lo segundo, deja la Coca Cola y pasa al vino” (risas). Yo tuve la suerte de conocer a un mito, había ganado un premio, por qué no iba a ser escritor. Luego el camino de aprendizaje ha sido muy largo y muy duro. Realmente hasta el año 2000, casi con 40 años, no conseguí publicar en grandes editoriales. Me fui arreglando, el periodismo me apoyó mucho: hice periodismo de viajes, corresponsalías, muchas entrevistas y mucho columnismo. El periodismo fue básico y sustancial. Por fin en el 2000 entré en grandes editoriales como Planeta o Ediciones B y mis novelas empezaron a venderse muy bien y a publicarse en otros países y desde entonces han funcionado muy bien.

¿Qué otros maestros tiene Juan Bolea?

Sobre todo son otros escritores a los que yo he conocido y con los que he podido hablar de técnica literaria. Uno de ellos es Noah Gordon, con el que hablé sobre el tema de la aplicación de la documentación histórica en algunas de mis novelas. Con Paul Bowles al que yo conocí en Tánger, que ya muy mayor me recibió en su casa y charlamos muchas horas. Le plantee el asunto del punto de vista, que para un novelista es muy importante.
Su punto de vista me fascina porque marca una extraña distancia con respecto a los personajes, consigue distanciarlos del narrador.
Es una gran dificultad porque sueles estar próximo a tus personajes, son un trasunto tuyo, y él conseguía distanciarse enormemente y analizarlos muy fríamente. Yo poco a poco he ido alejándome de mis personajes y yo soy solo el narrador, no los prejuzgo y, por lo tanto, probablemente esos personajes tendrán una vida más independiente que si yo estuviese con los hilos de los títeres, como hacen muchos escritores. Esa distancia a mí me vino muy bien para moderar mi barroquismo y mi temperamento latino. Es una forma más anglosajona y fría de trabajar.
Con Larry Collins, autor de thriller, tuve cierta amistad y hablamos muchas veces del thriller moderno basado en la investigación periodística. Aquí no hay tanta documentación histórica como un tema de candente actualidad que ellos (Larry Collins y Dominique Lapierre) vaciaban documentalmente trabajando con técnicas periodísticas pero escribiendo como autores de thriller. Fue un éxito y vendieron millones de ejemplares. Con Collins trabajé la idea del thriller moderno. Yo he tratado de modernizar la novela negra española aplicando estas técnicas y respetando el canon policíaco, la novela clásica. He tratado de acelerar el ritmo, muy lento a mi gusto en la novela española, y una sólida base real donde hay una documentación y personajes reales.

La entrevista continúa en la revista, no te la pierdas.