Entrevista a Ana López Trenco – Gerente de Asociación Aragonesa Pro Salud Mental (ASAPME)

La Asociación Aragonesa Pro Salud Mental (ASAPME) lleva 35 años trabajando por la salud mental y el bienestar emocional, a través de la prevención en la población general y de la atención sanitaria y social de personas afectadas. Ana López Trenco es gerente desde 2005 de esta asociación que cuenta con más de mil socios y cuyo objetivo es la recuperación de la autonomía de las personas que atienden para que puedan desarrollar su proyecto de vida. Asimismo, ASAPME trabaja para cambiar la percepción que tiene la sociedad sobre la salud mental.

Háblenos brevemente de su trayectoria hasta llegar a ASAPME.
He tenido la fortuna de poder dedicarme profesionalmente a lo que ha sido la pasión de mi vida: las personas, la salud y la defensa de los derechos de quien tiene una enfermedad. Desde muy joven mi madre me enseñó que la solidaridad es acompañar; desde pequeña iba con ella al Hospital Nuestra Señora de Gracia a visitar a personas enfermas, lo que propició mi vocación de estudiar medicina. Mi padre me inculcó su espíritu libre, lo que seguramente me condujo al voluntariado y a ser una activista en el ámbito de la discapacidad. A los 19 años me vinculé a personas que crearon Disminuidos Físicos de Aragón, Eduardo Hernaz, Jesús Arbizu, Wenceslao Varona, Manolo Alloza.
Perder a mi madre, enamorarme de una persona que sufría poliomielitis, superar un trauma, mi formación científica y mi espíritu inquieto, me condujeron a dedicarme con Eduardo a renovar esa asociación; con él aprendí a diseñar proyectos, llevarlos a cabo y construir equipos que creen en el empoderamiento de las personas, cualesquiera que sean las capacidades que tengan. Trabajé en la autonomía personal y en el desarrollo del proyecto de vida de las personas con discapacidad a través de la formación, el empleo, el ocio, la accesibilidad y la inclusión.

¿Cómo llega a la asociación y qué trabajo desempeña en ella?
Tras la muerte de mi esposo, tuve que recomponer mi vida personal y profesional. En ASAPME buscaban a alguien para impulsar el movimiento asociativo en salud mental y la Junta Directiva contó conmigo para dirigirlo. Con el apoyo inestimable de Agustín Piqueras y de Conchi López, entre otros, en una primera etapa me encargué de transformar el modelo organizacional, adaptándolo a las nuevas necesidades del sector y a los requerimientos de concertación de servicios con el sistema público de salud y de servicios sociales. Mi labor consistió en redefinir la misión de la entidad, establecer objetivos y una metodología de trabajo que permitiera obtener los mejores resultados en salud. La satisfacción de los beneficiarios y de sus familias en los programas que fuimos implementando aumentó el número de asociados y de personas implicadas en el desarrollo de la entidad. La entidad creció rápidamente en número de personas con enfermedad mental y familias atendidas, en número de trabajadores y en confianza de nuestros grupos de interés. El trabajo no fue fácil, ya que encontramos importantes reticencias al cambio, internas y externas, pero el resultado mereció la pena. Hoy somos una organización con más de 1.000 socios y otras tantas personas atendidas, 75 profesionales y un gran equipo de colaboradores que conjuntamente luchamos por mejorar la vida y la salud de los pacientes, así como cambiar la percepción que tiene la sociedad sobre la salud mental.

¿Qué personas pueden ser atendidas en ASAPME?
En la actualidad atendemos a personas que afrontan cualquier problema de salud mental, como la depresión, trastornos de ansiedad, esquizofrenia, bipolaridad, TOC, etc., así como a sus familias. Y también a aquellas que, estando sanas, quieren mantener su salud mental e impulsar su bienestar emocional. Promocionamos la salud mental desde la infancia y atendemos a personas de cualquier edad.

Rehabilitación, reinserción sociolaboral, asesoramiento, actividades… cuéntenos las tareas que ASAPME realiza para las personas con problemas de salud mental.
Nuestro objetivo fundamental es la recuperación de la autonomía de las personas que atendemos para que desarrollen su proyecto de vida. Y lo hacemos siguiendo los principios empresariales del Desing Thinking, es decir, de forma creativa e innovadora, diseñando proyectos y servicios atractivos y motivadores, mediante procesos participativos y transversales. Ofrecemos un abordaje integral, teniendo en cuenta en primer lugar el tratamiento médico o psiquiátrico que puedan necesitar, junto a la psicoterapia y a las actividades rehabilitadoras. Éstas son muy variadas, e incluyen desde la rehabilitación cognitiva, psicoeducación y gestión de las emociones, hasta actividades de arteterapia, relajación o habilidades sociales. También entrenamos en actividades de la vida diaria, como son la gestión económica, del ámbito del hogar y del cuidado personal. Con ello se mejora el cuidado personal y la autonomía, pero ésta se consigue con la libertad que ofrece disponer de un empleo, por lo que nuestros programas de formación y orientación laboral son fundamentales para la total integración social. También facilitamos la ocupación del tiempo libre, tan importante para sentirnos realizados, encontrar amistades y desarrollarnos socialmente.

A veces los familiares son los más olvidados, en ASAPME también les ofrecen diferentes servicios y apoyo, ¿qué tipo de ayuda les proporcionan?
Los familiares de las personas afectadas, junto a ellas, forman parte del ADN de la organización. La familia y nuestro grupo de amigos constituyen nuestro principal soporte afectivo y de apoyo en momentos de dificultad. Pero ellos también tienen que ser atendidos, sino es muy fácil caer el en síndrome del cuidador o en el paternalismo. ASAPME dispone de un programa de escuela de familias dirigido por especialistas, en el que a lo largo de un curso se aprende a entender la enfermedad, sus síntomas, los comportamientos que aparecen y, sobre todo, la forma de afrontar la convivencia, así como la forma más adecuada de ayudar a la persona enferma. Además, cuentan con asesoramiento social, psicológico y jurídico. También es muy importante sentirse parte de un colectivo en el que encuentran comprensión y que aúna sus inquietudes para reclamar sus derechos.

En los 35 años de trayectoria de ASAPME, ¿han visto algún tipo de tendencia preocupante o bien esperanzadora?
En términos generales la tendencia es esperanzadora. Desde la inclusión de la salud mental en la red pública de salud gracias a la Ley General de Sanidad, hay una normalización de la atención sanitaria y una oferta de más recursos. Al mismo tiempo contamos con fármacos más eficaces y con menos efectos secundarios, así como con programas rehabilitadores como los que hacía antes referencia. Sin embargo, aún quedan grandes retos por afrontar, sobre todo en el abordaje de pacientes refractarios al tratamiento, en la atención en primeros brotes psicóticos, la prevención en infanto juvenil o en planes para afrontar el suicidio. Un gran desafío constituye la eliminación de prejuicios y mitos sobre la enfermedad mental y la inclusión laboral.

En ASAPME, ¿atienden a personas que sufran doble discriminación y que por ello puedan tener más dificultades para pedir ayuda?
En primer lugar, te diría el de mujeres que afrontan una enfermedad mental. Desgraciadamente, se ha estigmatizado a mujeres que sufrían enfermedades mentales tildándolas de neuróticas de forma peyorativa, y esas creencias siguen pesando en el ideariocolectivo. Afortunadamente, el empoderamiento de la mujer y nuestra lucha por la igualdad está cambiando estos prejuicios. Ejemplo de mujer luchadora y reivindicativa es nuestra presidenta, Ana Iritia, que demuestra sus capacidades día a día. Además, muchas mujeres con enfermedad mental han adoptado el rol de cuidadoras de otros familiares en el ámbito doméstico, lo que les ha dificultado asistir a programas de rehabilitación o encontrar un empleo.
Una triple discriminación está presente en la maternidad cuando aparece una enfermedad mental, ya que nuestra sociedad no concibe que alguien no esté feliz al tener un bebé. En estos momentos el sufrimiento puede ser muy alto y sin embargo no se pide ayuda.

Si hay un tema tabú por excelencia en la sociedad es el suicidio, desde ASAPME incluso han organizado jornadas para darle visibilidad. ¿Se debería hablar más de él para buscar el efecto Papageno, en vez de silenciarlo por miedo al efecto Werther?
Uno de los mitos más comúnmente extendidos sobre los factores de riesgo de la conducta suicida es la difusión en los medios de comunicación de noticias relacionadas con este fenómeno. Existe la creencia generalizada de que dar eco a estos sucesos es un facilitador de la conducta suicida y ejerce un efecto llamada que incrementa la probabilidad de que acontezca. Se trata del efecto Werther. Sin embargo, la realidad es que lo que ocurre es el fenómeno contrario, el llamado efecto Papageno. El nombre proviene de uno de los personajes principales de “La flauta mágica” de Mozart, un hombre humilde que precisamente durante la obra tratará de quitarse la vida, pero tres espíritus o duendes terminarán por persuadirle de abandonar su intento, mostrándole otras alternativas y posibilidades.
Es muy importante encontrar un referente, un modelo que enseñe que pese a las dificultades siempre pueden hallarse alternativas, algo mucho más profundo y entendible cuando se percibe que quien lo dice realmente ha pasado por una situación semejante a la propia y ha conseguido superarla, a veces incluso pudiendo ayudar al espectador a generar sus propias estrategias de superación o a intentar replicar la mostrada en los medios. Por ello los medios de comunicación han de presentar el suicidio sin entrar a valorar si es o no una alternativa, evitar posturas moralistas ni emplear sensacionalismos, y en caso de emitir noticias sobre casos de suicidio consumado, omitir los detalles escabrosos y no mostrar imágenes.

¿Qué debemos hacer para detectar y evitar el suicidio de un conocido? ¿A qué señales debemos prestar atención?
Si habla de suicidarse y/o verbaliza: “Quiero matarme” o “voy a suicidarme”; hace comentarios relativos a poco tiempo que le queda; comunica sentimientos de soledad, impotencia, inutilidad, fracaso, pérdida de autoestima, desesperanza etc.; si presenta alteraciones en la conducta de alimentación y en las pautas del sueño; o si muestra cambios drásticos en su comportamiento; cuando se aleja de sus amistades y abandona actividades sociales; si a ello se suma la pérdida del interés por sus aficiones y deja de disfrutar. En ocasiones vemos que regala sus pertenencias, o no es cauto con los riesgos. Puede dejar de cuidar su imagen y su higiene, e incluso si se observa un aumento en el consumo de tóxicos y/o alcohol. Es muy paradigmático que cierre asuntos y se despida de las personas, o piense mucho en la muerte, sobre todo si tiene ideas definidas sobre el “cómo” y el “cuándo”. Son señales a tener en cuenta y que nos advierten que la persona necesita ayuda.

El 9% de la población tiene algún tipo de problema de salud mental y el 25 % lo tendrá en algún momento de su vida, según la OMS y aun así, persiste cierta falta de comprensión y desconocimiento. ¿Sigue habiendo una percepción social estigmatizante hacia las personas que sufren este tipo de problemas?
Históricamente arrastramos una imagen estereotipada de los problemas de salud mental, bastante distorsionada por el cine, los sucesos y por nuestras creencias, que perdura en el imaginario colectivo. Cambiar esa percepción social lleva tiempo e inversión en divulgación. Por eso es tan importante el activismo en salud mental y animamos al asociacionismo, ya que ofrece una visibilidad realista, informa a la sociedad y nos convertimos en noticia positiva. Las alianzas con los medios de comunicación, la pérdida del miedo a hablar de los pacientes y sus familias, y una sociedad más abierta y plural están contribuyendo a derribar mitos muy asentados. No obstante, no hemos hecho más que empezar, así que hay que seguir trabajando en ello.

Pedir ayuda: ¿sigue siendo una barrera y un estigma?
Cuando alguien sufre un dolor físico quiere que éste pase y busca ayuda médica, cuando alguien sufre mental o emocionalmente desea estar mejor, pero muchas veces no asocia la causa de su dolencia con una enfermedad. Si a ello unimos que aún hay quien llama “locos” a quien sufre una enfermedad mental, y “loqueros” a psiquiatras y psicólogos, no contribuye a que alguien sienta comodidad con un diagnóstico y con un tratamiento.

¿Qué puede pasar si sufrimos una enfermedad mental y no recibimos el tratamiento adecuado?
Exactamente lo mismo que con cualquier otra enfermedad, que es prácticamente imposible que remita por generación espontánea y que lo frecuente es que empeore y el abordaje sea cada vez más difícil.

Quizá por desconocimiento, muchas veces no sabemos qué decir a quien sufre depresión, ansiedad o cualquier otro tipo de enfermedad mental. ¿Qué debemos y qué no debemos decir?
Las palabras clave para ayudar son preguntas y no respuestas, “¿cómo te encuentras?” y “¿cómo puedo ayudarte?”, son las mejores palabras que podemos ofrecer. En otras ocasiones, incluso el silencio y la escucha. Y lo que nunca debemos decir es “no tienes motivos para estar así”. Nadie está enfermo porque quiera o por no tener motivos. En cualquier caso, podemos recomendar acudir a un especialista, pero teniendo claro que no podemos obligar.

¿Cómo se logra que lleguemos a hablar de salud mental con la naturalidad con la que hablamos de salud física, que digamos ‘esta tarde voy al psicólogo’ del mismo modo que diríamos ‘esta tarde voy al fisio’, y de qué manera ASAPME contribuye a ello?
Estoy convencida de que es una cuestión cultural. Si aplicamos la heurística de la disponibilidad, que nos permite tomar decisiones en virtud de la información recibida, cuanto más se hable de ello con naturalidad, más facilidad habrá para normalizar esta situación. Por ello en ASAPME hemos apostado por ofrecer conferencias divulgativas, colaborar con los medios de comunicación cuando nos piden participar en programas informativos, en la difusión de nuestras actividades, formar a portavoces afectados y afectadas por una enfermedad mental, estar muy presentes en las redes sociales y participar con el tejido social de la ciudad, que cada día nos conoce más profundamente. Además, ofrecemos actividades a las empresas para que a través de sus programas de Responsabilidad Social puedan colaborar con nosotros en voluntariado corporativo. Nuestro programa estrella en este ámbito es “Una tarde con ASAPME”, una experiencia enriquecedora para todos los participantes y que contribuye a desmitificar al colectivo.

Recientemente, la película “Joker” ha sido aplaudida precisamente por poner sobre la mesa el debate sobre enfermedades mentales y cómo la sociedad reacciona ante ellas. ¿Ayuda que una película taquillera trate el tema?
Todo aquello de lo que no se habla es como si no existiera. Cuando un medio de difusión es tan potente y tiene tanta repercusión como el cine evidentemente ayuda a visibilizar un problema de salud pública que padece un porcentaje significativo de la población. Concretamente la película “Joker” pone de manifiesto las dificultades a las que se enfrentan a diario las personas afectadas de estas patologías. Especialmente significativa me parece una reflexión del protagonista que afirma que la principal dificultad de este colectivo es el que los demás esperan de ellos que se comporten como si no estuviesen enfermos. Es decir, pone en conocimiento de la sociedad que la enfermedad mental existe y que quienes la padecen tienen unas necesidades específicas que la sanidad y la sociedad tienen que atender. Sin embargo, en mi opinión la película muestra solamente la cara más cruda de la enfermedad mental y tiene un tinte alarmista que no se corresponde en absoluto con la realidad.

¿Qué otras películas, documentales o libros recomendaría para que la gente se acercara y comprendiera esta realidad?
La enfermedad mental es absolutamente diversa tanto en categorías diagnósticas y sintomatología como en evolución y pronóstico, por ello si buscas en internet tanto libros como películas aparecerá en la pantalla un enorme listado, sin embargo, pocas son las que dan una información veraz y contrastada, tal vez porque ni el cine ni la literatura (no técnica) tienen como principal objetivo la divulgación y la formación y los contenidos aparecen novelados, sobredimensionados y generalmente tratados sin el respeto que merece algo tan transcendental como un problema de salud. Opino que cuando una persona tiene la inquietud o la necesidad de recibir información al respecto es mucho mejor hacer uso de páginas científicas como psiquiatría.com o acudir en busca de orientación profesional.

¿Existe una cierta banalización o incluso romantización de enfermedades mentales como la depresión o la ansiedad? ¿A qué cree que se debe?
Actualmente están de moda, en especial entre los adolescentes, palabras como: “depresión”, “bipolar”, “ansiedad”, “anorexia”, etc. Se usan de forma frecuente y el concepto que llevan asociado va arraigando en la mentalidad de los jóvenes de manera que esa “diversidad” a menudo se convierte en un valor del que presumir y jactarse. Si además dichos conceptos los utilizamos en redes sociales podemos convertir esta realidad en algo épico y tendencia, incluso moda con ropa y accesorios recomendados por reputados influencer que lucen prendas con mensajes tales como “high anxiety”, “suicidal tendences” o “being fat is not beautiful it’s an excuse”; banalizando problemas de salud como la ansiedad y los trastornos de la alimentación y convirtiéndolos en una situación “cool” o “genial” por estar asociados a ropa bonita, cómoda y actual. Nuestros adolescentes difícilmente saben diferenciar los nervios de la ansiedad, la tristeza de la depresión y a veces se sienten especiales cuando se saltan comidas para contrarrestar un mal día.
También son tendencia las series y películas ofrecidas por conocidas plataformas que tienen como tema recurrente la salud mental y el suicidio y su objetivo es captar audiencia a costa de sensacionalismo y espectáculo y que inciden en gran medida en colectivos tan vulnerables como los adolescentes, ofreciéndoles modelos erróneos de conducta para afrontar sus dificultades. Si los adolescentes ven estas patologías como algo que anhelar y muchos adultos como una pataleta de gente que no tiene agallas para lidiar con la vida, se está perdiendo o malinterpretando información.

Reforzar o eliminar estereotipos, tratamiento paternalista, vincular violencia con salud mental… ¿Cómo de importante es la labor de los medios de comunicación en la creación de la imagen que la sociedad tiene de la salud mental?
De todos es conocido el gran poder que ejercen los medios de comunicación para influir en la percepción de la realidad de toda la sociedad. Por esto es importante analizar la imagen que los medios transmiten de la salud mental y en particular de las personas afectadas por un trastorno mental. Aunque se reconoce una mejora en el trato recibido por la salud mental en los últimos años, se sigue transmitiendo, de forma sutil o incluso algunas veces explícita, una imagen errónea y negativa de la enfermedad mental. De forma inconsciente y como parte de la sociedad que son, los medios a menudo perpetúan falsas creencias y estereotipos. A las personas con una enfermedad mental se les asigna casi siempre el papel de ‘trastornados’ que son temidos, rehuidos, rechazados, causantes de vergüenza y castigados.

A veces existe confusión y se equipara personas con problemas de salud mental con personas con discapacidad intelectual. ¿Qué debería hacerse para evitar esa asociación?
Cuando la inteligencia de una persona y su capacidad para funcionar en la vida cotidiana se encuentran por debajo del nivel esperado en personas de similar edad y cultura, hablamos de discapacidad intelectual, no es en modo alguno una enfermedad, no existe desequilibrio en la química cerebral y no existe tampoco tratamiento que mejore los síntomas. La enfermedad mental, por el contrario, es una patología que tiene su origen en una alteración química relacionada con los niveles de neurotransmisores cerebrales, que origina síntomas y pueden paliarse mediante tratamiento farmacológico, entre otros tratamientos. La enfermedad mental no conlleva merma en la capacidad intelectual. Ambas categorías diagnósticas tienen aspectos importantes en común, pueden originar discapacidad y generalmente generan necesidades de atención específicas y aumentan la vulnerabilidad de quienes las padecen.

Según datos recogidos en la guía para periodistas “Las palabras sí importan”, de la Confederación Salud Mental España en colaboración con Fundéu BBVA, el 6,7% del país sufre ansiedad y depresión y en ambas es más del doble en mujeres que en hombres. ¿Afectan en general más los problemas de salud mental a las mujeres que a los hombres?
La morbilidad psíquica tiene especificidades de género, tanto a nivel cuantitativo como cualitativo. Las explicaciones socioculturales son las que mejor dan respuesta a estas diferencias. La American Psychological Association publicó en 2011 un estudio con datos recogidos en los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos que mostraba una tendencia mayor en las mujeres a padecer ansiedad y depresión, frente a una preponderancia en los varones a presentar trastornos relacionados con abusos de sustancias y conductas antisociales y psicosis.

¿Son más reticentes ellos que ellas a pedir ayuda?
La diferencia entre géneros puede estar relacionada con la manera de interiorizar y expresar emociones entre hombres y mujeres. A las mujeres se les educa para que repriman los afectos hostiles, con la consiguiente aparición de patologías relacionadas con la inhibición y hostilidad volcadas contra sí mismas. Por el contrario, los varones son estimulados a dar muestra de fortaleza y dominación social, por lo cual muestran una mayor tendencia a las transgresiones, a las actuaciones disruptivas y a imponer su voluntad.

¿Qué reconocimientos han recibido en la asociación?
Tenemos el honor de haber sido reconocidos con el I Premio DKV Medicina y Solidaridad ciudad de Zaragoza; el Premio Solidarios ONCE Aragón; la Medalla de plata al Mérito Social Penitenciario; el Premio José Antonio Labordeta de Ebrópolis; el Premio Convive de Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental; el Premio 3 de Abril de la Asociación de Exconcejales Democráticos de Zaragoza; el Premio Valores Sociales San Ivo, del Colegio de Abogados de Zaragoza; el Premio ARAME a la Responsabilidad Social; y una mención honorífica del Gobierno de Aragón por la promoción de la salud mental infantojuvenil y la lucha contra el acoso escolar.

¿Hay algún tema que quisiera resaltar?
Las relaciones y las condiciones vitales de las personas afectadas son las que determinan en gran medida su calidad de vida y su dignidad. Por ello, en ASAPME damos tanta importancia a la humanización de la intervención, basándonos en el modelo afectivo efectivo en todos nuestros procesos terapéuticos y rehabilitadores. A diferencia de lo que frecuentemente nos muestran los medios de comunicación, el cine, la publicidad, etc., la mayoría de las personas con enfermedad mental pueden llevar una vida plena y normalizada, siempre y cuando cuenten con un tratamiento integral y apoyo social adecuado. En las últimas décadas se han conseguido importantes avances en los ámbitos normativos, sanitarios y organizativos, pero en la vida cotidiana este colectivo sigue enfrentándose a estereotipos y prejuicios. Por ello, sigue siendo necesario nuestro rol como asociación reivindicativa de la defensa de sus derechos. Y yo me sigo sintiendo tan activista como en mi juventud, ahora rodeada de un equipo entusiasta, dinámico y comprometido con los valores de la organización.

¿Cómo pueden colaborar las empresas con ASAPME?
A través del voluntariado corporativo de las empresas; con convenios de colaboración a través de su Responsabilidad Social Corporativa y cumplimiento de Objetivos de Desarrollo Sostenible; mediante externalización de procesos que se puedan realizar en nuestros talleres (outsourcing); contratando nuestra formación para organizaciones y empresas; contratando a trabajadores de nuestra bolsa de empleo; con mecenazgo de proyectos. Siempre buscamos aportar un valor añadido a la relación con las empresas.